DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

miércoles, 8 de noviembre de 2006

El ensayista Fernando Iglesias ofrece un decálogo para entender el fenómeno. El achicamiento del espacio y la reconfiguración del tiempo.
Optimismo ingenuo y lado oscuro.

11 de Septiembre de 2001

DIEZ LEYES GLOBALES
SOBRE LA GLOBALIZACIÓN

Uno de los mayores inconvenientes en la comprensión del fenómeno que llamamos “Globalización” se desprende de su carácter revolucionario, que no sólo supone un cambio radical en la forma en que se estructuran los más importantes procesos sociales de la Modernidad avanzada sino que modifica las mismas premisas epistemológicas con las cuales intentamos aprehenderlos. A casi dos décadas de la caída del Muro de Berlín que significó la apertura optimista del universo global, y a cinco años de la luctuosa tragedia de Manhattan, que puso en evidencia sus aspectos más atemorizantes, parece posible intentar un balance que exceda el maniqueísmo globalidolátrico/globalifóbico y que considere tanto las promesas como las amenazas de un futuro humano que se avizora irreversiblemente global. En este sentido, tomaré el 11 de septiembre y los eventos que lo siguieron para intentar mostrar los nuevos paradigmas del mundo global operando con máxima visibilidad en un escenario mundializado por la revolución tecnológica y determinado por una economía progresivamente basada en la inteligencia y la información.

* Las últimas barreras de una Historia determinada por la Geografía fueron pulverizadas junto con las Torres Gemelas. Con ellas se deshizo la ilusoria percepción de seguridad que los habitantes del Primer Mundo obtenían de la existencia de distancias y fronteras.
La Globalización se demuestra así, en primer término, un proceso de RECONFIGURACION DEL CONTEXTO ESPACIAL en el que transcurre la experiencia humana. En efecto, el 11 de septiembre ha mostrado el impresionante achicamiento del espacio y la caída de fronteras derivados del uso de tecnologías de alcance global y del aprovechamiento de las incrementadas libertades de circulación que, aún con grandes dificultades, la globalización paulatinamente impone. Que una secta islámica de ciudadanos de países árabes cuya base estaba en Afganistán pudiera poner en jaque los sistemas de seguridad de la potencia nacional más avanzada, ubicada a miles de kilómetros de distancia y separada por enormes barreras geográficas y políticas, era impensable pocos años atrás, cuando no existían los teléfonos celulares, el correo electrónico, los flujos de capital por los paraísos fiscales, los aeropuertos atestados de vuelos comerciales, los centros de adiestramiento de aviadores al alcance del público, ni la inmigración masiva hacia los países desarrollados.


* La Globalización es, en segundo término, un formidable proceso de RECONFIGURACION DEL CONTEXTO TEMPORAL. En el universo que produce la aceleración del cambio, las categorías temporales adquieren centralidad frente a las espaciales, cuya importancia caduca junto con el desvanecimiento paulatino del espacio. Consecuentemente, el 11 de septiembre ha desencadenado una serie de reacciones que han cambiado la faz del mundo con una velocidad aún mayor que la producida por la caída del imperio soviético. Hoy, apenas cinco años después del martes negro de Manhattan, cualquier habitante del mundo que tomase un diario del 10 de septiembre de 2001 tendría la sensación de asistir a un desfile de fantasmas, desde De la Rúa y Cavallo en el gobierno de la Argentina a un Bush incomparablemente más moderado que el actual.
En un mundo en el que el cambio histórico se acelera al mismo ritmo que la vida privada, el desvanecimiento del espacio originado en los costos decrecientes de los transportes y comunicaciones lleva a la perdida de centralidad de las categorías espaciales y a su reemplazo por las temporales (progresista-conservador, moderno-antimoderno) como fuentes de valor y significado. Así, todo intento de comprender lo sucedido en términos espaciales conlleva a una pérdida de sentido. En la “Era global” o “Modernidad mundial”, el término que expresa el componente espacial (las palabras “global” y “mundial”) es minúsculo y adjetivo, mientras que lo temporal (“Modernidad”, “Era”) es mayúsculo y sustantivo. Lejos de la afirmación de Fernand Braudel, quien sostuvo que la Historia es básicamente Geografía, en una Era global o Modernidad mundial la Historia reina sobre la Geografía. Por eso, toda discusión sobre los orígenes de los procesos globales resulta impertinente: la Globalización comenzó cuando una tribu de homínidos abandonó las sabanas africanas y se esparció por el planeta, conquistándolo. La historia de la humanidad es la historia de su globalización. Sin embargo, la era en que vivimos es completamente original y merece ser mencionada como Era global porque en ella la Globalización se ha acelerado hasta devenir el fenómeno central y definitorio.

