DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

viernes, 15 de diciembre de 2006


Esta nota no logré publicarla en ningún lado. Así que la pongo completa y en exclusiva para el blog.
La vaca roja es la de Gauguin, y no fui yo quien la decapitó.

fernando

NACIONALISMO ZOMBIE EN EL PAÍS DE LAS CARNES

Pocas cosas como el problema de la carne para mostrar el nacionalismo zombie que gobierna el país de las carnes en todo su esplendor. Cuando el partido hiperdevaluador de Duhalde, Alfonsín y Remes Lenicov llevó a cabo la mayor redistribución negativa de la riqueza de la historia argentina al grito de ¡Pesificación o muerte! y bajo los acordes de la marcha al Primer Trabajador, los fenicientos economistas del vivir con lo muestro juraron y perjuraron que pasar de cobrar en dólares a cobrar en pesos hiperdevaluados no iba afectar el salario de los argentinos. “Los argentinos consumen en Argentina y en pesos”, apuntaron con su habitual perspicacia. Así, por obra y magia del neodesarrollismo alucinado, la globalización quedaba abolida y los estados nacionales, reducidos a impotente colador en todas partes, recobraban aquí las propiedades aislacionistas de las que habían gozado en los viejos buenos tiempos nacional-industriales.
El tiempo pasó. El kirchnerismo confirmó la visión devaluatoria mediante la elevación de la Convertibilidad 3 a 1 a única política económica real, y los resultados no se hicieron esperar: hoy, a pesar de que el país creció un 18,2% respecto a su anterior pico productivo de 1998, el ingreso medio de los ocupados ha caído un 23,8% y está 10% por debajo de lo que necesita un hogar para dejar de ser pobre, cuando en 1998 estaba 34% por encima de esa cifra. Así, tenemos desde entonces más de cuatro millones de nuevos pobres, ninguno de los cuales puede, previsiblemente, comer carne en el país de las carnes, en el cual su precio es aproximadamente la quinta parte que en el resto del mercado mundial. Curioso nacionalismo es éste, por otra parte, que toca la campanita en Wall Street aspirando a seducir al capitalismo globalizado en tanto acusa a los productores agropecuarios argentinos de “pícaros y avaros” por querer extraer de su trabajo y sus inversiones el máximo rendimiento posible, conducta demoníaca que por supuesto no se estila en Wall Street...


Como en aquellas falacias del pensamiento que enseñaban en la escuela argentina cuando éste era un país con elevados índices de cultura y no uno condenado al éxito, el neopopulismo desarrollista extrae de su análisis de la realidad lo que su visión con anteojeras puso antes en ella. El proceso comienza por adjudicar a los productores agropecuarios una categoría zombie y extinguida: oligarquía ganadera; sigue mediante el señalamiento y la satanización de “un mercado monopólico controlado por 2.000 productores” (ésta, la del “mercado monopólico de 2.000 productores” es una verdadera exclusividad argentina); continúa con el reclamo de que los luciferinos países centrales abran sus mercados a la producción de los países en desarrollo, y termina por... ¡prohibir las exportaciones de carne! con el objeto de adecuar la realidad mundial a la nacional, entendida ésta como lo que al señor Moreno y al Presidente se les pasa por la cabeza.
La historia termina cuando el consumo de carne en Argentina se dispara porque está exageradamente barata respecto a otros precios de la economía, la oferta disminuye porque deja de ser rentable frente a otras opciones, como la soja, y el aumento de la demanda unido a la disminución de la oferta provocan lo mismo que provocarían en cualquier punto de este globalizado planeta, Wall Street incluido: tensiones en los precios y peligros de desabastecimiento. Momento en que el nacionalismo zombie confirma sus sospecha de que existe un complot golpista de la oligarquía ganadera que planea restituir a Martínez de Hoz, si no a Videla.
Por si fuera poco, el previsible pasaje del ganado a la soja provocará que Argentina exporte menos carne y más granos, en vez de transformarlos en alimento del ganado y darle trabajo a los productores de carne, los peones del campo y los obreros de los frigoríficos argentinos, con una pérdida de porciones del mercado mundial causada por incumplimiento de contratos. Todos ellos, inesperados contratiempos antidesarrollistas que el nacionalismo zombie enfrentará apelando a su estrategia preferida: la denuncia de un complot mundial contra la Argentina capitaneado por los aliados internos del imperialismo, organización con sede en Chascomús.

