DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires
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viernes, 10 de junio de 2011

NOTA DE LA SEMANA

TODO SE MANCHA

Discurso en la Comisión de Libertad de Expresión en ocasión de la presencia de las consultoras perseguidas por el Subsecretario de Comercio, Dr. Moreno.

En una nota recientemente publicada en el diario L’Unità, de Italia, el alcalde elegido para la ciudad de Nápoles que ha derrotado al partido de Berlusconi describió al populismo berlusconiano como "la destrucción de la democracia en nombre de la democracia". Esa frase se adapta perfectamente a lo que está pasando en nuestro país, y me ha hecho pensar en otra idea: este gobierno, que tanto habla del rol del Estado, destruye al Estado en nombre del Estado. No hay más que ver las condiciones en las que trabaja el Congreso de la Nación y la falta de luz en esta sala. Como diputados, como representantes de los ciudadanos argentinos, nos da vergüenza recibirlos en estas condiciones. Ni en un sucucho, ni en el sótano de un supermercado de barrio se trabaja en las condiciones en las que se trabaja en el Congreso de la Nación. Este edificio, el Anexo, es un método de humillación arquitectónica del Poder Ejecutivo sobre el Congreso de la Nación. Y no se trata de gastar en un edificio digno o en las escuelas y hospitales, porque se gastan millones de dólares todos los días en dar vuelta la Casa de Gobierno según los gustos cambiantes de nuestra señora presidenta.

Presenciamos hoy un proceso de destrucción del Estado en nombre del Estado del cual este edificio da testimonio. También dan testimonio de ello muchas otras cosas, como el uso de la AFIP, que debería ser un organismo recaudador neutral y hoy se utiliza como agencia de persecución de opositores políticos, o la destrucción del INDEC, un elemento clave en el funcionamiento de cualquier país, como todos ustedes bien saben. Un país sin estadísticas es un barco que navega sin brújula, y quienes han sido responsables de la destrucción de un organismo central del Estado argentino y siguen hablando de la destrucción del Estado en la década del 90 en vez de reparar dicho daño, tendrán que responder no sólo ante la historia, sino en los juzgados.

La persecución que las consultoras privadas están sufriendo es una clara muestra de la debilidad del gobierno. Los persiguen porque la gente sabe lo que está pasando y les cree más a ustedes que al señor Moreno. Hasta un aliado indudable de este gobierno como el señor Moyano ha reconocido que existe una gran inflación. Este gobierno no es el de 678 sino el de 30/30/30. Con todas las estrellas del firmamento internacional alineadas a favor padecemos 30 por ciento de inflación, 30 por ciento de pobreza y 30 por ciento de trabajo en negro. Treinta por ciento de pobreza después de ocho años de crecimiento, mientras seguimos escuchando cantar la retórica del gobierno nacional y popular.

Yo les quiero agradecer hoy su presencia por varios motivos. La libertad es un trabajo de todos y de todos los días, no es algo que se conquista de una vez y para siempre sino un espacio por el que hay que pelear todos y cada uno de los días. En un país donde ha habido muchos ataques a la libertad y muchas restricciones de la libertad muchas veces las clases empresariales, sobre todo las organizaciones empresariales, han sido sistemáticamente subordinadas y permeables a los gobiernos de turno. Últimamente hemos presenciado una serie de episodios en este sentido que son realmente vergonzosos. En cambio, la actitud de ustedes, la valentía de enfrentar estas persecuciones, planta un mojón. En esto adhiero a lo manifestado por la diputada Bullrich en el sentido de que, en la medida de nuestras posibilidades, tienen todo nuestro apoyo. Más como ciudadanos que como diputados les pedimos que lo sigan haciendo para que la Argentina se transforme alguna vez en una verdadera República.

La intervención del INDEC por parte del señor Moreno tiene un objetivo claro. Según el gobierno –lo han dicho en forma oficial miembros del gobierno, lo cual es vergonzoso se hizo para estafar a quienes tenían en sus manos bonos del país. Es la consecuencia de un gobierno basado en la mentira, y en la mentira declarada por sus propios funcionarios.

Pero en mi opinión la intervención del INDEC tiene un segundo motivo. No es casual que haya comenzado a inicios de 2007, año electoral, en un momento en el que el modelo estaba completamente agotado desde el punto de vista económico y ya había indicios consistentes de un aumento de la pobreza. Desde 2007 la Argentina ha continuado su crecimiento mientras crecía la pobreza. Por eso digo que la intervención del INDEC no fue casual. Esa intervención tuvo no sólo el objetivo despreciable de estafar sino también el de esconder la situación real en la vivimos con el gobierno 30/30/30: 30 por ciento de inflación, 30 por ciento de pobreza y 30 por ciento de trabajo en negro. Esto es lo que quieren esconder. Cuando pretenden ocultar la inflación, lo que están buscando es ocultar el fracaso de un modelo que sigue llenándose la boca con la redistribución de la riqueza. Por eso, cuando analizamos las cifras duras de los índices de pobreza nos encontramos con que ésta se encuentra en niveles que la Argentina solamente tuvo durante sus grandes crisis; es decir en los años 2001-2002 y en la época de la hiperinflación. En los demás períodos, nuestro país nunca tuvo los niveles de pobreza que registra ahora. Tampoco tuvo jamás una retórica de lucha contra la pobreza tan fuerte y mentirosa como en estos momentos.

Vivimos en el mundo de Walsh; pero no el de Rodolfo o Patricia Walsh sino el de María Elena Walsh. Hablo del mundo del revés, con el señor Moreno persiguiendo a quienes informan de índices que él considera truchos. Esto muestra el grado de descomposición que de manera preocupante exhibe hoy nuestra sociedad. En términos de enriquecimiento ilícito de los funcionarios –hay que ser justo y decir también que el genocidio es una forma de corrupción de una gravedad incomparable a cualquier otra éste es, sin duda, el gobierno más corrupto de la historia. Y con el gobierno más corrupto de la historia, todo se mancha: las estadísticas, la pelota y los pañuelos. Esas manchas son una vergüenza para todos y alguna vez tendremos que lavarlas.

Fernando A. Iglesias

lunes, 30 de mayo de 2011

NOTA DE LA SEMANA

LA CUESTIÓN EUROPEA

Artículo publicado en Revista Noticias del 11 de junio de 2011 bajo el título "Las dos orillas"

El nivel de las intervenciones intelectuales y políticas sobre la crisis en Europa refleja la pobreza del nacionalismo metodológico y su incapacidad para comprender las grandes cuestiones emergentes de la globalización. Según sus aprendices de brujo, la grave situación en los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) demostraría la imposibilidad de avanzar en la construcción de unidades políticas supranacionales y debe resolverse, por lo tanto, con la salida del euro de algunos países o la desaparición de la moneda única, sino con la abolición simple y llana de la Unión Europea. Con el objeto de que el remedio no termine matando al paciente, habría que señalar algunos elementos objetivos:

1) La crisis que hoy sufre el mundo no tuvo origen en la unidad regional europea sino en una nación: los Estados Unidos de América.

2) La mayor dificultad de la UE en afrontarla se deriva directamente de su enorme éxito, que hace que los salarios medios europeos sean hasta diez veces mayores que en muchos BRICs, y que los derechos sociales y el estado de bienestar europeos respeten estandares que no tienen parangón en el mundo, como muestran todos los índices disponibles, en los cuales al menos la mitad de los top ten de cada rubro siguen siendo europeos.

3) La caída del empleo y los ajustes en los PIGs no se derivan de su adhesión al Euro sino de la asincronía entre una moneda unificada y regulaciones políticas fiscales, laborales y financieras básicamente nacionales. Más Europa, y no menos, es –pues- la solución.

4) Fueron los estados nacionales -con Grecia a la cabeza- y no las instituciones europeas las que estafaron a sus vecinos aplicando sistemas de contabilidad creativa dignos de la peor de las corporaciones.

5) Cuando se menciona la supuesta crisis del Euro se olvida que su valor al momento de su creación era de us$0,8 y el actual supera los us$1,4; lo que representa un aumento del 75% en una década contra la principal moneda nacional del planeta.


6) Los países más pobres de la eurozona enfrentan duras dificultades pero han sido protagonistas de uno de los más extraordinarios booms económicos de la Historia, con consecuencias tan excepcionales en términos de bienestar que necesitarán de una década de crisis para ser completamente anuladas.

7) Dado que un obrero español percibe salarios más de diez veces mayores que los de un obrero chino, lo sorprendente es que la desocupación en España sea del 20% y no del 50%.

8) Las críticas al Euro y las propuestas de abandonarlo tienen un solo objetivo, explicitado por el Premio Nobel Paul Krugman en el NY Times del 06/01/2011: facilitar la devaluación de los salarios y los bienes evitando las protestas sociales.

