DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires
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jueves, 5 de noviembre de 2009

DISCURSO EN EL RECITNO.-

Tratamiento del Proyecto de ley sobre extracción compulsiva de ADN.
Código Procesal Penal de la Nación. Incorporación del Articulo 218 bis, sobre obtención del Acido Desoxirribonucleico - ADN - del imputado o de otra persona. Dictamen de Mayoría. Votación en General y Particular.
4 de noviembre de 2009.

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Iglesias.- Señora presidenta: no voy a hablar de mi experiencia personal en materia de derechos humanos porque nada de lo que haya hecho o dejado de hacer hace a mis ideas mejores o peores. Pero déjenme decirles que he estado en minoría en los años 70, cuando gran parte de la sociedad argentina creyó que la transformación social pasaba por vías que no eran las de la democracia. Estuve en minoría durante la dictadura, cuando esa misma sociedad creyó que los derechos humanos no importaban, que algo habrían hecho y que por lo tanto había que reprimir y que todos los métodos eran lícitos. Y estuve en minoría en los 90, cuando íbamos a llegar por arte de magia al Primer Mundo, y seguí estando en minoría con el kirchnerismo, y también probablemente lo voy a estar ahora. Pero no por eso voy a dejar de decir lo que pienso, aunque estoy seguro de que muchas personas que quiero, y cuya lucha conozco desde hace mucho, no van a estar de acuerdo conmigo.
La primera pregunta que hay que hacerse en este tema es qué es la identidad, porque hay quienes usan aún hoy un concepto antiguo de la identidad según el cual la identidad nos viene simplemente dada por la historia. Es la identidad que tuvo mi abuelo; mi abuelo nació y era gallego, español, católico, heterosexual, campesino. Todo lo que era había estado fijado por su nacimiento. Hoy, en plena Modernidad, no pensamos a la identidad en esos términos. Pensamos a la identidad como la capacidad que tiene el propio sujeto de elegir quién es, de decidir cuál es su propia identidad. Y también la pensamos como imposibilidad de la sociedad, del Estado y de cualquier otro de imponerle a una persona una identidad -justa o no- pero que ella misma no reconoce.
La decisión soberana del sujeto es hoy la base de la identidad, y es por eso que son extraordinarios los éxitos que han tenido las Abuelas en encontrar cien nietos pero, hay que resaltarlo, se calcula que el número de nietos apropiados es cuatro o cinco veces mayor. La verdad, la triste verdad, es que siendo la cuestión de derechos humanos tan pública y dolorosa en la Argentina esto sólo se explica por un solo factor, y es que la mayoría de esos chicos no quieren ser encontrados. Yo puedo estar en desacuerdo con ellos, pero no puedo imponerles mi decisión, y creo que esta regla vale para todos.
Aquí se habló de psicología, de la necesidad de curar y reparar esta terrible herida. Pero la psicología moderna enseña que no hay cura si no hay voluntad de cura, y no se abrevia el paso hacia la cura obligando a alguien a someterse al tratamiento. Por el contrario, se lo cierra. Por eso considero que este proyecto de ley es muy malo, por varios aspectos, pero sobre todo porque no va a permitir la reparación, no va a permitir el camino de la reparación. El camino de la reparación de la identidad robada empieza cuando una persona consciente y voluntariamente quiere encontrar su origen y reencontrarse con aquella historia perdida por la dictadura genocida. Esta ley no permite eso; al contrario, lo obtura. Obtura ese proceso y obliga a la persona a enquistarse donde está. Invito a todos los que de buena fe y con buena voluntad, y después de enormes sufrimientos, piden que se sancione, que reflexionen sobre esto; que piensen si es esto realmente lo que quieren: imponerle a sus nietos una historia y una identidad que rechazan. Esta ley no cura, no sana, no reunifica, no permite que el individuo encuentre su camino hacia esa historia perdida. Por el contrario, es un obstáculo absoluto.
Se acaba el tiempo pero quiero hacer un par de aclaraciones más. La primera: lo que es compulsivo no es la extracción de sangre, sino la revelación ante ellos mismos y ante el resto de la sociedad de una identidad que esas personas manifiestamente no quieren reconocer. Quienes quieren hacerlo tienen todos los medios, y no lo hacen. Es una cuestión pública y el Estado debe garantizar el derecho de todos aquellos que quieren reconocer esa historia y encontrar esa identidad para que lo hagan. Pero no puede imponerles que lo hagan si no quieren.
Me pregunto quién puede hacerlo. ¿La sociedad argentina puede hacerlo? Esa sociedad, como sostuvo la Presidenta de la Nación, cuya gran mayoría apoyó ese genocidio, ¿tiene ahora derecho a imponer esto a sus víctimas? ¿Puede hacerlo el Estado, cuando fue ese Estado el que los secuestró y el que mató a sus padres, cuando fue el Estado el que los ocultó y el que permitió que pasaran años y años sin verdad ni justicia? ¿Tiene ahora derecho a infligirles lo que para la mayoría de ellos o para todos ellos -porque por algo se niegan- va a ser sentido como un daño moral irreparable?
Quiero subrayar otro aspecto que me parece importante de esta ley, que tiene que ver no sólo con los derechos humanos del pasado sino con los derechos humanos del futuro. El Estado argentino no admite, aun sabiendo que un ciudadano es culpable de un crimen horrendo, considerar como válidas las pruebas de ese crimen si esas pruebas fueron obtenidas ilegalmente. Es lo que ha enfatizado el garantismo, es decir: el respeto de las garantías constitucionales. Y cuando digo que no lo admite, digo que deja libre a un criminal si las pruebas fueron obtenidas ilegalmente por la Policía porque aceptar esas pruebas sería abrir las puertas a nuevas violaciones de las garantías. En cambio, si esta norma se sanciona como parece va a suceder, estaremos abriendo una puerta más para que el Estado, en nombre de valores del propio Estado, imponga su decisión sobre la decisión más sagrada del individuo que es la referida a su identidad, su intimidad y su privacidad, y sobre los modos en que después de una historia terrible quiere reconstruirla o no quiere hacerlo. ¿Por qué valen las garantías sobre la obtención de pruebas para los que quebrantan la ley y no valen para quienes han sido víctimas de un Estado genocida?
La decisión del individuo de negarse a conocer su historia pasada es exactamente la misma que impide la legalidad de la tortura. Cuando miles de personas murieron en actos de violencia terrorista se planteó esta cuestión: si el Estado tenía derecho o no a aplicar una tortura leve o una tortura moral a los miembros de una banda terrorista para obtener informaciones capaces de impedir nuevos atentados. En algunos casos esa tortura era solamente moral, como obligarlos a tirar el Corán por el inodoro por ejemplo, y la respuesta de quienes defienden los derechos humanos fue: no. Es Estado no tiene ese derecho aun cuando sea para proteger miles de vidas que pueden morir en un atentado y una persona tiene la información sobre cuándo y dónde va a tener lugar ese atentado. Porque abrir esa puerta para que el Estado, en nombre de un bien que el propio Estado considera superior, pueda aplicar un daño físico o moral irreparable a un individuo, es abrir la puerta a un Estado policial.