¿Exageración? Ya se escuchan las voces la Patria: “No hicieron nada en los ’90, cuando el campo expiraba con el 1 a 1, y se quejan ahora, que ganan más que nunca”, claman. “Los ganaderos son unos pícaros y malentretenidos a los que lo único que les importa es su bolsillo”, denuncian; sin sospechar siquiera que ambas afirmaciones están en flagrante contradicción. Y después, prosiguen con su cantilena preferida, el himno “Sin industria no hay Nación”, lo que en términos de políticas públicas quiere decir aquí que los productores agropecuarios que invirtieron en modernizarse buena parte de sus ganancias, que elevaron su productividad usando semillas transgénicas y tractores guiados por GPS y aplicando a su cadena de valor modernas técnicas de management, deben seguir subsidiando a los heroicos industriales que producen diseños del año ’63 con tecnologías del ’48, que pagan salarios miserables y son los reyes del trabajo en negro y la evasión, que invirtieron sus ganancias en departamentos de Mar del Plata, primero, y en Punta del Este después, si les tocó un gobierno proteccionista-neodesarrolista-industrialista y les fue muy pero muy bien, en tanto sus empresas quebraron y piden ahora un nuevo Banade que desvalijar.

Mientras sube las retenciones al agro en nombre de la justa redistribución de la riqueza, el Gobierno se prepara a subsidiar con 51.700 millones de pesos (51% del gasto de la Administración Nacional ) a la sagrada burguesía nacional, con los generosos patrones de colectivos y los caritativos concesionarios de trenes en primera fila. Mientras clama por la añorada Patria Grande, erige barreras proteccionistas frente a los demoníacos empresarios paulistas, que pagan salarios en blanco y hasta impuestos, que deben transportar lo que producen hasta los centros de consumo argentinos y enfrentan un cambio desventajoso de 1,5 pesos por real, porque de otra manera la patriótica industria del zapato no puede competir...


Si el turismo extranjero invade el país con divisas, ello se debe a los incomparables paisajes argentinos, los más bellos del mundo. Si los turistas compran departamentos y activan la demanda inmobiliaria y disminuye la desocupación se utiliza el tema para ponderar la virtudes de la Convertibilidad 3 a 1. Pero si el precio de las propiedades sube, por las mismas causas, y los asalariados nacionales ven que la casa propia se aleja de sus pesificados bolsillos, se trata de una evidente conspiración internacional. Si la demanda mundial de alimentos se eleva y permite al país dejar atrás lo peor de la crisis y al Gobierno manejar una caja con la que disciplinar gobernadores y empresas, ello se debe a la previsora gestión de Kirchner-Miceli-Moreno. Pero si los precios internos de la carne tienden a la suba debido a esas mismas razones, es la satánica globalización, que todo lo arrasa.

Ante tanta desinformación, digamos lo evidente: el récord mundial de más de 66 kilos de consumo de carne por año/por habitante es una garantía de pésima salud. No los comen los niños pobres de la Patria sino esa clase media a cuyo egoísmo apela permanentemente el Gobierno como herramienta electoral, como bien se ve en los precios diferenciales del gas domiciliario y en garrafa, otra vergüenza nacional. Si éste fuera un gobierno progresista, negociaría un abastecimiento del mercado interno con cortes baratos, a precios razonables pero crecientes que disminuyan el consumo irracional de carne que es marca característica de la identidad nacional, y dejaría las manos libres a los productores para abastecer el mercado mundial generando cadenas de valor y empleo. Y con las abundantes recaudaciones de las retenciones agropecuarias financiaría un plan de salud que garantizase el derecho de los argentinos pobres a una dieta balanceada y campañas educativas que refuercen la tendencia a la baja del sacrosanto churrasco nacional, en las que el único ministro realmente existente de este Gobierno, doctor Ginés García, tendría bastante para aportar. En cambio, mientras la recuperación sigue basándose en sectores, como el de la construcción para el segmento medio-alto o la industria automotor, que venden en dólares y pagan en pesos, los argentinos vivimos en medio de un pandemonio de acciones zombie que causan lo contrario de lo que se proponen, en tanto nuestro intrépido Gobierno se propone integrar el derecho al bife de lomo al Preámbulo de la Constitución Nacional. Así trabaja el nacionalismo zombie en el país de las carnes. Y así estamos...

