DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

viernes, 21 de noviembre de 2014

Es el peronismo, estúpidos!


El reportaje que me hizo esta mañana Ernesto Tenembaum, sobre Carrió y su salida de UNEN, está en

http://radiocut.fm/radiostation/rockandpop/listen/2014/11/21/08/15/00/

"Es el peronismo, estúpidos!" y "Muchachos, nos gobierna una mafia, por favor despiértense!" son los hits.
Eran las cinco en el DF mexicano y estaba un poco dormido, sepan disculpar.

martes, 18 de noviembre de 2014

A proposal for regional federalism



A proposal for regional federalism- An international court to save democracy in LatAm
La entrevista que me hizo Andrew Graham-Yooll para el Buenos Aires Herald está en 

http://www.buenosairesherald.com/article/174762/a-proposal-for-regional-federalism

domingo, 16 de noviembre de 2014

Notas tristes desde un mundo que se desmorona






Mi artículo de hoy, Notas tristes desde un mundo que se desmorona, ya está en 

http://www.losandes.com.ar/article/notas-tristes-desde-un-mundo-que-se-desmorona …

Espero que lo disfruten.... no.... que les guste... tampoco.... queeee...queeee... No sé. Ustedes sabrán. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Una Buenos Aires para el siglo XXI



Mi nota de opinión "Una Buenos Aires para el siglo XXI" ya está en

http://www.lanacion.com.ar/1743056-una-buenos-aires-para-el-siglo-xxi



"Derecha es creer que es progresista urbanizar villas, condenando a otros y a los hijos de otros a habitar para siempre en cubículos en los que ningún progre de clase media aceptaría vivir una semana". 

Ojalá estén de acuerdo, o por lo menos, les interese. 


domingo, 2 de noviembre de 2014

DESENDEUDARIOLA


DESENDEUDARIOLA, mi nota de opinión sobre un país que está más endeudado que nunca gracias al "desendeudamiento" kirchnerista, ya está en 

http://www.losandes.com.ar/article/desendeudariola




DESENDEUDARIOLA

Cuando Cristina dice que está pagando una deuda que no adquirió miente dos veces. En primer lugar, miente porque hace aparecer como excepcional lo que es moneda corriente en todo el mundo: pagar las deudas de gobiernos anteriores. No es un favor que la Argentina peronista-nac&pop le hace a la Argentina peronista-neoliberal que la precedió, sino una regla de comportamiento inevitable entre los sucesivos gobiernos de un mismo país. En segundo lugar, Cristina miente porque esta deuda no la adquirió su gobierno pero sí un gobierno de su partido, y del que ella y su marido formaban parte. Ese gobierno, el de Menem, duplicó la deuda en los Noventa sin que al gobernador Néstor ni a la senadora Cristina se les haya escuchado una crítica jamás. Ni a la deuda, ni a la plata dulce que ese endeudamiento irresponsable y consumista posibilitó, que fue el corazón del proyecto menemista, el alma de la reelección y la semilla del colapso que finalmente provocó.
Cristina oculta que fue otro gobierno de su partido, el de Rodríguez Saá, el que proclamó el default en una Asamblea Legislativa que Cristina integraba. En silencio otra vez, claro, salvo por las expresiones de júbilo y las entonaciones de la Marcha Peronista y el Himno Nacional. Finalmente, fue otro gobierno peronista, el de Duhalde, el que al devaluar salvajemente hizo que la deuda pasara del 61.9% del PBI en 2001 al 153.6% del PBI en 2002, lo que la hizo impagable. 
Duplicación menemista en los Noventa; default rodriguez-saísta con marchita e himno incluidos y devaluación salvaje duhaldista en 2002. Su partido lo hizo, Presidenta. El peronismo. Háganse cargo de algo, compañeros. Alguna vez, para variar.