9) Con todos sus inconvenientes, los 17 países de la eurozona tienen un PBI per capita menor pero un mejor nivel de bienestar social que los estados de la única economía nacional de escala similar, la de los Estados Unidos, cuyos niveles de desigualdad geográfica son mayores a los de la UE sin que nadie proponga que sus estados pobres “salgan del dólar”.

10) Las recetas del populismo nacionalista (salida del euro, disolución de la UE, etc.) llevan a un escenario institucional similar al vigente antes de la Declaración de Schuman (1950) que dio origen al proceso de unificación regional. Se trata de un mundo feliz, el de los estados nacionales soberanos absolutos, en el que las crisis no se resolvían con ajustes en salarios y jubilaciones sino con unos buenos totalitarismos, una bonita guerra y algún campo de concentración y exterminio, si hacía falta.

Pero si las críticas primermundistas a la UE y el Euro son falaces y erradas, las que se hacen desde nuestro país merecen ampliamente la denominación, tan de moda, de “zonceras”. Mediante ellas, los funcionarios de una nación con un tercio de sus ciudadanos bajo la línea de pobreza y un empleo en negro superior al 30% se permiten dar recomendaciones mientras siguen navegando sobre el derrame global en los emergentes y confiando en la continuidad del viento de cola. Poco les interesa que la absoluta mayoría de los afectados por el desempleo en España goce de mejores condiciones de salud, vivienda, educación y seguridad que la mitad de los argentinos, que están desocupados o trabajan en negro o dependen de algún plan social (por lo menos: hasta que el precio de la soja disponga otra cosa).

La desocupación en España se terminaría de la noche a la mañana si se pagaran en ese infierno neoliberal los mismos maravillososo salarios que se cobran en la Argentina nacional y popular. Y si se aplicaran las devaluaciones mágicas de quienes proponen la “salida del euro” ya se vería allí la misma película que se vio aquí en 2002: 40% de inflación con salarios congelados, pesetificaciones asimétricas y robo descarado a los pequenos ahorristas mientras se subsidia al gran capital. El mismo esquema aplicado por Reme-Lenicov, en suma, que fijó las condiciones para la recuperación kirchnerista basándose en la más rancia receta neoclásica: licuación de salarios y redistribución regresiva de la riqueza social.

Es probable que la crisis europea se agrave, ya que en un mundo en el que la tecnoeconomía es global en tanto la política está fraccionada en 194 estados las capacidades de defensa del estado de bienestar y los altos salarios de cualquier unidad política son inversos a su nivel de desarrollo. Pero las soluciones que propone el populismo nacionalista, tanto europeo como sudamericano, son peores que la enfermedad, como comprenderán rápidamente los ciudadanos de los países europeos cuyos dirigentes decidan que es mejor enfrentar por separado el dumping social global. Y lo comprenderemos aquí también, lamentablemente, si seguimos haciendo de la integración regional otro capítulo del “Relato” o si la crisis del Primer Mundo termina afectando las capacidades de China y los BRIC como motores de la economía global.



Fernando A. Iglesias

lunes, 16 de mayo de 2011

NOTA DE LA SEMANA

Los que combaten al capital
(Versión original)
Publicado en diario Clarín del 14 de mayo

Dos son las definiciones que da la Real Academia Española del término “corporación”:

1) Organización compuesta por personas que la gobiernan como miembros;
2) Empresa de grandes dimensiones que agrupa a otras menores.

La primera de ambas es la que ha formado parte del debate político universal desde que el fascismo propusiera el reemplazo del gobierno de las instituciones democrático-republicanas por los acuerdos corporativos entre las agrupaciones empresariales y sindicales y el partido fascista disfrazado de estado. También en la Argentina ha sido así hasta la irrupción del kirchnerismo, el que en su afán de esconder la verdadera estructura hegemónica en la Argentina (el acuerdo corporativo entre los sindicatos moyanistas, los capitalistas amigos del Gobierno, el propio Gobierno y la mayor y más poderosa de las corporaciones argentinas: el Partido Justicialista), hace hoy uso de la segunda definición como consigna de batalla de las corporaciones de primer tipo contra las corporaciones del segundo.

Nada se ha hecho en seis años de gobierno kirchnerista para aplicar las leyes antimonopólicas y de defensa del consumidor y evitar la concentración y los oligopolios, excepto sorprenderse de que existan, acusar de ello a la oposición y usar el argumento antimonopólico para promocionar nuevos monopolios, esta vez en manos de amigos. AFJPs, Aerolíneas y la ley de medios han marcado el camino hoy continuado por una regulación de la medicina prepaga que apunta a poner la salud de los argentinos en manos de empresarios disfrazados de obreros y especializados en la provisión de medicamentos truchos.

A favorecer semejante sinsentido contribuye, por un lado, la superficialidad de la sociedad nacional, convencida de que todo lo estatal era maldito y todo lo privado sagrado en los Noventa y de lo contrario hoy, y la corrupción indecente del sistema-Pejota, que se llenó los bolsillos con las privatizaciones salvajes en los Noventa y se los llena con las estatizaciones y la patrimonialización de los bienes del estado, hoy.

De manera que asistimos al renacimiento en Argentina de la idea de izquierda y progresismo como anticapitalismo, noción abandonada en todo el mundo desde el colapso del stalinismo y presentada hoy aquí como panacea por quienes no dudan en ser capitalistas salvajes cuando se trata de acumular fortunas cuyo origen no pueden explicar. Se trata de un concepto bien complementado por el Pymesismo, novedosa doctrina que propugna una gran economía nacional sin grandes empresas, demonizadas y perseguidas al grito de “abajo las corporaciones económicas” proferida desde corporaciones político-sindicales que ambicionan quedarse con ellas.

Bastaría imaginar qué sucedería en Alemania, país propuesto como modelo por la Presidenta de la Nación, si Angela Merkel embistiera contra la Mercedes Benz para entender de qué se trata: se alzaría allí un coro unánime que partiría desde la misma socialdemocracia en protección de miles de puestos de trabajo y las propias Pymes acudirían en defensa de una empresa de la que muchas son proveedoras. Es esta dinámica de mutuo potenciamiento entre empresas grandes, medianas y pequeñas la que se ignora en nuestro país, donde términos que en todas partes son concebidos como complementarios (campo e industria, producción y servicios, república y justicia social) son presentados como antagónicos, en tanto las maniobras hegemónicas y las peticiones de principio de las corporaciones anticorporativas son naturalizadas como parte del folklore político nacional.


Click aquí para ver el artículo publicado en Clarín: http://www.clarin.com/opinion/combaten-capital_0_480552125.html

viernes, 6 de mayo de 2011

NOTA DE LA SEMANA

"Lo que se juega en octubre"
Publicado en el diario La Nación del 6 de mayo de 2011

Ayer el campo, después los medios de comunicación, ahora Techint. La elección de enemigos por parte del Gobierno, ¿es fruto de la casualidad o producto de una visión del país que atrasa medio siglo y que está llevándonos a un nuevo callejón sin salida? No hay más que repasar las últimas declaraciones de guerra del Gobierno para encontrar su evidente coherencia. Sus actuales enemigos son la más avanzada y globalizada de las industrias nacionales, el sector económico internacionalmente más competitivo y los medios de comunicación, esenciales en un universo social definido como sociedad global de la información. ¿Mera coincidencia?

Desde sus orígenes, el gobierno ha insistido en la idea de que modernizar el país es industrializarlo, ignorando que la Argentina es ya más industrial que los Estados Unidos y la Unión Europea, a los que supera ampliamente en el porcentaje del PBI aportado por la industria, y apostando por un modelo manufacturero de baja tecnología, supuesto creador de puestos de trabajo.

Ocho años después, el resultado de esta apuesta se hace evidente en los suburbios de las grandes ciudades en las que el modelo jurásico-industrialista se ha aplicado: contaminación ambiental, salarios de hambre, desocupación juvenil y trabajo en negro; un urbanismo de apartheid expresado en el crecimiento de villas y barrios cerrados; auge de la droga, la inseguridad, las patotas y las policías bravas. Y, sobre todo, ampliación de la gran fábrica de pobres y de ciudadanos desprotegidos, marginados y dependientes de favores clientelistas que son la base electoral de este gobierno.

El Frente para la Victoria (FPV) se está transformando en el Frente para la Destrucción de la Argentina del siglo XXI. Todas las actividades posindustriales que los países avanzados defienden se encuentran bajo amenaza de destrucción deliberada. Se destruye la industria argentina, condenada a vivir del trapicheo de favores gubernamentales en un modelo de proteccionismo obsoleto, con vista gorda a la evasión de obligaciones fiscales y laborales, y variados subsidios a la ineficiencia.

Barones del conurbano, gobernadores de las provincias feudalizadas, empresarios mafiosos disfrazados de sindicalistas: he aquí la estructura real del poder K que subyace a los discursos y que subsiste gracias al clientelismo para todos. Sus factores de poder se desmoronarían en una Argentina orientada al mundo y al futuro y no a la insensata repetición de sus modelos nacionales ya fracasados. No hay torpeza ni azar en las proclamas bélicas de un kirchnerismo que sabe que un país competitivo en todos sus sectores, con ciudadanos que viven de un trabajo en blanco y bien remunerado, significaría el fin de esa hegemonía que expresa la idea de "Cristina eterna".