Fernando A. Iglesias

martes, 5 de diciembre de 2006


PIEDRAS, PAPELES Y TIJERAS

Menudo problema para el nacionalismo populista travestido de izquierda, siempre dispuesto a adjudicar la responsabilidad de toda guerra a las fatídicas derechas y el demoníaco imperialismo, es explicar ahora cómo es que dos países cuya historia es una sola y que son gobernados por quienes se dicen de centroizquierda estén llegando a semejantes extremos. Para variar, el colmo del despropósito ha estado a cargo del presidente argentino, quien sostuvo que con el crédito otorgado por el Banco Mundial "ganaron los intereses de los países centrales" que, como se sabe, "vienen a contaminar con industrias que no podrían radicarse en el centro". ¿Se refería el Presidente a la República Oriental del Uruguay, país sureño cuyos habitantes son 11 veces menos que los argentinos, habitan un espacio 21 veces menor y disponen de un PBI 16 veces inferior al nacional? ¿O acaso hablaba de Finlandia, una nación colgada del Polo Norte en la que sus escasos 5 millones de habitantes se han apenas liberado de la miseria stalisnista gracias a los cientos de pasteras y papeleras que saturan su territorio, primero en el mundo, en el respeto de los estándares ecológicos?
Aquel discurso del Presidente decía más de lo que él mismo se propuso. Inadvertidamente, pocos días después de haber invocado la mediación del rey de España y mientras descalificaba al colega uruguayo de cuya campaña electoral participó activamente, Kirchner pasó de las alarmadas denuncias de "catástrofe ambiental en curso" a una mucho más modesta justificación de tanta beligerancia patriotera: "Le rogamos al intransigente presidente uruguayo que por favor discutiéramos de qué forma podíamos correr de allí a Botnia para que no contamine visualmente y no nos genere la duda de una futura contaminación", dijo. Repito: las causas de un conflicto explosivo al que para degenerar sólo le falta el irresponsable que encienda la mecha son la contaminación visual y las dudas generadas sobre una futura contaminación...


para ver la nota completa, entrar a esta página de la Revista Noticias

lunes, 27 de noviembre de 2006


Los milagros de la economía K
por Fernando A. Iglesias

En las últimas semanas, el Gobierno se ha preocupado de anunciar con bombos y platillos tres buenas noticias: el crecimiento a ritmos chinos continúa (+8,7% en los últimos 12 meses), la desocupación sigue cayendo (10,2% en el tercer trimestre 2006) y las reservas del Banco Central superaron los 30.000 millones de dólares.
Son, qué duda cabe, buenas nuevas, que se tornan espectaculares cuando –como no se cansan de hacer los panegiristas oficiales- se compara el escenario actual con el abismo de 2002. Ante cifras tan contundentes, no parecen quedar motivos de escepticismo frente a los milagros de la economía K. Y sin embargo...


Para ver la nota completa en Revista NOTICIAS
www.revista-noticias.com.ar/ed_1561/notatesis.html


domingo, 26 de noviembre de 2006

El peligroso despertar del dragón dormido
¿Cómo hará China para desarrollarse en el futuro, en un mundo cada vez más postnacional y globalizado con un sistema político representante de las peores calamidades de la era nacional-industrial? ¿Qué sucederá cuando se agoten los beneficios del pasaje de la China agraria de Mao a la industrial de Den Xiao Ping, y el más populoso país del mundo se enfrente a la incompatibilidad entre el sistema de generación de riqueza de la sociedad del conocimiento y una estructura política en que no son posibles la circulación de ideas, la libertad académica, ni el desarrollo de la sociedad civil? ¿Prevalecerá la burocracia, y China quedará detenida en la etapa industrial, condenada a ser la fábrica del mundo, produciendo zapatillas a 20 dólares que después se venden en el mercado mundial a 200 gracias a la incorporación de marketing, publicidad y comunicación provistos por economías de la información? ¿Sucederá como con la URSS, exitosa en el período industrial pero dramáticamente fracasada cuando la inteligencia humana se convirtió en el centro vital de la economía y la sociedad? ¿Tendrá lugar una revolución similar a la que acabó con el imperio soviético, en la que los dinámicos actores sociales que están surgiendo en el antiquísimo caldero chino cuelguen simbólicamente a los herederos de Mao? ¿No fue la revuelta de Plaza Tiananmen, en 1989, una anticipación?

SI QUIEREN ENTERARSE DE MI OPINIÓN, VAYAN A LA PÁGINA DE LA VOZ DEL INTERIOR
www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/06/11/26/nota.asp?nota_id=21522
¡Ah!, el dibujo de los dragones es de Leonardo.
(
Da Vinci, quiero decir...)
fernando