Cristina miente también cuando dice que el gobierno kirchnerista aplicó el pagadios de 2005 en beneficio de los más desprotegidos. Lo que con el cuento de la deuda externa y la lucha contra el imperialismo hizo el Gobierno en 2005 es desconocer obligaciones cuyo grupo nacional mayoritario eran los propios argentinos (que poseían el 38.4% de los bonos defaulteados), después de lo cual le pagó diez mil millones de dólares en dólares y por adelantado al FMI. Más de seis veces el fallo de Griesa. Para hacerlo, canceló deuda colocada al 4% anual con dinero prestado por Chávez al 15% anual, con un perjuicio directo para el país de novecientos millones de dólares. Y eso no es todo. Mientras que la maléfica y neoliberal Unión Europea reestructuró la deuda de Chipre sancionando el pago total hasta los primeros 100.000 euros y resguardando así a los pequeños ahorristas, el gobierno nacional y popular de Néstor y Lavagna le aplicó la misma quita a todos, ya fueran pequeños ahorristas como grandes especuladores internacionales. Después sancionó una ley cerrojo que impidió cualquier pago futuro a los bonistas que no habían entrado al canje, llevando a cero el valor de esos bonos, sacándolos de manos de operadores pequeños e impotentes y poniéndolos a disposición de lo que ahora llaman, hipócritamente, “fondos buitres”. He aquí la dolorosa verdad: no hay fondos buitres sin déficit fiscal y endeudamiento irresponsable (Menem), ni sin defaults populistas (Rodríguez Saá), devaluaciones competitivas (Duhalde), reestructuraciones exitosas (Lavagna) y leyes cerrojo (Kirchner). Los resultados de semejante festival de economía peronista los estamos pagando hoy. Es bueno recordarlo, para que cada uno se haga cargo de lo que alguna vez votó y aplaudió.

Ciertamente, el país no podía pagar su deuda de 2005 sin un ajuste doloroso. Tan cierto como que la dupla Néstor-Lavagna falló en todos y cada uno de los objetivos de toda reestructuración. Mientras la Argentina aplaudía y los disidentes éramos crucificados, Lavagna, Néstor y Cristina lograron que los aprietes del Gobierno nos dejaran fuera del mercado de deuda por una década, dejaron caer a pedazos la infraestructura y la producción energética para usar los recursos ahorrados en una efímera plata dulce que ya se ha disipado, e incorporaron al acuerdo con los acreedores un bonus por crecimiento que se llevó buena parte de la quita, que los llevó a destruir el INDEC para intentar disminuir los daños y que los obligó a usar reservas del Banco Central para cancelar pagos, concentrando el ahorro en manos del Estado con consecuencias recesivas y corridas cambiarias que el cepo detonó. Aún hoy, mientras los dólares impresos por Estados Unidos para salir de la recesión siguen inundando el mundo, aquí faltan. Los dólares y los insumos que con ellos se compran, cuya ausencia constituye una de las causas principales de la actual recesión.