- Manifestaciones en las galerías.

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- La Presidencia solicita al orador que redondee su discurso porque ha vencido su término.

Sr. Iglesias.- Así lo haré, señora presidenta. Debemos garantizar el derecho de quienes quieren saber y recuperar aquella historia, pero también debemos respetar el derecho de quienes han sido las más terribles víctimas de esta dictadura para enfrentar su drama como ellos decidan y no como nosotros decidamos. Ni siquiera tienen derecho a cambiar esa decisión sus familiares, que han sufrido tanto como ellos. Nadie puede imponerles esa decisión.
- Manifestaciones en las galerías.

Sr. Iglesias.- Lo que no podemos...

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- La Presidencia le advierte al orador que se está excediendo en su término.

Sr. Iglesias.- Señora presidenta: hubo quienes se excedieron en su término. Estoy redondeando mi exposición.

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- La Presidencia le aclara que está conduciendo la sesión.

- Manifestaciones en las galerías.

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- La Presidencia solicita a quienes se encuentran en las galerías que respeten al orador.

Sr. Iglesias.- Quiero reiterar el compromiso de nuestro bloque con la verdad, con la justicia y con los derechos humanos.

- Manifestaciones en las galerías.

Sr. Iglesias.- Pero creemos que no se pueden defender los derechos humanos violando uno de los derechos fundamentales, como lo es el derecho que tiene cada uno de nosotros a establecer cuál es su propia identidad. Mucho menos se lo puede hacer desde un Estado que fue el causante de ese genocidio y de ese robo de la Historia. Si hoy violamos este derecho estaremos abriendo una puerta muy peligrosa hacia un Estado policial; hacia un Estado que considera que en nombre de altos principios, como la verdad y la justicia, tiene el derecho a violar el derecho individual a la integridad física y a la identidad personal. Por eso anticipo mi voto negativo a la cuestión. Gracias, señora presidente.