jueves, 23 de noviembre de 2006

PIEDRA, PAPEL y TIJERA


Supongamos que mañana BOTNIA o ENCE anuncian que quieren instalar en Argentina una planta igual a las de Fray Bentos: ¿Qué sucedería? Tratándose de Argentina, nadie puede saberlo. Pero si este fuera el país en serio de la publicidad del Gobierno, no existiría manera de que nadie lo impidiese, ya que las famosas y demoníacas pasteras respetan todos los estándares fijados por la ley argentina y hasta los mucho más exigentes de Norteamérica y Europa.
A esta altura la pregunta se hace sola: ¿cómo puede la Argentina oponerse a que Uruguay instale en territorio uruguayo unas plantas que la legislación argentina permite en el propio territorio? La respuesta la han dado ya la infernal Corte de la Haya y el luciferino Banco Mundial, esos conspiradores...
De manera que el Presidente argentino haría bien en parar de agitar el remanido tema del complot mundial contra un país condenado al éxito, y los paisanos de Gualeguaychú conformarse con establecer estrictos controles ambientales, y nuestra clase política, oposición incluida, dejar de rasgarse las vestiduras con la inefable unión latinoamericana y arremangarse para crear verdaderas instituciones políticas continentales, como un Parlamento Sudamericano capaz de legislar una regulación ambiental a escala continental, en vez de seguir sosteniendo que la globalización de la democracia es una utopía. No lo es. Es una necesidad urgente de estos tiempos cuya consumación es capaz de impedir que naciones hermanadas por la historia y gobiernos ideológicamente afines se agarren de los pelos.
¿Que exagero? Miren el "chiste" publicado por el irresponsable de REP en el oficialista Pagina12 y me cuentan...


Por si no se lee bien. Dice: PIEDRA (muro en ruta), TIJERA (cortar puente) y PAPEL (¡VOLAR la PAPELERA!) No tengo palabras (ni hacen falta)...

Finalmente, dado que los argentinos vamos perdiendo con Uruguay 37 a 2, acaso sea tiempo de que pensemos por qué nos pasan a los argentinos las cosas que nos pasan a los argentinos, para usar el distinguido vocabulario de nuestro Presidente. Con la intención de ayudar a la reflexión (vana presunción) y no para sostener antipáticamente "yo les avisé", copio abajo mi artículo "Papeleras y papelones", publicado en Noticias allá por febrero...

fernando

PAPELERAS y PAPELONES

Es cierto que el compromiso entre industrialismo y ecología dista de ser una cuestión resuelta aún en los países mejor organizados del planeta. Sin embargo, los comportamientos de los ciudadanos nacionales en torno de las papeleras merece un ranking de papelones. ¿Cómo asombrarnos del escaso aprecio que se nos tiene en todas partes cuando los finlandeses observan en los diarios que se los acusa de “terroristas” y los gobernantes de un pequeño país asociado al nuestro creen necesario salir a aclarar que no aceptan “ser patoteados”?
A los chilenos les cortamos el gas. A los brasileños, a quienes acusábamos de deslealtad por haber devaluado el real antes que nosotros el peso, les ponemos ahora cuotas máximas. A los bolivianos les compramos el gas a un tercio del precio internacional (¡si lo hiciesen los Estados Unidos!). Después, tenemos relaciones carnales con Chávez y nos vamos con él, rezando por el gasoducto y entonando bagualas a la Patria Grande. Para cualquiera que nos observe, los argentinos somos impresentables. Y el lugar que ocupamos en esta historia lo dice todo: los finlandeses y españoles hicieron buenos negocios, los uruguayos captaron inversiones y los chilenos se quedaron con un tercio de la provisión de insumos a pesar de tener que cruzar la cordillera. En tanto, los argentinos proclamamos al mundo nuestra condición de víctimas, ya no del imperialismo yanqui, sino de los civilísimos uruguayos...

El segundo papelón es el de nuestra clase política. Ministros que dormían la siesta hasta que fueron despertados por el vandolerismo piquetero, gobernadores que se subieron al caballo de la protesta y no saben cómo bajarse, legisladores cuya acción se destaca por su ausencia, confirman el panorama de una dirigencia cuyas especialidades son la imprevisión sistemática y el aprovechamiento del río revuelto.
Que un líder político adopte modelos de acción divergentes a los de las minorías dispuestas a tomar rehenes no cabe en la cabeza de nuestra clase política, que con el cuento de ponerse al frente de la sociedad sólo sabe vivir de su decadencia. Nada mal les vendría releer las entrevistas en las que Felipe González ha explicado cómo logró convencer a los españoles de la necesidad de entrar en la Unión Europea, a pesar de la oposición de los franquistas y de cierta “izquierda”.
Si aplicáramos los estándares europeos que respetarán las papeleras uruguayas buena parte de la industria argentina debería cerrar hoy mismo. ¿Con qué cara se oponen a su instalación quienes permiten que tecnologías más atrasadas sean empleadas en nuestro territorio? ¿Qué duda cabe de que si Botnia y Ence hubieran elegido la ribera argentina y el gobierno uruguayo hubiera protestado se estarían escuchando hoy dramáticos llamados a defender la soberanía territorial frente a la prepotencia de nuestros vecinos, acaso comandados (ahora que andan en busca de acuerdos bilaterales) directamente desde Washington?
Durante la Cumbre de Mar del Plata, nuestro Presidente le espetó en la cara a Mr. Bush que el modelo económico del ALCA no satisfacía a los miembros del Mercosur, quienes preferían el modelo europeo de integración política. Sabias palabras; algo distantes de los hechos cuando se considera que el Mercosur (basta leer su nombre) es una unión comercial, y una unión comercial fracasada. La simple amenaza de recurrir a La Haya deja su “integración política” al descubierto: a veinte años de su lanzamiento, carecemos de instancias en las cuales laudar las diferencias entre sus gobiernos, para no hablar de un Parlamento capaz de sancionar una legislación ecológica de aceptación obligatoria para tirios y troyanos.
Mientras la Argentina amenaza recurrir a La Haya, ¿a quién deben quejarse sus millones de ciudadanos que habitan a orillas del Matanza-Riachuelo y cuyas asociaciones denuncian la existencia de más de cien basurales, 67 barcos abandonados, 17 hundidos, 4.000.000 de metros cúbicos de barro contaminado y sostienen que sólo el 3% de las industrias en sus márgenes poseen plantas depuradoras? ¿Acaso a las instituciones nacionales que permiten esa vergüenza a pocos metros de Puerto Madero o a los políticos que se escandalizan de las andanzas de María Julia pero poco hacen para mejorar su performance?