La imperfecta pero relativamente exitosa Argentina del siglo XXI versus los restos económicos y políticos sobrevivientes de la fracasada Argentina del siglo XX: he aquí lo que se juega en octubre. Los argentinos tienen la palabra.

Para ver la nota en el sitio del diario, click aquí: http://www.lanacion.com.ar/1370902-lo-que-se-juega-en-octubre

sábado, 16 de abril de 2011

NOTA DE LA SEMANA - CLASES MAGISTRALES

CINCO PRINCIPIOS PARA UNA INTEGRACIÓN REGIONAL EXITOSA

Publicado en Revista Noticias del sábado 16 de abril de 2011

El tema de la integración regional ha adquirido una centralidad cada vez mayor en la política de nuestros tiempos, una parte fundamental de un mundo que se está reconfigurando velozmente alrededor del fenómeno que hemos denominado "globalización". La extraordinaria importancia que han adquirido los procesos globales plantea una serie de problemas que frecuentemente se elevan a la categoría de crisis, y a los que raramente se intenta dar una respuesta a la altura de las circunstancias. Por eso escuchamos hablar de los "desafíos de la globalización" al mismo tiempo que se da por sentada la necesidad de enfrentarlos con los instrumentos de una época perimida, más exactamente: la era en que los estados nacionales soberanos poseían el monopolio de la acción política y la exclusividad de su eficacia; era a la que la globalización le está poniendo el punto final, precisamente. Para quien observe el mundo desprovisto de las anteojeras que una visión nacionalmente-centrada ha construido durante siglos, es ya claro que la
humanidad se halla en algún punto de la transición desde una etapa en la cual los estados nacionales constituían el fulcro resolutivo de los sistemas económicos, políticos y culturales a una nueva en la cual los estados-nación no desaparecerán -como profetizaban y/o auguraban algunos académicos y políticos durante los Noventa- pero sí ven radicalmente modificadas las condiciones de su existencia y actuación en el mundo.
Por eso, para comprender las claves de la integración regional en un mundo nuevo y globalizado necesitamos precisar los principios válidos para esta integración.

MULTIDIMENSIONALIDAD
Un primer principio de una integración regional exitosa es que la integración debe ser multidimensional. No es posible ya pensar en una integración meramente política, que prescinda del mundo económico e ignore sus determinaciones, pero tampoco es pensable reducir el proceso a una lógica integradora económica y comercial (mucho menos, financiera). En un mundo en el que la globalización no es sólo temporal sino sistémica, y en el que todos los campos de la actividad humana están cada vez más globalmente interconectados, una integración regional exitosa requiere complementar las dimensiones económica, financiera y comercial con una lógica política y
cultural. La integración debe ser pues entendida como un proceso multidimensional, ya que no es sólo integración de territorios y naciones sino también integración de los diferentes subsistemas que permiten y enriquecen la vida en sociedad.
La Modernidad puede ser entendida en términos de un gran sistema que depende a su vez de dos grandes subsistemas: el económico, basado en el capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción y una competitividad derivada de la eficiencia en el mercado; y el político, basado en los principios de democracia, libertad, justicia y derechos humanos. Estos dos grandes subsistemas se han desarrollado en medio de un conflicto histórico permanente, de una tensión altamente fructífera entre los principios de la economía y la política bien ejemplificado hoy en las batallas entre estados y mercados, entre democracia y capitalismo, entre política y economía. Sólo la armonización entre el avance tecnoeconómico y la redistribución política de sus beneficios pudo crear en el pasado ese círculo virtuoso de prosperidad y distribución en el que se basó el prestigio popular de los estados nacionales. Y este gran éxito de la democracia capitalista -o del capitalismo democrático- en un mundo organizado alrededor de naciones se debió a que el poder de los sistemas económicos nacionales era similar al poder de los sistemas políticos, ya que ambos poseían una escala de organización parecida, básicamente nacional.
Lamentablemente, el actual modelo de globalización ha roto este empate virtual entre capitalismo y democracia, ya que el sistema económico ha sido mucho más rápido y hábil en organizarse globalmente en redes globales mientras que el sistema político democrático ha quedado atrapado en la idea del gran contenedor nacional y en sus consiguientes limitaciones. El desequilibrio de poder resultante de esta globalización de la economía sin globalización de la democracia ofrece dos posibles soluciones. Una es la solución propuesta por quienes creen que es posible volver atrás las ruedas de la Historia, renacionalizar la economía global y volver a los viejos buenos tiempos de las economías nacional-industriales; un proyecto reaccionario e imposible de ser llevado adelante sin enormes consecuencias destructivas en el contexto de la naciente sociedad global del conocimiento, la información y la comunicación y del nuevo marco tecnológico en el que se desarrolla. La otra forma de restablecer el balance conflictivo y fructífero de poder entre democracia y capitalismo es que la política abandone sus viejos paradigmas, se adecue al proceso de globalización no en el sentido de interiorizar los principios del sistema económico sino -por el contrario- mediante la reconstrucción de su propio sistema de poder mediante la ampliación de sus instituciones a la escala regional y global. De aquí la importancia de una integración regional multidimensional que contribuya a este reequilibrio sistémico de la Modernidad global y abra las puertas a un mundo en el que la política y la economía vuelvan a gozar de independencia, dignidad y autonomía.

MULTILATERALIDAD
El segundo elemento para una integración regional exitosa es la multilateralidad; por antagonismo con la multipolaridad, erróneamente presentada como equivalente. Un mundo multilateral es un universo donde las decisiones comunes son tomadas contemplando los intereses y visiones de los diferentes miembros que la componen. El multilateralismo consiste en una polifonía de voces que se integran coralmente de manera pluralista en un universo compartido, intentando armonizar la defensa del interés común de todos con las diversas visiones que de él pueden tenerse desde diferentes puntos de vista. Por el contrario, el multipolarismo implica la existencia de polos de poder que disputan el espacio inter-nacional buscando imponer su propia hegemonía y contemplando los problemas generales sólo desde el punto
de vista de sus propios intereses.
Lamentablemente, debido a que predomina una visión optimista del fin de la Pax americana y de la hegemonía estadounidense, abundan hoy quienes confunden multilateralismo y multipolarismo o se pronuncian irreflexivamente a favor de este último. Esta forma de comprender la realidad global debería ser reexaminada con prudencia, no ya por adhesión a la Pax americana sino para no despreciar los aprendizajes ofrecidos por la Historia. En efecto, cuando la anterior paz mundial fijada por una potencia de escala global se derrumbó, lo que siguió no fue el equilibrio multilateral que hoy repropone cierto tercermundismo ingenuo. Lo que surgió a fines del siglo XIX ante la caída de la Pax Británica fue un régimen multipolar sin coordinación, ni capacidad de representación de los intereses divergentes, ni posibilidad de negociación y acuerdo. De allí al todos contra todos multipolar y a las dos Guerras Mundiales el paso era pequeño y fue dado rápidamente, con resultados devastadores. La gran alternativa que la humanidad enfrenta hoy, en el
esperanzador fin de la Pax Americana y el unipolarismo bushiano, se plantea entre un nuevo mundo multipolar que repita las tragedias del anterior mundo multipolar -con potencias emergentes como Rusia y China que pueden jugar el antiguo papel de Alemania, Japón e Italia- o si seremos capaces de avanzar hacia un mundo multilateral donde haya respeto y capacidad de representación de los intereses de todos los estados nacionales. Para hacerlo, para que el mundo del siglo XXI se parezca más a la segunda mitad del siglo XX europeo que a la primera, la experiencia de la construcción de la UE no debe ser copiada pero sí comprendida, y sostenida por la ampliación global de la integración regional con las particularidades y modos propios de cada continente.