* El tercer rasgo original de estos tiempos estriba en la EMERGENCIA DE SISTEMAS GLOBALES, los primeros verdaderamente planetarios por estructura y/o alcances en la Historia. Si la década del noventa fue pródiga en mostrar procesos de unificación global en el campo económico, en el milenio inaugurado por el 11 de septiembre ningún campo está excluido del proceso, como la aparición de la primer red terrorista global ha demostrado. Con sus finanzas basadas en paraísos fiscales desterritorializados, su ejército multinacional, su red planetaria de comunicaciones y sus células dormidas de inmigrantes en los países avanzados, al-Qaeda ha hecho propias las estrategias de organización del sistema financiero y las corporaciones económicas globales: desterritorialización, organización en red, cosmopolitismo, manipulación de las divisiones nacionales en beneficio propio, uso intensivo de las tecnologías avanzadas. Procesos globales originan, inevitablemente, estructuras globales que intentan controlarlos o manipularlos en su favor. La cuestión decisiva del milenio que apenas comienza es pues la forma (elitista o democrática, cooperativa o competitiva, pacífica o determinada por el poder militar) que adoptará el manejo de las grandes redes globales de las que depende el futuro de la humanidad.

* En cuarto término, el 11 de septiembre ha demostrado que la diferenciación del orden social en sistemas relativamente autónomos señalada por Weber se transforma en ASINCRONIA en un contexto acelerado. Vivimos ya en un mundo más temporal que espacial, en el cual cada subsistema moderno (el tecnológico, el económico, el político, el cultural) evoluciona a una diferente velocidad de acuerdo a su capacidad de adaptarse a un universo intrínsecamente innovador. En él, la tecnología avanza a la velocidad de la luz, escondida en las redes digitales y en las ondas de los mass-media globales; la economía viaja a la velocidad del sonido, bien resguardada en los maletines de los managers que cruzan el globo en aviones. En tanto, la política y la cultura siguen viajando en tren, emblemático artefacto de los tiempos nacional-industriales, el único de los mencionados capaz de retroceder. El resultado de estas velocidades de evolución divergentes es una enorme asincronía que sobredetermina el universo global, en el que una secta cuyas concepciones políticas son quasi medievales puede disponer de financiación global y tecnologías de última generación y alcances mundiales.


* En quinto lugar, el 11 de Septiembre ha demostrado el enorme PODER DE LAS ESCALAS AMPLIADAS. Si los noventa habían sido pródigos en demostraciones acerca de cómo el sistema financiero global se tornaba determinante sobre economías nacionales cuantitativamente mucho más significativas, la tragedia de Nueva York demostró el inesperado poder que adquiría una red desterritorializada y desanclada sobre el aparato militar más poderoso de la Historia, capaz de destruir el mundo pero ineficiente para proteger el corazón de Manhattan y el Pentágono. Gracias al poder de la escala global de su organización, la minúscula al-Qaeda pudo desafiar a sistemas infinitamente más grandes y poderosos pero atados a una lógica territorial obsoleta.
En un mundo global, lo global determina el centro y lo territorial determina la periferia. En un mundo global, todo poder territorial y nacional es frágil aun cuando sea masivamente infinito, y tan impotente como el poder militar de los Estados Unidos para evitar que una red global armada con cuchillos le vuele medio Pentágono, su propio centro de seguridad.