Pero Cristina miente mucho más cuando irresponsablemente dice que desendeudaron al país. Primero, porque lo que hizo el kirchnerismo fue disminuir la deuda externa sin disminuir la deuda total, pasando de deberle a acreedores externos y organismos internacionales a debernos a nosotros mismos, vía Banco Central y ANSES. Para comprobar que no nos desendeudamos sino que  nacionalizamos la deuda pública basta comprobar que su total, una cifra cercana a los 200.000 millones de dólares, es similar a la que se debía antes del pagadios de Kirchner-Lavagna y representa mucho más del 40% del PBI, como en los tiempos del compañero Menem. Según estimaciones del FMI, llegará al 58,9% para el cierre del año próximo, con lo que superará largamente el 53,7% de 2001. Así que el próximo default masivo y generalizado, objetivo al que nos acercamos a respetable velocidad, nos lo vamos a hacer a nosotros mismos; jubilados en primera fila. Lo que se dice: soberanía financiera.
Aún peor, si consideramos la deuda en su totalidad el país está hoy mucho más endeudado que nunca. El mismo gobierno que no se cansa de distinguir entre “economía real” y “economía financiera”, cuando se refiere a la deuda menciona sólo su parte financiera y se olvida de la deuda de la economía real. En efecto, a la deuda puramente financiera hay que agregarle las tres grandes deudas que este gobierno, solito y sin ayuda, ha acumulado durante la Década Ganada. Primera y principal, la jubilatoria, de unos 50.000 millones de dólares según una estimación basada en declaraciones del Director de la ANSES, Diego Bossio. Segundo, la energética, ya que para volver a niveles de autoabastecimiento se requerirán inversiones por aproximadamente 120.000 millones de dólares, según una estimación basada en declaraciones del director de YPF, Miguel Galuccio. Tercero: los miles de millones necesarios para reparar lo que durante diez años no se mantuvo ni se amplió de la infraestructura carretera, ferroviaria, portuaria, conectiva y habitacional del país, con el fin de destinar recursos a esa nueva plata dulce que ganó elecciones en 2007 y 2011 y que está dejando el tendal. Un gasto inconmensurable.
Estamos hablando de un total de 170.000 millones de dólares de deuda no-financiera, que sumados a los casi 200.000 millones de deuda financiera y a los necesarios en gasto de infraestructura superan ya holgadamente valor de un entero PBI, duplicando las cifras de los Noventa y aproximándose peligrosamente a las que llevaron al default de 2002 y el paga-Dios de 2005. Esto, si no devalúan. Si devalúan, como parece cada día más inevitable, tendremos otro efecto-Duhalde y estaremos a las puertas de un nuevo Big-Bang.

¿Desendeudamiento? Desendeudariola. Una cosa es desendeudarse y otra cosa es no pagarle a nadie y estar hoy tan mal como cuando el pagadios comenzó. Si de verdad la oposición quiere hacer algo por el país debería impulsar ya mismo una ley que impida al próximo gobierno todo endeudamiento externo cuyos fondos no se dirijan al incremento –repito: el incremento, ya que el dinero es un bien fungible- del gasto en infraestructura. Sería la mejor manera de cortarle el camino a nuevos populismos plata-dulcistas de cualquier signo y de meter finalmente al país en el siglo XXI, que empezó hace una década y media para el resto de la humanidad.


Dice el escudo de la Unión Industrial Argentina que sin industria no hay nación. Yo no lo creo, pero estoy seguro de que sin infraestructura no hay país. Un plan de infraestructura de diez años, consensuado desde ahora entre todas las fuerzas opositoras y coordinado con los de los países vecinos, sería también la única manera de darle un trabajo genuino y no un quincho subsidiado a millones de obreros argentinos que en vez de estar hoy construyendo las rutas, los ferrocarriles, los puentes, los puertos, las viviendas, las cloacas y las redes de gas y de energía que el país y sus ciudadanos necesitamos con desesperación sobreviven malamente fabricando pitutos en tallercitos jurásicos. Y todo, porque al industrialismo nac&pop argento hace setenta años que no se le ocurre otra cosa que seguir subsistiendo miserablemente de la miseria nacional y popular.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Un Parlamento Mundial: ¿posibilidad o utopía?






El lunes, en la Universidad de Belgrano, mi conferencia: "Un Parlamento Mundial: ¿posibilidad o utopía?"

En el marco de la World Parliament Week 


lunes, 27 de octubre de 2014

PARA TODOS LOS HOMBRES DEL MUNDO






"Para todos los hombres del mundo" fue mi nota de ayer en Los Andes y La Voz del Interior. 
La propuesta de la Presidenta de deportar extranjeros es tan anticonstitucional, fascista e inefectiva como el propio kirchnerismo.