La crisis de las papeleras expresa la creciente deslegitimación de la civilidad industrial tan cara al actual Gobierno. El síndrome NIMBY (no-en-mi-patio-trasero) se expande, acelerado por el desgaste del paradigma industrialista y la incapacidad de las naciones para impulsar el autosacrificio en nombre de la Patria. A estos problemas universales se suman aquí el déficit institucional del Mercosur, el seguidismo de la clase política y la prepotencia de los ciudadanos. Quienes quieren una Argentina mejor harán bien en preguntarse por qué las inversiones fluyen hacia otros países a pesar de tres años de crecimiento a ritmos chinos y qué hace que Finlandia exporte su antigua especialidad, las fábricas de papel, y no las de teléfonos celulares, su nueva riqueza basada en las tecnologías de punta. ¿Utopías postindustriales? El rubro importaciones muestra a los celulares al tope de la lista. Los pagamos exportando commodities, mientras nos indignamos por una distribución de la riqueza poco sensible a los discursos presidenciales.
No sólo papelones muestra la crisis de las papeleras. También deja en claro por qué la creación y distribución de riqueza está estrechamente ligada al reemplazo de la xenofóbica y patotera Argentina nacional-industrial por una sociedad abierta al mundo y basada en la información, la innovación y el conocimiento.

Fernando A. Iglesias

miércoles, 8 de noviembre de 2006

El ensayista Fernando Iglesias ofrece un decálogo para entender el fenómeno. El achicamiento del espacio y la reconfiguración del tiempo.
Optimismo ingenuo y lado oscuro.

11 de Septiembre de 2001

DIEZ LEYES GLOBALES
SOBRE LA GLOBALIZACIÓN

Uno de los mayores inconvenientes en la comprensión del fenómeno que llamamos “Globalización” se desprende de su carácter revolucionario, que no sólo supone un cambio radical en la forma en que se estructuran los más importantes procesos sociales de la Modernidad avanzada sino que modifica las mismas premisas epistemológicas con las cuales intentamos aprehenderlos. A casi dos décadas de la caída del Muro de Berlín que significó la apertura optimista del universo global, y a cinco años de la luctuosa tragedia de Manhattan, que puso en evidencia sus aspectos más atemorizantes, parece posible intentar un balance que exceda el maniqueísmo globalidolátrico/globalifóbico y que considere tanto las promesas como las amenazas de un futuro humano que se avizora irreversiblemente global. En este sentido, tomaré el 11 de septiembre y los eventos que lo siguieron para intentar mostrar los nuevos paradigmas del mundo global operando con máxima visibilidad en un escenario mundializado por la revolución tecnológica y determinado por una economía progresivamente basada en la inteligencia y la información.

* Las últimas barreras de una Historia determinada por la Geografía fueron pulverizadas junto con las Torres Gemelas. Con ellas se deshizo la ilusoria percepción de seguridad que los habitantes del Primer Mundo obtenían de la existencia de distancias y fronteras.
La Globalización se demuestra así, en primer término, un proceso de RECONFIGURACION DEL CONTEXTO ESPACIAL en el que transcurre la experiencia humana. En efecto, el 11 de septiembre ha mostrado el impresionante achicamiento del espacio y la caída de fronteras derivados del uso de tecnologías de alcance global y del aprovechamiento de las incrementadas libertades de circulación que, aún con grandes dificultades, la globalización paulatinamente impone. Que una secta islámica de ciudadanos de países árabes cuya base estaba en Afganistán pudiera poner en jaque los sistemas de seguridad de la potencia nacional más avanzada, ubicada a miles de kilómetros de distancia y separada por enormes barreras geográficas y políticas, era impensable pocos años atrás, cuando no existían los teléfonos celulares, el correo electrónico, los flujos de capital por los paraísos fiscales, los aeropuertos atestados de vuelos comerciales, los centros de adiestramiento de aviadores al alcance del público, ni la inmigración masiva hacia los países desarrollados.


