DE VICTORIAS, DERROTAS Y OPORTUNIDADES
Publicado en Revista "Newsweek". Julio de 2009.
A pesar de ser la mía una opinión de parte, creo que es justo afirmar que el Acuerdo Cívico y Social es el claro ganador de estas elecciones, disputadas de manera muy diferente a la que correspondería a un país civil y en evidente inferioridad de condiciones. Alrededor de cinco millones ochocientos mil electores argentinos, el 30.3% del padrón) se han pronunciado a favor del acuerdo entre la Coalición Cívica, la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista y sus aliados, superando los guarismos que pudiera mostrar cualquier otra fuerza. Nuestras listas y las de nuestros aliados han vencido contundentemente en Córdoba y Mendoza, superando en conjunto el 50% del electorado. A eso se suman los triunfos en diputados en Entre Ríos (35%), Catamarca (39%) y -muy especialmente- en Santa Cruz (42%), donde ojalá la nueva legislatura logre exigir a los Kirchner una exhaustiva rendición de cuentas por ciertos fondos provinciales extraviados.
Como corresponde a unas elecciones legislativas, las cuentas se hacen en términos de bancas: nuestros interbloques en el Congreso son los que más han aumentado su cantidad. Seremos el segundo grupo en ambas cámaras: 80 bancas en Diputados y entre 21 y 23 bancas en el Senado, donde se ha verificado un incremento extraordinario sobre las 16 bancas precedentes. Sin dudas, junto con muchos posibles aliados provinciales, nos hemos constituido en la única alternativa en el 2011 al poder del Partido Justicialista que ha gobernado el país dieciocho de los últimos veinte años.
Aún en la Provincia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en los cuales la polarización de la opinión pública, las campañas gran-cuñadescas, los millones de origen obscuro invertidos en afiches y publicdades, las encuestas truchas y las candidaturas testimoniales intentaron sacarnos del tablero, los resultados han sido buenos. Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín lograron más del 21% de los votos, desmintiendo a las encuestadoras testimoniales que los daban por debajo del 15% y superando el 16% obtenido por Stolbizer en 2007. Por su parte, a pesar de los muchos que afirmaban sin sombra de dudas lo contrario, Elisa Carrió consiguió su banca de diputada y la fórmula Prat-Gay – Gil Lavedra obtuvo más del 19% de los votos, reafirmando los tres diputados que teníamos en el distrito y superando lo obtenido por nuestra lista de diputados en 2007, cuando entré al Congreso en una lista que obtuvo el 15% de los sufragios.
Lo votado este domingo por los argentinos representa, por otra parte, el fin de la hegemonía kirchnerista, un objetivo por el que trabajamos denodadamente y que hace apenas un año y medio, cuando ingresé a la Cámara de Diputados, parecía utópico. Y si se mira bien, superando los delirios paranoicos de quienes quieren ver complots destituyentes en el simple y llano ejercicio de la democracia, los resultados constituyen una excelente oportunidad para todos. Para la Presidenta Cristina Kirchner es ésta la gran oportunidad de tomar las riendas de su gobierno y cumplir las promesas de calidad institucional y distribución de la riqueza que hizo en su campaña, ya que lo que siempre estuvo verdaderamente en juego no fue el cumplimiento del mandato presidencial sino más bien su comienzo. Para Unión-Pro es esta una buena chance de demostrar que son capaces de constituirse como una fuerza de centroderecha racional, republicana y convencida de la posibilidad de un modelo de modernización sin exclusiones, para lo cual la primera medida debería ser la de evitar ser deglutidos por el abrazo mortal del Pejota. Para el Pejota no kirchnerista es hora de cumplir los compromisos de renovación enunciados hace ya un cuarto de siglo y naufragados en las experiencias fallidas de Cafiero, Menem, Duhalde y Kirchner; para que el Partido Justicialista deje de avergonzar a los propios peronistas por haberse convertido en el refugio de las oligarquías sindicales, las patotas criminales, los gobernadores feudales, los capitalistas amigos de lo ajeno y los intendentes de un conurbano devastado por la miseria, el clientelismo y la droga. Y para el acuerdo integrado por el radicalismo, el socialismo y la Coalición Cívica queda la difícil tarea de dar un contenido positivo a las críticas al hegemonismo pejotista y de hacer de la derrota de los K la oportunidad para un país con ética, república y verdadera distribución del ingreso. Para esto, el camino es uno solo: constituir con generosidad y apertura una alternativa política orientada al mundo y al futuro con una nueva gobernabilidad federal y republicana adaptada a las necesidades y posibilidades de la Argentina del siglo XXI.
En mi opinión, el grupo político al que pertenezco es el claro ganador de estos comicios. Sin embargo, ojalá todos y cada uno de quienes tenemos la enorme responsabilidad de sacar al país y a sus ciudadanos más desprotegidos de la humillante postración en que se encuentran seamos capaces de ver el resultado de estas elecciones no tanto en el modo de la victoria y la derrota sino en términos de una nueva y mejor oportunidad: la de dejar de una vez atrás los falsos antagonismos (campo-industria, provincias-capital, peronismo-antiperonismo, clase media-trabajadores) que han llevado al fracaso a la Argentina del siglo XX.