Les paso el link de ambos, la nota completa y la tapa de La Primera, de los tiempos en que la xenofobia era solamente de derecha. 


http://www.lavoz.com.ar/opinion/para-todos-los-hombres-del-mundo

http://www.losandes.com.ar/article/para-todos-los-hombres-del-mundo






PARA TODOS LOS HOMBRES DEL MUNDO

La propuesta enunciada por Cristina Fernández de Kirchner en su alegato a favor del nuevo código procesal penal, consistente en la "expulsión de extranjeros" sorprendidos in fraganti en la comisión de un delito, es anticonstitucional, fascista y absurdamente inefectiva. Tan anticonstitucional, fascista y absurdamente inefectiva como el propio kirchnerismo, vaya casualidad… 

Expulsar extranjeros es anticonstitucional en la República Argentina porque la Constitución establece, en su artículo 20º, que “los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano”. Va de suyo que un tratamiento procesal diferencial determinado por la extranjeridad es contrario no sólo al espíritu, sino a la letra constitucional. En segundo lugar, es fascista porque focalizar la represión del delito en la expulsión de extranjeros mientras todo el sistema político, judicial y policial argentino hace agua, y cuando mafias y patotas bien argentas se han apoderado del país, comenzando por el Ejecutivo y el Congreso y pasando por las dependencias estatales, las compañías aéreas, los sindicatos, las comisarías, los clubes de fútbol y las asociaciones de clubes de fútbol, es  exaltar esa xenofobia que es el peor producto, entre muchos, del nacionalismo, y la flor en el ojal de su expresión extrema: el fascismo. 
No es casualidad. Que la propuesta del kirchnoperonismo coincida extrañamente con el tipo de políticas aplicadas en el país mediante la Ley de Residencia de 1902 y recomendadas hoy por el Front National de Marina Le Pen demuestra dos cosas: que el nacionalismo no es de izquierda sino expresión de la peor derecha fascistoide, aquí y en todos lados; y que de la Argentina del Centenario que tanto dice despreciar, el kirchnerismo sólo es capaz de reproducir sus peores aspectos. Inevitables, acaso, a comienzos del siglo XX. Execrables, un siglo después. 

En tercer lugar, la propuesta de nuestra famosa campeona de los derechos humanos y reconocida arquitecta egipcia es absurdamente inefectiva porque en el marco existente, constituido por once años de kirchnerismo en el poder, la política de expulsar extranjeros no es otra cosa que elevar el sistema de puerta giratoria a la categoría internacional. ¿Cuánto tardarían los delincuentes en reingresar al país a través de nuestras fronteras, desprovistas de cualquier control migratorio y policial efectivo? ¿No sería esta innovación una enorme ventaja para quienes vienen al país a delinquir? ¿No les otorgaría una impunidad aún mayor que la existente? Si esta reforma se sancionase y el Gobierno fuera coherente, el Ministerio de Turismo debería organizar una campaña “Visit Argentina” para cacos y narcotraficantes. Como ventaja adicional, podría ofrecer pasajes con descuento en Aerolíneas Camporistas. “Si la pegás, pasás al frente. Si te va mal, te traemos de vuelta a tu país y volvés a empezar” podría ser el slogan de la campaña de publicidad. 
Que doce años de depredación y delirio camuflados detrás de las banderas del garantismo y los derechos humanos iban fatalmente a terminar en algún tipo de contrarreforma fascistoide lo dábamos por descontado. Lo que no esperábamos es que la nueva ola fuera cabalgada, otra vez, por el Gobierno del “Ningún pibe nace chorro” y el “Todo delincuente es una víctima de la sociedad”. ¡Un nuevo punto para el psicópata, siempre capaz de sorprendernos, pobres y neuróticos mortales, con su alucinante mistura de fanatismo e inmoralidad!