* La Globalización es, en segundo término, un formidable proceso de RECONFIGURACION DEL CONTEXTO TEMPORAL. En el universo que produce la aceleración del cambio, las categorías temporales adquieren centralidad frente a las espaciales, cuya importancia caduca junto con el desvanecimiento paulatino del espacio. Consecuentemente, el 11 de septiembre ha desencadenado una serie de reacciones que han cambiado la faz del mundo con una velocidad aún mayor que la producida por la caída del imperio soviético. Hoy, apenas cinco años después del martes negro de Manhattan, cualquier habitante del mundo que tomase un diario del 10 de septiembre de 2001 tendría la sensación de asistir a un desfile de fantasmas, desde De la Rúa y Cavallo en el gobierno de la Argentina a un Bush incomparablemente más moderado que el actual.
En un mundo en el que el cambio histórico se acelera al mismo ritmo que la vida privada, el desvanecimiento del espacio originado en los costos decrecientes de los transportes y comunicaciones lleva a la perdida de centralidad de las categorías espaciales y a su reemplazo por las temporales (progresista-conservador, moderno-antimoderno) como fuentes de valor y significado. Así, todo intento de comprender lo sucedido en términos espaciales conlleva a una pérdida de sentido. En la “Era global” o “Modernidad mundial”, el término que expresa el componente espacial (las palabras “global” y “mundial”) es minúsculo y adjetivo, mientras que lo temporal (“Modernidad”, “Era”) es mayúsculo y sustantivo. Lejos de la afirmación de Fernand Braudel, quien sostuvo que la Historia es básicamente Geografía, en una Era global o Modernidad mundial la Historia reina sobre la Geografía. Por eso, toda discusión sobre los orígenes de los procesos globales resulta impertinente: la Globalización comenzó cuando una tribu de homínidos abandonó las sabanas africanas y se esparció por el planeta, conquistándolo. La historia de la humanidad es la historia de su globalización. Sin embargo, la era en que vivimos es completamente original y merece ser mencionada como Era global porque en ella la Globalización se ha acelerado hasta devenir el fenómeno central y definitorio.

* El tercer rasgo original de estos tiempos estriba en la EMERGENCIA DE SISTEMAS GLOBALES, los primeros verdaderamente planetarios por estructura y/o alcances en la Historia. Si la década del noventa fue pródiga en mostrar procesos de unificación global en el campo económico, en el milenio inaugurado por el 11 de septiembre ningún campo está excluido del proceso, como la aparición de la primer red terrorista global ha demostrado. Con sus finanzas basadas en paraísos fiscales desterritorializados, su ejército multinacional, su red planetaria de comunicaciones y sus células dormidas de inmigrantes en los países avanzados, al-Qaeda ha hecho propias las estrategias de organización del sistema financiero y las corporaciones económicas globales: desterritorialización, organización en red, cosmopolitismo, manipulación de las divisiones nacionales en beneficio propio, uso intensivo de las tecnologías avanzadas. Procesos globales originan, inevitablemente, estructuras globales que intentan controlarlos o manipularlos en su favor. La cuestión decisiva del milenio que apenas comienza es pues la forma (elitista o democrática, cooperativa o competitiva, pacífica o determinada por el poder militar) que adoptará el manejo de las grandes redes globales de las que depende el futuro de la humanidad.

* En cuarto término, el 11 de septiembre ha demostrado que la diferenciación del orden social en sistemas relativamente autónomos señalada por Weber se transforma en ASINCRONIA en un contexto acelerado. Vivimos ya en un mundo más temporal que espacial, en el cual cada subsistema moderno (el tecnológico, el económico, el político, el cultural) evoluciona a una diferente velocidad de acuerdo a su capacidad de adaptarse a un universo intrínsecamente innovador. En él, la tecnología avanza a la velocidad de la luz, escondida en las redes digitales y en las ondas de los mass-media globales; la economía viaja a la velocidad del sonido, bien resguardada en los maletines de los managers que cruzan el globo en aviones. En tanto, la política y la cultura siguen viajando en tren, emblemático artefacto de los tiempos nacional-industriales, el único de los mencionados capaz de retroceder. El resultado de estas velocidades de evolución divergentes es una enorme asincronía que sobredetermina el universo global, en el que una secta cuyas concepciones políticas son quasi medievales puede disponer de financiación global y tecnologías de última generación y alcances mundiales.