MULTICULTURALISMO COSMOPOLITA
El tercer elemento para una integración regional exitosa es el multiculturalismo cosmopolita. En la época en que los estados nacionales operaban como grandes contenedores impermeables, la identidad personal era moldeada en términos de identidad nacional por la intervención de los sistemas culturales nacionales; en especial, de la escuela pública. La enorme operación de nacionalización de la subjetividad fue fuertemente limitante y uniformizante en muchos aspectos pero tuvo también una gran riqueza. En efecto, la cultura popular experimentó un salto cualitativo con la aparición de las lenguas nacionales y la difusión de nuevas técnicas que facilitaron el acceso masivo a la cultura, como la imprenta. Sin embargo, la reducción de la identidad personal a identidad nacional y la limitación de la cultura a su aspecto territorial causaron también un lamentable proceso
de uniformización, de tipo industrial, al que fueron sometidos todos los ciudadanos, con consecuencias empobrecedoras debidas al tribalismo militarista resultante y al avasallamiento de las diversidades internas al gran contenedor nacional. En la Argentina, los pueblos originarios fueron las víctimas más evdientes de esa dinámica, que afectó también a los emigrantes, quienes se desprendieron de su lengua y tradiciones más profunda y rápidamente aquí que en cualquier otro lado. El de la uniformización cultural nacionalista es un error que no debe repetirse a escala regional, motivo por el cual es necesario andar con cuidado antes de hablar de la "Patria Grande", la "Nación Sudamericana" y el "pueblo latinoamericano", entre muchas otras expresiones a la moda. Las formas culturales regionales no pueden ser pensadas en los viejos términos nacionalistas de la uniformización y la homogeneidad, sino en términos de pluralismo, cosmopolitismo y multiculturalidad. La identidad sudamericana y latinoamericana debe ser resignificada bajo el paradigma de las identidades superpuestas, por el cual es posible considerarse al mismo tiempo orgulloso ciudadano de un país, habitante de una ciudad, parte de la comunidad
latinoamericana y un miembro más de la humanidad. Vivir en un mundo donde los espacios se achican y las fronteras son derribadas por la tecnología, nos obliga a repensar nuestra identidad por fuera del paradigma del contenedor y de la inevitable exclusión que implica. Por el contrario, nuestra identidad, nuestra forma de ser a la vez ciudadanos de un país y de un continente, no es más que una forma de expresión de la extraordinaria riqueza cultural de la humanidad.

FEDERALISMO SUBSIDIARIO
El cuarto elemento de la integración atañe a su principio político-organizativo básico, que no puede ser otro que el federalismo. La unidad regional no puede basarse en la disolución de los estados nacionales existentes, ni tampoco en la mera articulación de mecanismos intergubernativos que sigan promoviendo el espejismo de una integración regional profunda con preservación completa de las potestades soberanas nacionales. La unidad regional sudamericana debe ser fruto de una
articulación regida por los mismos principios federales que varios de sus países han aplicado a su propio ordenamiento interior.
La construcción de la República Argentina, por ejemplo, no implicó la desaparición de las provincias que la integraban ni tampoco la supervivencia de las facultades soberanas de que gozaban antes de la consumación de la unidad nacional; sino su integración en una escala superior, federal, que combinaba una cierta autonomía con la construcción de mecanismos políticos centralizados en los que se delegaban las grandes decisiones y la solución los problemas comunes. Este mismo principio debe ser aplicado a nivel regional, sudamericano o latinoamericano, y también a nivel mundial. En un mundo globalizado por la tecnoeconomía es imprescindible pensar y actuar a favor de la construcción de un gran federalismo a la vez regional y mundial
en donde las naciones no desaparezcan sino que se integren en unidades superadoras que brinden respuestas satisfactorias a los grandes problemas globales que han desbordado completamente sus capacidades. La actual y generalizada insistencia en reducir la integración política regional al modelo confederal, basado en las soberanías nacionales absolutas, los mecanismos inter-gubernamentales y los acuerdos inter-nacionales, reduce gravemente la profundidad del proceso integrador y abre una enorme distancia entre los bonitos relatos sudamericanistas y latinoamericanistas y las realidades duras de gobiernos que anteponen la preservación de sus propios poderes a cualquier iniciativa concreta para su concreción.
Directamente relacionado con el fundamento federal de la construcción política supranacional se encuentra el principio de subsidiaridad. La subsidiaridad establece que las decisiones deben tomarse en el nivel más pequeño que permita, por una parte, la representación de los intereses de todos los afectados, y por la otra, una escala efectiva de resolución.
Mientras que el principio federal aplicado a la escala regional crea instancias centralizadoras de decisiones, la subsidiaridad cumple un rol similar al que el federalismo desempeña a escala nacional, haciendo que las instituciones supranacionales regionales actúen exclusivamente en aquellos temas que necesitan ser resueltos en una escala superior y dejen en manos de los estados nacionales aquellos temas que sólo afectan a sus habitantes.

Federalismo y subsidiaridad no son principios opuestos sino complementarios, cuya aplicación es imprescindible en un mundo en el que las grandes decisiones de los grandes estados nacionales afectan inevitable y gravemente los intereses de otros países y sus ciudadanos, haciendo inviable el principio de las soberanías nacionales absolutas. Entre los muchos ejemplos posibles, por supuesto el mejor es el del más poderoso de todos, los Estados Unidos, cuya extensión, cantidad de habitantes y PBI hacen que sus decisiones hayan adquirido una dimensión global que va más allá de la
voluntad de sus autoridades. Cuando los Estados Unidos fueron creados su política energética era un problema exclusivo de los estadounidenses. Si se decidían por el petróleo, el carbón o la madera era un tema cuya deliberación incumbía solamente a los ciudadanos de ese país porque sólo a ellos afectaba. Hoy, cuando los Estados Unidos y/o los demás países de escala continental como los del BRIC toman una decisión sobre su esquema energético, esta determinación afecta fuertemente a sus vecinos y, más en general, al conjunto de los ciudadanos del mundo. Por lo tanto, esa decisión no puede ya ser objeto de una soberanía nacional exclusiva. El resto de lacomunidad internacional tiene el derecho de participar y el orden político global debe ordenar esa participación no sólo en términos de multilateralismo (una nación = un voto) sino de democracia (un hombre = un voto). Mecanismos multilaterales y democrático-parlamentarios de escala regional y mundial basados en el federalismo y la subsidiaridad deben incidir en decisiones de este tipo en representación de los habitantes de cada región y del planeta, respectivamente. En cambio, el mismo principio de la soberanía nacional absoluta que ayer defendía la autonomía de los
humillados y ofendidos de la Tierra está pasando hoy a adquirir el rol opuesto, sometiendo a los habitantes de los países más pequeños y pobres al impacto de las decisiones tomadas en los grandes y poderosos; categoría que se aplica a Estados Unidos y China en el ámbito global, y a Brasil -y en menor medida, a la Argentina- en el regional. Por eso, resultan contradictorias y perjudiciales las posiciones de quienes se pronuncian a favor de la integración regional pero se niegan a que sus países transfieran poderes a las instituciones supranacionales en aras de conservar intactas una soberanía absoluta que en esta época global sólo existe en su
imaginación. Mucho menos comprensibles aún son las temerosas actitudes ante la integración regional de algunos representantes de países pequeños como Uruguay y Paraguay, quienes deberían ver en el proceso integrador el único resguardo posible a su autonomía nacional.
No existen posibilidades de una integración regional exitosa sin abandonar el paradigma de las soberanías nacionales absolutas. Quienes proponen integrar a sus naciones conservando intacta su capacidad autónoma de decisión inclusive en los temas que por afectar a otros países deben ser de competencia regional son simples opositores a la unidad regional que no se animan a pronunciarse abiertamente contra ella para no pagar costos políticos. Esto es especialmente claro en el terreno económico, donde abundan los gobiernos con discursos latinoamericanistas-sudamericanistas y políticas proteccionistas, lo que ha retrasado enormemente el progreso del Mercosur, que en dos décadas no ha logrado constituirse como unidad aduanera, ni como mercado común, ni como casi nada. En un mundo global en el cual el poder y la autonomía dependen de la ampliación de la escala territorial de las organizaciones, la contradicción entre soberanía nacional e integración es sólo aparente. Hoy, a pesar de la crisis en curso, seis de los diez países en los cuales las condiciones de la vida humana son las mejores en el mundo (Noruega, Irlanda, Liechtenstein, Holanda, Suecia y Alemania) se hallan en Europa, y cuatro de ellos forman parte de la Unión Europea, según el Índice de Desarrollo Humano de la ONU
que elabora el PNUD. Y es desde 1998 que un país no europeo no se ubica al tope del ranking. La integración regional incrementa pues las capacidades democratizantes de los estados nacionales, en tanto que la opción por el aislacionismo y el proteccionismo las disminuye. El modelo europeo demuestra que en una era global la mejor manera de preservar las capacidades autónomas del estado-nación pasa por la transferencia de poderes hacia las instituciones regionales en todos los temas que han superado las posibilidades de acción a escala nacional. En cambio, la propuesta a favor de la integración pero en contra de la cesión de soberanía no es más que una
forma hipócrita de oposición a la integración regional.