* En sexto término, la Globalización marca el eclipse de los conflictos territoriales, caracterizados, durante una Modernidad nacional-industrial, por guerras entre naciones-estado de similar estructura y poderío. Esta DECADENCIA DE LOS CONFLICTOS TERRITORIALES Y SU REEMPLAZO POR CONFLICTOS DESTERRITORIALIZADOS Y GLOBALES, implica que tensiones y disputas de tipo asincrónico (mundo subdesarrollado vs. mundo avanzado), sistémico (economía vs. cultura, política vs. economía) y/o asimétrico (estados nacionales vs. redes globales privadas).
Desde la Segunda Guerra Mundial, pasando por la Guerra Fría, los principales conflictos armados se han definido bajo el modelo de “guerra civil” al interno de una Modernidad mundializada, esquema repetido hoy por el modelo “choque de civilizaciones”. Su esencia no es la disputa por un territorio sino la tensión entre dos sistemas de valores (fascismo-democracia, comunismo-capitalismo, modernidad laica-integralismo fundamentalista). Y lo que está en disputa no es una posesión espacial localizada y defendida mediante trincheras, sino un modelo de organización del mundo.

* En séptimo lugar, el 11 de septiembre expresó la VIRTUALIZACION Y DESMATERIALIZACION de las producciones y, por lo tanto, de los factores de poder en la Modernidad globalizada. La masividad, el volumen y la cantidad, viejos paradigmas del poder en los tiempos nacional-industriales, se rindieron allí ante el poder de las organizaciones que adoptan el modelo de red virtual. Pequeños David virtuales y globales pueden así triunfar sobre cualquier desmesurado Goliath material.
La capacidad destructiva de al-Qaeda dependió de su capacidad de anidar y operar en los espacios virtuales. En cambio, su radicación en algún lugar del mundo (Afganistán) y el apoyo de un estado nacional, el talibán, constituyeron sus puntos débiles, que hicieron posible la represalia norteamericana. Una banda de forajidos armados con cuchillitos de cocina conmovió las bases de la política mundial. Al mismo tiempo, como Saddam Hussein puede testimoniar, para atacar al gigante estadounidense los masivos ejércitos nacionales no sólo son impotentes sino contraproducentes. Cuando la economía y la sociedad se basan en el conocimiento, la innovación, la información y la comunicación, lo nacional y lo material se desvanecen en el aire con su cortejo de osificadas creencias. Así, en un mundo finalmente mundial, lo pequeño, si no hermoso, puede ser poderoso, a condición de que se organice virtual y globalmente.

* En octavo término, un mundo post-industrial y post-nacional determinado por el acceso a los flujos globales de conocimientos, capital e innovación, y por la necesidad de organizarse planetariamente, la CONECTIVIDAD se convierte en un paradigma definidor del éxito y la desesperación. Conexiones globales proveyeron a al-Qaeda de militantes, información, células dormidas y financiación. Sin conexiones globales, el estado nacional más poderoso de la Tierra se hubiera quedado sin aliados y sin red de logística, informaciones y suministros.
Que al-Qaeda haya elegido para organizar su base territorial a uno de los países más aislados del planeta, Afganistán, y que en el mismo rigiera un régimen totalitario, tampoco son hechos casuales. En un mundo basado en la conectividad, en el que los territorios más ricos y avanzados son los más intensamente interconectados, toda conexión, cualquiera sea, se vuelve preferible a una completa desconexión.

*
En noveno lugar, la Globalización supone la pérdida de dinamismo y centralidad de las oposiciones y clivajes nacionales y su reconfiguración como nuevas POLARIDADES GLOBALES. Las teorías sobre “el fin de” se refieren al fin de la política, de la Historia, de la Democracia y de la Modernidad nacionalmente organizadas. En cuanto a la diferenciación derecha-izquierda, sólo en la escala nacional en que se torna paulatinamente indiscernible en virtud de su simétrica impotencia tienen estas jeremiadas algún sentido. En cambio, la escala global muestra una explosión de clivajes y tensiones nunca antes vista, en la que diferentes concepciones de la sociedad y del hombre se expresan con un vigor inusitado. El 11 de Septiembre ha mostrado que los asuntos globales, ayer un parágrafo de segunda importancia en las agendas nacionales, ocupan hoy el centro de la escena, reestructuran el espacio político local y determinan las elecciones nacionales con un poder que puede tornarse devastador. El tema de Iraq, un país de relativa importancia en el concierto internacional, fue decisivo en las elecciones de países como Alemania, España y los Estados Unidos. Así, lo global irrumpe en lo nacional, que adquiere un carácter provinciano, en tanto la reconfiguración política global hace pedazos las distinciones cerradamente nacionales.