* En quinto lugar, el 11 de Septiembre ha demostrado el enorme PODER DE LAS ESCALAS AMPLIADAS. Si los noventa habían sido pródigos en demostraciones acerca de cómo el sistema financiero global se tornaba determinante sobre economías nacionales cuantitativamente mucho más significativas, la tragedia de Nueva York demostró el inesperado poder que adquiría una red desterritorializada y desanclada sobre el aparato militar más poderoso de la Historia, capaz de destruir el mundo pero ineficiente para proteger el corazón de Manhattan y el Pentágono. Gracias al poder de la escala global de su organización, la minúscula al-Qaeda pudo desafiar a sistemas infinitamente más grandes y poderosos pero atados a una lógica territorial obsoleta.
En un mundo global, lo global determina el centro y lo territorial determina la periferia. En un mundo global, todo poder territorial y nacional es frágil aun cuando sea masivamente infinito, y tan impotente como el poder militar de los Estados Unidos para evitar que una red global armada con cuchillos le vuele medio Pentágono, su propio centro de seguridad.

* En sexto término, la Globalización marca el eclipse de los conflictos territoriales, caracterizados, durante una Modernidad nacional-industrial, por guerras entre naciones-estado de similar estructura y poderío. Esta DECADENCIA DE LOS CONFLICTOS TERRITORIALES Y SU REEMPLAZO POR CONFLICTOS DESTERRITORIALIZADOS Y GLOBALES, implica que tensiones y disputas de tipo asincrónico (mundo subdesarrollado vs. mundo avanzado), sistémico (economía vs. cultura, política vs. economía) y/o asimétrico (estados nacionales vs. redes globales privadas).
Desde la Segunda Guerra Mundial, pasando por la Guerra Fría, los principales conflictos armados se han definido bajo el modelo de “guerra civil” al interno de una Modernidad mundializada, esquema repetido hoy por el modelo “choque de civilizaciones”. Su esencia no es la disputa por un territorio sino la tensión entre dos sistemas de valores (fascismo-democracia, comunismo-capitalismo, modernidad laica-integralismo fundamentalista). Y lo que está en disputa no es una posesión espacial localizada y defendida mediante trincheras, sino un modelo de organización del mundo.

* En séptimo lugar, el 11 de septiembre expresó la VIRTUALIZACION Y DESMATERIALIZACION de las producciones y, por lo tanto, de los factores de poder en la Modernidad globalizada. La masividad, el volumen y la cantidad, viejos paradigmas del poder en los tiempos nacional-industriales, se rindieron allí ante el poder de las organizaciones que adoptan el modelo de red virtual. Pequeños David virtuales y globales pueden así triunfar sobre cualquier desmesurado Goliath material.
La capacidad destructiva de al-Qaeda dependió de su capacidad de anidar y operar en los espacios virtuales. En cambio, su radicación en algún lugar del mundo (Afganistán) y el apoyo de un estado nacional, el talibán, constituyeron sus puntos débiles, que hicieron posible la represalia norteamericana. Una banda de forajidos armados con cuchillitos de cocina conmovió las bases de la política mundial. Al mismo tiempo, como Saddam Hussein puede testimoniar, para atacar al gigante estadounidense los masivos ejércitos nacionales no sólo son impotentes sino contraproducentes. Cuando la economía y la sociedad se basan en el conocimiento, la innovación, la información y la comunicación, lo nacional y lo material se desvanecen en el aire con su cortejo de osificadas creencias. Así, en un mundo finalmente mundial, lo pequeño, si no hermoso, puede ser poderoso, a condición de que se organice virtual y globalmente.

* En octavo término, un mundo post-industrial y post-nacional determinado por el acceso a los flujos globales de conocimientos, capital e innovación, y por la necesidad de organizarse planetariamente, la CONECTIVIDAD se convierte en un paradigma definidor del éxito y la desesperación. Conexiones globales proveyeron a al-Qaeda de militantes, información, células dormidas y financiación. Sin conexiones globales, el estado nacional más poderoso de la Tierra se hubiera quedado sin aliados y sin red de logística, informaciones y suministros.
Que al-Qaeda haya elegido para organizar su base territorial a uno de los países más aislados del planeta, Afganistán, y que en el mismo rigiera un régimen totalitario, tampoco son hechos casuales. En un mundo basado en la conectividad, en el que los territorios más ricos y avanzados son los más intensamente interconectados, toda conexión, cualquiera sea, se vuelve preferible a una completa desconexión.