DEMOCRACIA
El último, y acaso el principal, de los principios para una integración regional exitosa es el de la democracia. En un mundo global la integración regional adquiere una importancia decisiva, pero aún más importante es que esa integración se desarrolle en términos democráticos. También este sentido, la experiencia europea ha ofrecido grandes lecciones sobre la relación entre democracia e integración regional. En efecto, hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial la democracia en Europa era un régimen raro y minoritario. Sólo Inglaterra y Francia eran democracias consolidadas entre los grandes países europeos, y un simple repaso de los líderes
políticos nacionales del continente durante la primera mitad de del siglo XX (Hitler, Stalin, Mussolini, Franco) basta para concluir que Europa fue, durante las décadas que precedieron a su integración regional, la cuna de los peores totalitarismos de la Historia. Sólo la paulatina creación de una forma de democracia regional fue capaz de instalar establemente regímenes nacionales democráticos en el continente europeo, incluyendo en el proceso democratizador a países del sur como Grecia, España, Italia y Portugal en los que los regímenes dictatoriales habían sobrevivido a la guerra o en los que las amenazas de golpe formaban parte intrínseca de las primeras páginas de los diarios. Fue la necesidad de impulsar un proceso de integración democrática europeo que se había convertido en una condición necesaria del desarrollo nacional de sus países, y la imposición de una cláusula democrática que exigía como su condición inexcusable la vigencia plena de la democracia, el estado de derecho, las libertades civiles y los derechos humanos, la que acabó con las tentaciones dictatoriales en muchos países. Y fue el éxito del modelo europeo y sus repercusiones del otro lado de la Cortina de Hierro los que contribuyeron decisivamente a derribar el ignominioso muro que separaba en dos a Berlín y al mundo. De manera que la experiencia europea aconseja apostar por la construcción de una democracia regional como método fundamental para la consolidación y profundización de las democracias nacionales del continente, y sugiere que las cláusulas democráticas para la integración consolidan la posición de las fuerzas
democráticas de todos los países y debilitan las tentaciones autoritarias y totalitarias.
Pero cuando estudiamos el primer y más avanzado proceso de integración regional en el mundo es necesario aprender no sólo de sus éxitos sino también de sus fracasos. Y uno de los fracasos de la Unión Europea es la distancia creciente entre las instituciones y los ciudadanos, claramente expresada en la falta de participación en las elecciones regionales y en el hecho de que esas mismas elecciones sigan siendo decididas según polaridades políticas nacionales. He aquí un error que tenemos que evitar reproducir: la falta de participación ciudadana en los procesos políticos regionales y la conservación obsoleta del carácter nacional del sistema eleccionario y de partidos. Necesitamos instituciones y parlamentos, pero necesitamos achicar
al mínimo la brecha entre los representantes y los representados. Para eso, resulta básico que las elecciones regionales integren un sistema de preferencias de distrito único regional y no sólo distritos nacionales ni mucho menos provinciales, y que se constituyan progresivamente grandes partidos políticos regionales determinados por las polaridades políticas transnacionales y no por los intereses nacionales. También las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones universitarias y académicas pueden jugar un rol determinante en este proceso, acercando los ciudadanos -y muy especialmente: los ciudadanos jóvenes- a las instituciones, los partidos políticos y las grandes discusiones y problemáticas regionales, como parte de un siglo XXI en el que serán ciudadanos del mundo, de la región y de sus países o meros súbditos nacionales. Un gran seminario abierto sobre la integración regional, sus modos, modelos, realidades, logros, fracasos y perspectivas, que se desarrolle anualmente en alguna de las grandes capitales latinoamericanas con la participación de organizaciones no gubernamentales, académicos, líderes políticos y parlamentarios de todos los países del continente constituiría un óptimo vehículo para la reflexión sobre estos temas y la promoción de soluciones profundamente discutidas y consensuadas.

Multidimensionalidad, multilateralidad, multiculturalidad, federalismo, subsidiaridad y democracia conforman el corpus de principios políticos y sociales necesarios para una integración regional exitosa. Que cada uno de ellos forme parte no sólo del discurso sino de las acciones y los hechos es el desafío que enfrentan las clases políticas de nuestros países, en cuyas manos está en buena parte la decisión de si las naciones seguirán siendo la cuna de la democracia moderna o se transformarán finalmente en su tumba.

Fernando Iglesias

viernes, 1 de abril de 2011

NOTA DE LA SEMANA

UN EMPRESARIO DE TRABAJADORES

Publicado en la revista "El guardián" del 31 de marzo de 2011

Hace muy bien Hugo Moyano en proponer que un trabajador presida la Republica Argentina. Mejor aún sería que explicara por cuáles motivos el Secretario General de la CGT no es un trabajador sino un empresario experto en prácticas mafiosas.

Lo sucedido el domingo con los principales diarios del país afecta el derecho de todos los argentinos a decidir por sí solos qué es lo que leen. Que este apriete, efectuado a pocos días del anuncio del vocero de la CGT de que irían a pedir explicaciones a los periodistas, con la presencia de individuos identificados remeras del sindicato de camioneros, difundido por TELAM con una hora de anticipación respecto de los hechos y que es el quinto bloqueo que se efectúa después de la declaración de guerra del kirchnerismo sin que ninguno lo haya precedido, sea presentado por el Gobierno como inocente defensa de sus derechos por parte de los trabajadores es un insulto a nuestra inteligencia. Tanto, como la amenaza de paro general efectuada por Moyano ante el exhorto de la justicia Suiza.

La permanente erosión de la instituciones argentinas llevada adelante por este gobierno, que llegó al poder prometiendo calidad institucional, han tenido una consecuencia inevitable: transformar las organizaciones sociales argentinas en el reducto de mafias que se enriquecen administrando cajas y se defienden mediante las agresiones de sus patotas. En este sentido, la única y triste peculiaridad de la CGT de Moyano es que lo hace en nombre de los trabajadores.

sábado, 26 de marzo de 2011

NOTA DE LA SEMANA

EL 24 DE MARZO Y LA INTERPRETACIÓN POPULISTA DE LA HISTORIA

Debido a mi cobardía no sé, lamentablemente, qué sucedía en la Plaza en los Setenta. Pero durante los tempranos años ochenta uno de los espectáculos habituales de los jueves era el de Hebe echando a patadas a los trotskistas que acudían a la ronda de las Madres con sus banderas partidarias. Sostenía entonces, Hebe, que la lucha por los Derechos Humanos debía ser la lucha de todos los argentinos porque si no, no sería nada. Es una larga historia la que ha llevado de estos episodios de pluralismo fundacional al acto de ofrecerles el palco del Día de la Memoria a Boudou, Mariotto y Moreno para que digan barbaridades, y a proclamar “Estamos orgullosas de ser kirchneristas” y “Sin Cristina no hay Patria”; dos frases que son la confesión de una abdicación. Es una larga historia y es una triste contabilidad la de la cooptación de los organismos de Derechos Humanos por este gobierno; pero sería tan poco inteligente pensar que todo es gratitud por el acto indudablemente justiciero de haber puesto de nuevo sobre el tapete la agenda de Derechos Humanos abandonada por el alfonsinismo en ciertas Pascuas y olímpicamente ignorada por la Alianza como creer que todo se reduce a prebendas y cargos.

Lo que se esconde detrás de Boudou, Mariotto y Moreno en el palco, y lo que enuncian las declaraciones de Hebe, es una concepción populista de la Historia que dista mucho de la que se confiesa desde el Poder. Según ella, para los argentinos los Derechos Humanos no son lo mismo que para noruegos, congoleños o brasileños, sino un instrumento retórico a ser usado en la larga batalla que desde 1930 vienen librando los dos grupos políticos que han construido el fracaso argentino: el elitista partido militar y el partido populista-nacionalista. Dejando acto por la presente de que no hay nada peor que una dictadura ni comparable a un genocidio, las huestes llegadas conjuntamente al poder con Uriburu (unos en la butaca del auto, otros en el estribo) y cuya paulatina separación llevaría a las figuras emblemáticas de Perón, por un lado, y Videla, por el otro, han gobernado la decadencia argentina con las breves interrupciones de Frondizi, Illia, Alfonsín y De la Rúa que sumaron quince años sobre ochenta, menos de una quinta parte del total. Basta recordar el común desprecio que han despertado todos estos gobiernos –algunos excelentes y otros indefendibles- en las dos grandes constelaciones políticas nacidas del golpe uriburista, y repasar la larga lista de sus rechazos comunes (a la democracia formal, el parlamentarismo, lo anglosajón, el liberalismo, la libertad de prensa, la oposición, las instituciones republicanas, los métodos pacíficos de resolución de conflictos y los derechos humanos) para encontrar la misma raíz ideológica surgida en la crisis mundial de los Treinta y para advertir que detrás de su enemistad se esconde una complementariedad mal disimulada.

De allí la apropiación kirchnerista del Día de la Memoria y su transformación en un acto de repudio del partido populista al partido elitista; de allí el intento de reducir el asesinato de miles de argentinos a persecución exclusiva de militantes peronistas; de allí los carteles de periodistas con gorras militares; de allí la afirmación de la continuidad indistinguible entre Videla y Menem, Martínez de Hoz y Cavallo, episodios –todos- que niegan la que debería ser la base fundamental de la conmemoración del 24 de marzo: la distinción entre dictadura y democracia. De allí la yuxtaposición del antagonismo entre Derecha (partido elitista-militar) e Izquierda (partido populista) propuesto otra vez como clave interpretativa de la Historia por encima del eje dictadura-democracia; con lo cual Democracia y Derechos Humanos vuelven a ser reducidos –como en los Setenta- a meras categorías formales. Y es desde allí también que nace la principal descalificación del kirchnerismo a la oposición: la acusación de inexistencia; la sugerencia -administrada con capacidad de distorsión y persistencia goebbelianas- de que los partidos opositores (y los medios de comunicación, las agrupaciones empresarias, los intelectuales críticos, etc.) no son más que una máscara detrás de la que se esconde el viejo y añorado enemigo (al que “le son funcionales”, al que “le hacen el juego”), a cuya desaparición definitiva de la escena el populismo no logra resignarse.