Pero hay más. No se trata solamente de la habitual dosis de plasticidad ideológica y oportunismo político que sólo hace posible la carencia de toda estructura ética. Es algo más. Se trata de la instalación deliberada y planificada de falsas antinomias. Ahora es argentinos versus extranjeros; ayer fue campo versus industria; clases altas versus trabajadores; rubios versus morochos; Argentina versus el mundo; capital versus interior. Es una estrategia a la que el peronismo nos ha acostumbrado desde sus orígenes: separar, mostrar como antagónico y provocar el enfrentamiento de lo que debería estar unido si de verdad quisiéramos construir un gran país. Porque un gran país se hace con el campo y con la industria; con las clases altas y los trabajadores; con los inmigrantes y los cabecitas; con los rubios y los morochos; con la capital y con el interior. Un gran país no se hace aislándose ni peleándose con todos sino insertándonos en el mundo como mejor estrategia para defender el interés nacional. Pero un gran país no se hace con corruptos, autoritarios y delincuentes enquistados en el poder, y esto es –precisamente- lo que las falsas antinomias populistas intentan ocultar: las profundas y bien reales antinomias nacionales, la verdadera grieta que determina la realidad argentina: corruptos versus honestos, autoritarios versus republicanos, delincuentes versus gente que vive de su trabajo y quiere hacerlo en un país normal. Son estas las verdaderas divisorias de aguas que separan a los argentinos, y que el kirchnoperonismo ha intentado borrar con falsas antinomias y sosteniendo que es necesario robar para hacer política, destruir las instituciones para defender a los pobres y enriquecerse ilícitamente para enfrentar a las corporaciones. Un gran país no se hace así, ni enfrentando a los argentinos con los inmigrantes extranjeros. Un gran país se hace con los argentinos honrados y con los extranjeros honrados en el trabajo y en el poder, y con los delincuentes de cualquier nacionalidad, cargo y pertenencia partidaria en la cárcel. Así lo demostró aquella Argentina nacida de la Constitución que la creaba “para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.  Quisiera detenerme en esta frase genial del Preámbulo de la Constitución Argentina antes de terminar. 

Las constituciones de todos los países suelen hacerse en nombre de los habitantes de esos países y de su historia en común. El pasado y la nación son, pues, sus categorías fundacionales. La de la República Argentina, no. La Constitución Nacional de la República Argentina es, hasta donde sé, la única en el planeta que se abre al mundo y al futuro, que no se limita al presente sino que piensa en términos de “nuestra posteridad” y no se cierra en el territorio nacional sino que habla “para todos los hombres del mundo”. Es global y futurista. Mundo y futuro son sus categorías fundantes. Y fue parte -acaso: produjo- un proceso de innovación revolucionaria basado en la inmigración que llevó al país de ser un pobre suburbio virreinal del Perú y el Paraguay a estar entre los diez primeros del mundo. No sólo en términos de riqueza sino en las condiciones de vida efectivas de sus trabajadores y clases populares, muy superiores a las de Latinoamérica y la mayor parte de los países de Europa, como la masividad de la propia inmigración europea demostró. 
Y bien, todo empezó a tambalear y terminó desmoronándose cuando un grupo de historiadores luego agrupados bajo el apelativo de “revisionistas históricos” desplazaron al mundo y al futuro del ADN de la sociedad nacional para instalar a la nación y al pasado como sus grandes líneas directivas. Ya nada sería igual. Los revisionistas históricos elitistas encontrarían en el Partido Militar de Uriburu la encarnación de sus teorías. Los revisionistas históricos populistas, en el General Perón y el Partido Populista que fundó. 
Como documenta la fotografía, juntos llegaron a la Casa de Gobierno el 6 de septiembre de 1930 para dar el primer golpe cívico militar y entrar definitivamente en nuestra Historia. Y no se fueron más. Sus líderes, hijos y entenados gobernaron casi todo el tiempo transcurrido desde entonces, y lo siguen haciendo aún, tratando de convencernos que todo lo malo que pasó en el último cuarto de siglo se debió a los dos años (1999-2001) en que no estuvieron en el poder, y de que expulsando a quienes dejaron entrar sin ningún control se solucionarían los enormes problemas de seguridad causados por la proliferación de mafias transnacionalizadas. Que el candidato del Frente Renovador y de la liga de intendentes del conurbano haya salido inmediatamente a apoyar este delirio del Frente para la Victoria es un hecho, no una opinión. Y demuestra otra vez dónde está la línea divisoria. 

No se trata de argentinos versus inmigrantes sino de delincuentes versus gente honesta. Se trata de elegir entre una república orientada al mundo y al futuro y una nación populista, ombliguista y empantanada en su pasado de fracaso y frustración. Se acerca el momento, probablemente, de la última oportunidad.