* Décimo y último, el 11 de Septiembre ha puesto también en evidencia el CARÁCTER ZOMBIE DEL NACIONALISMO EN UN CONTEXTO GLOBALIZADO. Los ataques terroristas, que intentaban ser legitimados en la autonomía y unidad del mundo árabe y en la defensa de los intereses de los pueblos de las naciones subdesarrolladas, han dejado como saldo dos protectorados occidentales en Afganistán e Iraq, miles de muertos entre sus habitantes, un Islam cada vez más escindido entre sus fracciones democrática e integralista, la huida de capitales de los mercados emergentes y una oleada de racismo contra los emigrantes en el mudo avanzado. La respuesta norteamericana, supuestamente dirigida a garantizar la seguridad de los Estados Unidos y sus aliados, ha causado una ola de indignación global que es la mejor garantía de futuros ataques terroristas y ha extendido la zona de conflicto a todo el mundo, especialmente: hacia España e Inglaterra, principales aliados de los Estados Unidos en la invasión a Iraq.
El mundo se escinde en dos fracciones aparentemente enemigas, el tercermundismo victimista y el primermundista chauvinismo del bienestar, cuyas coincidencias son profundas “a pesar” de sus destructivas disputas. No por nada, ambos coinciden en una visión territorialista, nacionalista y autoritaria del mundo, y en el uso de métodos violentos y militares para imponerla. No por nada, tercermundistas y primermundistas muestran un común desprecio por toda forma de organización que supere el angosto margen de la nación-estado, de manera que su método de intervención consiste en acciones globales llevadas a cabo por organizaciones nacionales cuya consecuencia habitual es la destructividad de sus resultados. La penosa actuación de la administración Bush, acaso la más retrógrada de la historia estadounidense, no ha hecho más que reflejar la decadencia de los estados nacionales en un contexto globalizado. Lo que caracteriza esta época transicional no es la impotencia absoluta ni la desaparición de las naciones, sino su creciente incapacidad para cumplir con las funciones para las que han sido fundadas y en las que están legitimadas (digamos: la protección de las vidas de los habitantes de Manhattan o los inundados de Nueva Orleans) unida a una creciente potencia destructiva, capaz de arrasar con la vida humana en pocas horas de holocausto atómico. El 11 de septiembre constituyó un hito histórico porque concluyó una etapa de la Globalización injustificadamente optimista y naive, y mostró el potencial lado oscuro de los procesos globales: en un mundo en el que la humanidad alcanza capacidades planetarias, la destrucción adquiere una escala global de actuación. Por eso, como ha sostenido con agudeza Ulrich Beck, la crítica de los conceptos zombies -territorialistas y nacionalistas- con los cuales pensamos y actuamos, se ha convertido en una cuestión de supervivencia para la entera humanidad.

Fernando A. Iglesias

autor de
“Globalizar la Democracia- por un Parlamento mundial”

3 comentarios:

Germán A. dijo...

Hola Fernando,

muy bueno este artículo. Lo voy a citar en mi blog: www.iccc.es
Te paso un link, y cuando tengas tiempo de ver lo que hay ahi, me gustaría comentaras aquí tu opinión:

http://www.trebol-a.com/2006/11/26/el-poder-de-las-pesadillas-y-iii/

Saludos.

Fernando A. Iglesias dijo...

OK. Gracias. Te aviso.
fernando

francisco carabelli dijo...

Estimado Fernado:

Aparte de celebrar tu brillante artículo sobre los diez aspectos relevantes que caracterizan la globalización, quería consultarte de qué manera puedo enviarte por mail una Carta Abierta dirigida a nuestros presidentes sobre la conservación/uso/valoración/restauración de nuestros recursos/bienes naturales, para que, en caso que fuera de tu interés, la difundieras o emplearas de la forma que te pareciera más pertinente.

Muchos saludos,

Francisco