Se trata, como se ha dicho, de los temas ideológicos de los Treinta que llevaron al drama de los Setenta, y la explicación de una configuración del escenario político nacional que hace que las cosas vayan de una manera en Chile, Brasil y Uruguay, y de muy otra en la Argentina; una Argentina cuya obsesión por la Historia esconde una nostalgia y el anhelo de una repetición. Al menos, como farsa.

miércoles, 16 de febrero de 2011

NOTA DE LA SEMANA

CRISIS FINANCIERA Y GLOBALIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA


En muchos aspectos, la evolución de las variables económicas hace temer que lo peor de la crisis económico-financiera global no haya pasado, y que muchos países del primer mundo estén entrando en una dinámica del tipo W o en una disminución del crecimiento indefinida como la que afecta desde hace décadas a Japón. Sorprendente es, en cambio, la performance de los países emergentes, que con los BRIC a la cabeza son responsables de más de la mitad del crecimiento de la economía mundial. Su consecuencia directa es una extraordinaria redistribución progresiva de la riqueza a favor de los países de desarrollo intermedio, con efectos progresistas innegables de las condiciones de vida de miles de millones de personas que se incorporan gradualmente a una enorme clase media global.

Si esta disminución de la pobreza sin precedentes en la Historia fuera producto de la labor política de una organización revolucionaria ya estarían los bienpensantes unidos del mundo entonando loas a la reencarnación global del Che Guevara. Pero como sus agentes reales son demoníacas corporaciones globales en busca de la maximización de sus ganancias los lamentos por los efectos recesivos y de pérdida de puestos de trabajo en el Primer Mundo ocupan el centro de la atención y los llevan a la conclusión contraria: se trata de la crisis terminal del capitalismo. Sumando este análisis victimista-tercermundista al entusiasta coro primermundista de los fundamentalistas de mercado se obtiene una lograda expresión zombie y cacofónica del actual debate político global. Todo lo cual nos impide hacer la más simple de las constataciones: la estructura económica del universo globalizado –un mercado mundial determinado por corporaciones a la caza de ganancias extraordinarias- está haciendo más y mejor por la suerte de los pobres del mundo que su organización política, determinada por una estructura nacional/inter-nacional cooptada por los países más ricos del planeta e interesada principalmente en la preservación anacrónica de gastados e ilusorios privilegios y en la protección de un Apartheid anti-inmigratorio que ha asumido una escala global.

Desde luego, afirmar que la economía global está distribuyendo mejor la riqueza que la política global realmente-existente no implica olvidar ni subestimar el rol fundamental que los instrumentos políticos pueden y deben tener en estos temas. Significa, por el contrario, reconocer las insuficiencias de una política aún nacional-céntrica en una era definida por la globalización de los procesos y sistemas sociales. Una globalización que los actores económicos han comprendido y aprovechado mucho mejor que los políticos, siempre atados a sus antiguas fuentes de legitimación, poder y financiamiento nacionales. Y significa también, principalmente, reconocer la causa profunda de la crisis existente: la imposibilidad de establecer regulaciones apropiadas a un sistema financiero globalizado y unificado que actúa deslocalizada y aterritorialmente en su propio beneficio desde un sistema político que carece de todo tipo de representación de los intereses generales y cuyos decision-makers sólo piensan en que se paguen los costos de la crisis fuera de los estados nacionales que representan.

Desde que se ha globalizado la economía sin globalizar la democracia el sistema económico mundial ha respondido a la célebre invocación de Karl Marx (Capitalistas del mundo, ¡uníos!) mucho mejor que el sistema político, demostrado ser más capaz de actuar en forma coordinada, rápida y eficaz que una estructura nacional/inter-nacional cuyas decisiones financieras se toman en foros como el FMI y el G20 que se mueven con absurda lentitud y sólo representan los intereses de unos pocos. Es por eso que a pesar de la exitosa experiencia desarrollada al final de la segunda guerra mundial se carece aún de políticas globales de largo plazo que apliquen las lecciones del keynesianismo, el New Deal y las socialdemocracias europeas en la decisiva escala global en la que ocurren hoy los principales procesos económicos y sociales.

Cegados por los dioses del nacionalismo metodológico, que quieren perderlos, los líderes políticos del Primer Mundo no parecen entender que la situación económica mundial enfrenta dos cuellos de botella que, bien encarados, ofrecen enormes oportunidades para la apertura de un nuevo ciclo de décadas de crecimiento de la economía y el bienestar general, oportunidades que no se han presentado –precisamente- desde la clausura del ciclo abierto con el fin de la Segunda Guerra. El primero de estos cuellos de botella ha sido puesto en evidencia por la crisis de las hipotecas sub-prime, y que no es sólo una crisis de control de los instrumentos financieros sino también la crisis terminal de un modelo de crecimiento global basado en los consumos privados de los países más ricos. El segundo está representado por el agotamiento del modelo energético basado en combustibles fósiles, único elemento del sistema tecnoeconómico del siglo XXI basado en los mismos paradigmas que en el siglo XIX.

Es aquí donde se necesita una fuerte intervención política global que impida y corrija los fallos del mercado global, los cuales llevan a: 1) la perpetuación del modelo petrolero-carbonífero-gasífero por insuficiente consideración de los costos futuros (en este caso: en términos de agotamiento de recursos no renovables y destrucción del hábitat) que es típica de los mercados librados a su destino, y por un sistema de regulación nacional de las políticas energéticas que inevitablemente potencia la externalización de costos por parte de los actores nacional-estatales; 2) la imposibilidad de ampliar con la suficiente rapidez la demanda efectiva global, dejando fuera del proceso de acceso a la clase media a miles de millones de personas que habitan fuera del Primer Mundo y de los países del BRIC. Sobra decirlo, ambos aspectos con complementarios, dado que sólo una reestructuración completa de la base energética de nuestra civilización y una reorientación de los hábitos de las clases pudientes que abandone el hiper-consumismo de objetos industriales a favor de una disminución de las horas de labor y la popularización de bienes culturales e intangibles puede acabar con la pobreza abrumadora en que la humanidad ha vivido por miles de milenios sin provocar un colapso del ecosistema.

Pero si la crisis económica y ecológica actual es la crisis de un modelo productivo orientado al consumo privado de los más pudientes, sólo se puede salir de ella con el método que se aplicó entonces, es decir: pasando a un nuevo modelo productivo global basado en la creación de bienes públicos destinados al consumo de los que menos tienen. Basta pensar en las ventajas para todos de un plan global de construcción de infraestructuras básicas (trenes, carreteras, cloacas, agua potable, hospitales y escuelas para todos los ciudadanos del mundo) que reedite globalmente las hazañas del New Deal americano y de la construcción de autobahn que anticipó, propició y permitió la integración europea, basta reflexionar en las oportunidades y beneficios para todos de una reestructuración global de los sistemas educativos de todo el planeta que incluya a miles de millones de niños y adolescentes en la sociedad global de la información y el conocimiento, basta imaginar la potencialidad económica de una reestructuración global de los sistemas energéticos para orientarlos hacia la energía solar, eólica y geotérmica que será imprescindible para el futuro cercano si no queremos morir asados, ahogados o asfixiados por el cambio climático, para entender lo que está en juego. Y basta comprender la completa incapacidad de la actual estructura de toma de decisiones políticas para elaborar, legislar, aplicar y controlar un plan de esta complejidad y escala para identificar la clave de la crisis actual: no ya la avidez del sistema capitalista, que siempre ha existido, sino la incapacidad manifiesta del sistema político nacional/inter-nacional para afrontar los desafíos globales de la hora.

Es entonces cuando expresiones como globalización de la democracia y sus términos complementarios: federalismo mundial, integración democrática regional, reforma de la ONU y de las instituciones financieras internacionales, y Asamblea Parlamentaria de las Naciones Unidas abandonan el terreno de la utopía y pasan a ser parte del orden del día.

martes, 25 de enero de 2011

NOTA DE LA SEMANA

DISCO RÍGIDO
Los links de campaña de Clarín.com

Publicado en Diario Clarín el 22 de enero de 2011

Las milongas, escenario también de la política nacional.