*
En noveno lugar, la Globalización supone la pérdida de dinamismo y centralidad de las oposiciones y clivajes nacionales y su reconfiguración como nuevas POLARIDADES GLOBALES. Las teorías sobre “el fin de” se refieren al fin de la política, de la Historia, de la Democracia y de la Modernidad nacionalmente organizadas. En cuanto a la diferenciación derecha-izquierda, sólo en la escala nacional en que se torna paulatinamente indiscernible en virtud de su simétrica impotencia tienen estas jeremiadas algún sentido. En cambio, la escala global muestra una explosión de clivajes y tensiones nunca antes vista, en la que diferentes concepciones de la sociedad y del hombre se expresan con un vigor inusitado. El 11 de Septiembre ha mostrado que los asuntos globales, ayer un parágrafo de segunda importancia en las agendas nacionales, ocupan hoy el centro de la escena, reestructuran el espacio político local y determinan las elecciones nacionales con un poder que puede tornarse devastador. El tema de Iraq, un país de relativa importancia en el concierto internacional, fue decisivo en las elecciones de países como Alemania, España y los Estados Unidos. Así, lo global irrumpe en lo nacional, que adquiere un carácter provinciano, en tanto la reconfiguración política global hace pedazos las distinciones cerradamente nacionales.

* Décimo y último, el 11 de Septiembre ha puesto también en evidencia el CARÁCTER ZOMBIE DEL NACIONALISMO EN UN CONTEXTO GLOBALIZADO. Los ataques terroristas, que intentaban ser legitimados en la autonomía y unidad del mundo árabe y en la defensa de los intereses de los pueblos de las naciones subdesarrolladas, han dejado como saldo dos protectorados occidentales en Afganistán e Iraq, miles de muertos entre sus habitantes, un Islam cada vez más escindido entre sus fracciones democrática e integralista, la huida de capitales de los mercados emergentes y una oleada de racismo contra los emigrantes en el mudo avanzado. La respuesta norteamericana, supuestamente dirigida a garantizar la seguridad de los Estados Unidos y sus aliados, ha causado una ola de indignación global que es la mejor garantía de futuros ataques terroristas y ha extendido la zona de conflicto a todo el mundo, especialmente: hacia España e Inglaterra, principales aliados de los Estados Unidos en la invasión a Iraq.
El mundo se escinde en dos fracciones aparentemente enemigas, el tercermundismo victimista y el primermundista chauvinismo del bienestar, cuyas coincidencias son profundas “a pesar” de sus destructivas disputas. No por nada, ambos coinciden en una visión territorialista, nacionalista y autoritaria del mundo, y en el uso de métodos violentos y militares para imponerla. No por nada, tercermundistas y primermundistas muestran un común desprecio por toda forma de organización que supere el angosto margen de la nación-estado, de manera que su método de intervención consiste en acciones globales llevadas a cabo por organizaciones nacionales cuya consecuencia habitual es la destructividad de sus resultados. La penosa actuación de la administración Bush, acaso la más retrógrada de la historia estadounidense, no ha hecho más que reflejar la decadencia de los estados nacionales en un contexto globalizado. Lo que caracteriza esta época transicional no es la impotencia absoluta ni la desaparición de las naciones, sino su creciente incapacidad para cumplir con las funciones para las que han sido fundadas y en las que están legitimadas (digamos: la protección de las vidas de los habitantes de Manhattan o los inundados de Nueva Orleans) unida a una creciente potencia destructiva, capaz de arrasar con la vida humana en pocas horas de holocausto atómico. El 11 de septiembre constituyó un hito histórico porque concluyó una etapa de la Globalización injustificadamente optimista y naive, y mostró el potencial lado oscuro de los procesos globales: en un mundo en el que la humanidad alcanza capacidades planetarias, la destrucción adquiere una escala global de actuación. Por eso, como ha sostenido con agudeza Ulrich Beck, la crítica de los conceptos zombies -territorialistas y nacionalistas- con los cuales pensamos y actuamos, se ha convertido en una cuestión de supervivencia para la entera humanidad.

Fernando A. Iglesias

autor de
“Globalizar la Democracia- por un Parlamento mundial”

viernes, 29 de septiembre de 2006




Con mucho público y las exposiciones brillantes de Elisa Carrió y Juan José Sebreli se llevó a cabo ayer la presentación de "
GLOBALIZAR LA DEMOCRACIA - por un Parlamento Mundial" (Buenos Aires, 268 pág., Manantial, 2006) en la librería Cúspide del Village-Recoleta. Gracias a todos los que vinieron y muy especialmente a Elisa, Juan José, la gente de Cúspide y los editores del libro: Daniela Gutiérrez y Carlos de Santos. Para los que no fueron, les copio algunas fotos.