Por Pablo de León

El tango, ritmo nacional, no deja de ser un lugar de encuentro (¿o desencuentro?) de la política. Varios de los dirigentes nacionales despuntan el vicio del baile en las pistas, donde el cabeceo y la amable plática es costumbre. Hay que recordar, en los inicios de los cruces twitteros, como Aníbal Fernández desde @fernandezanibal cruzaba al diputado de la Coalición Cívica, Fernando Iglesias, y le decía que dejara de milonguear y se “pusiera a laburar”. El legislador, desde @FerIglesias no se amilanó nunca y contestó al hoy menos influyente jefe de Gabinete. Iglesias, aprovechó el receso de Enero y dedicó casi todas las noches de la primera quincena, a mostrar sus dotes de “porteño y bailarín”. Otros que saben de tanto en tanto virutear son Luis Brandoni y Miguel Bonasso, elegantes danzarines. Pero los K no dejan que las milongas sean copadas por la oposición y ya tienen su propio reducto: una vez por mes, en la milonga “El Fulgor de Villa Crespo”, los muchachos de La Cámpora arman un encuentro para superar el paso básico y unirse así, en un abrazo cerrado.



lunes, 17 de enero de 2011

NOTA DE LA SEMANA

Esta semana, en lugar de una de mis notas, reproduzco un reportaje a Bill Pace, secretario ejecutivo del Movimiento Federalista Mundial, en el marco de los "10 DIAS DE DEMOCRACIA GLOBAL" que se realizaron en la ciudad de Buenos Aires entre los días 30 de septiembre y 9 de octubre de 2010.

Bill Pace ha sido el Coordinador de la Coalición por la Corte Penal Internacional desde sus inicios en 1995. Se desempeña como Director Ejecutivo del World Federalist Movement-Institute for Global Policy (WFM-IGP) y Co-fundador y miembro del Comité Ejecutivo de la Coalición Internacional por la Responsabilidad de Proteger.

Durante los últimos 30 años, ha estado comprometido con la justicia internacional, el estado de derecho, el derecho ambiental y los derechos humanos. Anteriormente, se desempeñó como Secretario General del Hague Appeal for Peace, Director del Centro de Desarrollo de Derecho Internacional y Director de la Sección de Relaciones de la Fundación de Conciertos por los Derechos Humanos de Amnistía Internacional, entre otras posiciones.

Ocupa el cargo de Presidente del Consejo del Center for United Nations Reform Education, miembro de la Junta Consultiva de la Fundación One Earth y Co-fundador del Comité Ejecutivo de ONGs de la Comisión de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidad y del Grupo de Trabajo de ONGs del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Ha recibido la Medalla William J. Butler de Derechos Humanos del Instituto por los Derechos Humanos Urban Morgan y actualmente es miembro de la Fundación Ashoka.

“Debemos preguntarnos si queremos cambiar la estructura global o si sólo se va a tratar de reordenar las sillas en la cubierta del Titanic”


por Tomas Flores

Si alguna reforma importante se ha efectuado sobre el sistema jurídico internacional en estos últimos años, ésta es la creación de una Corte Penal Internacional encargada de juzgar crímenes contra la humanidad cada vez que los estados nacionales se demuestren incapaces de hacerlo. Y si alguna persona puede considerarse parte decisiva de la concreción de este proyecto -discutido desde la época de los Tribunales de Nüremberg con el objeto de crear un marco jurídico global capaz de evitar la repetición de las tragedias de la Segunda Guerra- ése es Bill Pace, creador y factotum de la Coalición por una Corte Penal Internacional.

De visita en Buenos Aires para participar de la reunión del Consejo del Movimiento Federalista Mundial, del cual es secretario ejecutivo, Pace –un norteamericano de 52 años nacido en Colorado y residente en Nueva York- nos recibe para hablar de los temas que han formado parte de su trabajo diario por décadas.

En nuestro país, la palabra “federal” se asocia a una forma de organización política interna. ¿Tiene que ver con esto el Movimiento Federalista Mundial? Y si no es así, ¿cuáles son sus objetivos?

Nuestro movimiento es un antiguo movimiento por la paz fundado a finales de la Segunda Guerra Mundial, básicamente, para tratar de evitar el estallido de una tercera guerra. En aquel momento, los Estados Unidos acababan de poner fin a la Segunda Guerra Mundial dejando caer bombas atómicas sobre Japón, y en el plazo de dos años, la Unión Soviética había desarrollado sus propias bombas pensando que sólo quedaba una solución: otra guerra. Líderes como Albert Einstein o Bertrand Russell estaban convencidos de que pasarían sólo 10 o 20 años antes de que el mundo sufriera una nueva catástrofe. Allí nació nuestro movimiento, cuyo objetivo es sustituir la cultura de la guerra por una cultura de la democracia y de la paz. Creemos que el único mecanismo de gobierno que podría lograr instaurar la paz en la sociedad internacional está representado por instituciones democráticas reguladas por la ley y la justicia internacionales, y capaces de proteger los derechos humanos de todos los ciudadanos del mundo.

¿Cómo se desarrolló entonces el proyecto original?

Al principio, nuestro movimiento se dividió en dos alas. Una trabajaba por la unificación política y económica de Europa y la otra decidió ocuparse de la construcción de una democracia internacional. Es evidente que la unificación de Europa fue un gran éxito, que sirve como ejemplo para establecer el estado de derecho como base de la paz y las relaciones entre estados. Hoy, la Unión Europea está integrada por 27 estados y no ha habido guerra en ella desde hace 60 años.
El mundo siguió un camino diferente. Al final de la Segunda Guerra Mundial los antiguos imperios se disolvieron porque las colonias comenzaron a pedir su independencia, arrojando como resultado cuarenta años -desde 1945 hasta 1985- de descolonización. Al mismo tiempo existió una tremenda confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Desde entonces nuestro movimiento propone reemplazar la guerra, el sistema de la guerra, por el del derecho internacional y la justicia para todos, democratizando la toma de decisiones en la ONU, base del orden jurídico internacional, y avanzando hacia la creación de un parlamento mundial.
Siempre hemos sentido que era necesario un parlamento ligado a las Naciones Unidas, para que la ONU tuviera mayor llegada a todos los países, para que no sólo tomen decisiones los ejecutivos de los estados sino representantes elegidos por el voto de la gente. Ese es el objetivo primordial de la campaña por una Asamblea Parlamentaria en la ONU: iniciar un proceso de deliberación democrática de los asuntos globales.

¿En qué nivel se encuentra hoy el proyecto de una democracia internacional o supranacional?

Como es lógico, las dictaduras son adversarias de la democracia internacional. Pero también la mayoría de las grandes democracias nacionales, como los Estados Unidos, India, el Reino Unido o Francia, se oponen en la práctica. El desarrollo de la democracia internacional se encuentra pues detenido en el nivel regional, segmentado, debido a dos colapsos catastróficos de los últimos diez años por parte de los Estados Unidos y el Reino Unido, con su decisión de actuar por sobre la Carta de las Naciones Unidas en su guerra contra el terrorismo, y por la invasión a Irak, una decisión terrible que hizo que el mundo sea menos seguro. El costo lo pagaremos todos en las próximas décadas. Por coincidencia o no, cinco años más tarde hubo una crisis económica mundial. Los líderes financieros del Norte dejaron en evidencia que su liderazgo era imposible, que las instituciones internacionales eran incapaces y que el camino hacia la paz y la seguridad estaba destrozado.
Creo que es un tema clave el preguntarse si el mundo va a cambiar su estructura financiera, en particular: si sólo se va a tratar de reordenar las sillas en la cubierta del Titanic o si vamos a crear un nuevo sistema de gobernanza, no sólo económica. La Unión Europea es un buen ejemplo del establecimiento del Estado de Derecho como la base de las relaciones entre los países, pero hoy los gobiernos más poderosos parecen estar moviéndose desde el G-8 al G-20 en vez de recurrir a las Naciones Unidas, cuando el G-20 ha sido poco efectivo como instrumento de gobernabilidad global en la prevención de catástrofes, tanto económicas como militares. Nuestra esperanza es que los líderes de los gobiernos apliquen a nivel internacional los principios de la democracia constitucional, porque las democracias son una forma de gobierno a veces frustrante, pero no conozco a nadie en Argentina que quiera volver a la dictadura militar de hace treinta años.

¿Piensa que la democracia en América Latina corre peligro?

Creo en la elección de los representantes a través del voto, y en la legitimidad que eso le da a los gobernantes. En Latinoamérica, muchos de los representantes electos han sido atacados pero la gente tiene el poder para revertir esos ataques.

¿Lo dice por los últimos acontecimientos en Ecuador?

Estuve muy al tanto de lo sucedido porque mi asesor jurídico es ecuatoriano, y repudio totalmente ese tipo de acciones antidemocráticas. Muchos en el mundo han sufrido, y sufren, este tipo de abusos. En mi país por ejemplo, cuando era joven, en un período de pocos años asesinaron a Martin Luther King y a John Kennedy. De manera que todos tenemos que participar de las instituciones democráticas y darnos cuenta de que sin nuestra ayuda pueden desmoronarse. La fragilidad está en todos lados, y evitar su caída depende solo del compromiso de los ciudadanos.

¿Cree que Estados Unidos va a apoyar un proyecto de democratización del orden global?

El poder lleva a tomar decisiones en sesiones privadas y pequeñas, y por eso a los Estados Unidos no les gustan las reuniones abiertas y transparentes, lo que también se aplica a los líderes de muchos países pequeños que no se rigen por principios democráticos. Sin embargo, presionados por los ciudadanos del mundo, los Estados Unidos deberán comenzar a rendir cuentas ante todos y a tomar decisiones de manera más transparente.

¿Cuál ha sido el resultado de estos Diez Días de Democracia Global desarrollados en Argentina?

Bueno, hubo tres aspectos del evento. El primero fue la reunión del Parlamento Latinoamericano para debatir cuestiones de integración democrática regional y mundial. Este es un debate que hace pocos años era muy poco considerado en la región; pero ahora se está analizando, por ejemplo, si los procesos de integración regionales deben ser regulados sólo por los gobiernos o si deberían tener también una importante dimensión parlamentaria. Así que hemos participado de una discusión que generó mucho interés acerca del futuro de los parlamentos regionales, y sobre su estado de desarrollo en esta parte del mundo. Y fue una discusión muy fructífera y una reunión muy exitosa. El segundo punto de la agenda fue la propuesta de crear una dimensión parlamentaria democrática a nivel mundial. Y dado que la Asamblea General de la ONU es hoy el órgano más universal del orden jurídico internacional, estamos sugiriendo que en su interior debería crearse ya mismo una asamblea parlamentaria que permita que miembros de los parlamentos de todos los países consideren los grandes temas de la agenda global, como el cambio climático, la proliferación nuclear o la inestabilidad financiera, entre otros. Finalmente, tuvo lugar la reunión de Consejo anual del Movimiento Federalista Mundial, donde discutimos además la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, la reforma del sistema financiero mundial y otras formas de promoción de la democracia mediante el derecho internacional. Está también el objetivo del desarme, tema en el que América del Sur ha adoptado políticas muy avanzadas, como la prohibición de armas nucleares en la región, y que servirán de modelo para el resto del mundo. Si podemos tener éxito en el desarme regional es posible que avancemos también en el desarme mundial, y Argentina es un país que está adelante en muchas de estas cuestiones, como justicia internacional y derechos humanos.

¿A qué cree que se debió el éxito en esta región?

Básicamente, por las desapariciones que se han sufrido en muchos países, y especialmente en Argentina. Sudamérica ha insistido a través de los años en no tener conflictos armados y eso es un gran aporte a la comunidad internacional.

¿Cuál es el paso siguiente en este terreno?

Vamos a seguir luchando por la justicia internacional, para hacer que más gobiernos adhieran a la Corte Penal Internacional, especialmente los Estados Unidos, que primero se opusieron pero ahora, con la mueva administración, han ido cambiando de parecer. Además, debemos seguir avanzando en otros bloques regionales, y tenemos la difícil tarea de incluir a todos los países de la Unión Africana, para ayudarlos a oponerse a la guerra y desarrollar su propia democracia. Por último, vamos a trabajar para convencer a los gobiernos de que no necesitamos un G-20 que gestione toda la política mundial y tome decisiones globales, sino que debemos apostar por la democratización de la ONU de todas las maneras en que sea posible.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

NOTA DE LA SEMANA

Esta semana, en lugar de una de mis notas, les copio aquí abajo los que me han parecido los mejores pasajes del discurso Vargas Llosa en el momento de recibir el Premio Nobel:

“Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad”

“…En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy –que trato de ser– fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china…”

“…No sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente…”

“…Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país –lo que tampoco tendría mucha importancia–, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí…”

“…Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan– el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra…”

“…Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!...”

“…La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza…”

“…No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver…”

“…El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo y triste apelativo–, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño –la llamábamos el Barrio Alegre–, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad…”

“…Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.
Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños…”

“…De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.”

Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.

martes, 21 de diciembre de 2010

NOTA DE LA SEMANA

Hojeando mis libros, en "Globalizar la democracia", escrito en 2006, encontré esta predicción de la crisis económica mundial que hoy comparto con ustedes.

LAS CINCO CRISIS GLOBALES Y EL FIN DE LOS DINOSAURIOS

Apenas una o dos generaciones atrás casi todos los problemas a los que se enfrentaba un ser humano tenían una escala y una dimensión básicamente nacionales. Su educación transcurría dentro de un sistema educativo nacional, su salud dependía de sistemas sanitarios nacionales, tenía trabajo si la economía nacional marchaba bien y moría en una guerra si su estado nacional lo decidía. Si tenía la suerte de vivir en un país democrático podía gozar de una relativa pero confortante participación en las decisiones que afectaban su vida. Buena o mala, así era la vida en las Modernidades Nacionales basadas en la economía industrial, y había muy poco que hacerle.
Este mundo ya no existe. De él sólo quedan en pie sus obsoletas instituciones políticas. En tanto éstas siguen pensando los problemas en términos nacionales, un colapso económico en Asia puede acabar con nuestro trabajo, una peste que se expande por África modifica nuestras costumbres sexuales, una secta religiosa fundamentalista de Medio Oriente afecta nuestra percepción de seguridad y el cambio climático nos amenaza a todos por igual. Todos rezamos para que los terroristas del Tercer Mundo y los líderes militaristas del Primero miren para otro lado, esperamos que los vecinos cuiden bien sus reactores nucleares a fin de evitarnos un Chernobyl cerca de casa y observamos con espanto que todo se globaliza, menos la Democracia.1 Nuestra suerte, y la de la humanidad, se juega mayormente en un escenario globalizado. Y dado que casi no existen instituciones responsables de dar respuestas racionales a estas cuestiones, y las que hay son cualquier cosa menos democráticas, a todos nos invade un sentimiento de impotencia e indefensión, cuando no la nostalgia por los viejos buenos tiempos industrial-nacionales.
Podemos describir la crisis civilizatoria que atraviesa la humanidad en cinco dimensiones globales:
1) Crisis económica. La inexistencia de regulaciones económicas globales
ha provocado crisis financieras profundas y riesgosas. Durante un lustro estas crisis han tenido una alarmante ciclicidad, con un epicentro anual perfectamente localizado (México en 1995, el sudeste asiático en 1997, Rusia en 1998, Brasil en 1999, Turquía en 2000, Argentina en 2001), lo que demuestra que se ha tratado de mucho más que de episodios casuales. La posterior entrada de China y la India en el mercado mundial ha causado su momentánea desaparición y originado un cambio de tono en la economía mundial. Sin embargo, no existe una sola economía
desarrollada que no esté pasando por un momento de incertidumbre, ya sea por los déficit gemelos de los Estados Unidos, por el escaso crecimiento de los principales países europeos (Francia, Alemania e Italia a la cabeza) o por la recesión ya casi crónica que afecta la economía japonesa. Todo hace pensar que la crisis, lejos de desaparecer, puede estar desplazándose hacia el centro del sistema.
Ante la falta de instituciones democráticas mundiales capaces de poner un freno al cortoplacismo capitalista se hace presente la sombra de 1929 –es decir, la posibilidad de un colapso del sistema de financiación, producción e intercambio global–. Por otra parte, una mejora de variantes macroeconómicas como la productividad, la inversión y la producción total no resulta ya condición suficiente para el mejoramiento concreto de los niveles de vida de la mayoría de los ciudadanos. La producción mundial subió de 4 a 23 billones de dólares en las últimas dos décadas, pero la cantidad de seres humanos pobres creció un 20% en el mismo período.2 A su vez, la ratio de riqueza entre el 20% más pudiente de la humanidad y el 20% más pobre3 ha ido de 30 a 1 en 1960, de 59 a 1 en 1990, y de 74 a 1 en 1997.4 Por otra parte, en una sociedad mundial de la información, no
sólo crecen las desigualdades sino la percepción de esas desigualdades, lo que contribuye a crear una situación social globalmente explosiva.
En el mundo de la informatización y las redes comunicativas globales, aproximadamente un 30% de la humanidad subsiste con un ingreso diario inferior a un dólar, fenómeno que configura lo que algunos economistas han denominado “economía de apartheid”. Esta dificultad de distribuir social y planetariamente lo producido, típica de un capitalismo no sujeto a regulaciones redistributivas, está frenando el ritmo de crecimiento económico global, que en el largo período ha disminuido de los 5 puntos anuales que eran habituales en la posguerra a alrededor de la mitad.
La relación entre una recesión débil pero permanente, de escala mundial, y la obsolescencia de las políticas redistribucionistas keynesianas es clara: el mundo se encuentra dividido entre un polo desarrollado cuyo crecimiento está obstaculizado por la falta de demanda efectiva global y un polo subdesarrollado incapaz de acceder al consumo. Resulta difícil imaginar un restablecimiento sostenido del ciclo económico expansivo global y una disminución de la volatilidad de los mercados sin superar esta contradicción, reconstituyendo la base política del keynesianismo: la igualdad de escalas, entonces nacional y ahora global, entre las instituciones económicas y las políticas.