Esta semana, en lugar de una de mis notas, reproduzco un reportaje que le hicimos a mi amigo Andreas Bummel, presidente fundador y CEO de la Comisión para una ONU Democrática, uno de los principales grupos del mundo que se especializan en el establecimiento de una Asamblea Parlamentaria en las Naciones Unidas, en el marco de los "10 DIAS DE DEMOCRACIA GLOBAL" que se realizaron en la ciudad de Buenos Aires entre los días 30 de septiembre y 9 de octubre de este año.
Bummel es autor del libro “Internationale Demokratie Entwickeln («Desarrollar la democracia internacional»), y, desde 1998, miembro de la junta de directores – consejeros de la Sociedad para los Pueblos Amenazados (STP), una de las más importantes organizaciones de derechos humanos de Alemania. En este puesto se ha ocupado sobre todo, de la justicia penal internacional y el mantenimiento de la paz de la ONU. También hasta el 2007, fue miembro del Consejo del Movimiento Federalista Mundial, Institute for Global Policy en Nueva York.
En 2002 y 2005, fue candidato del partido liberal para las elecciones al parlamento alemán. Hoy es un ex miembro del partido.

Bummel es autor del libro “Internationale Demokratie Entwickeln («Desarrollar la democracia internacional»), y, desde 1998, miembro de la junta de directores – consejeros de la Sociedad para los Pueblos Amenazados (STP), una de las más importantes organizaciones de derechos humanos de Alemania. En este puesto se ha ocupado sobre todo, de la justicia penal internacional y el mantenimiento de la paz de la ONU. También hasta el 2007, fue miembro del Consejo del Movimiento Federalista Mundial, Institute for Global Policy en Nueva York.
En 2002 y 2005, fue candidato del partido liberal para las elecciones al parlamento alemán. Hoy es un ex miembro del partido.
Después de 3 años de trabajo, la campaña para crear un embrión de parlamento mundial en el seno de la ONU ha alcanzado un éxito sorprendente. 771 parlamentarios de todo el mundo, representantes de 100 países, han suscripto la petición para que la ONU adquiera una dimensión parlamentaria que pueda atender los enormes problemas que en el universo global han escapado a las capacidades de solución al alcance de los estados nacionales. Su director, el alemán Andreas Bummel, presidente del Comité por una ONU democrática, nos atendió a su paso por Buenos Aires para la reunión internacional anual de coordinación de la campaña.
¿No hay ya suficientes parlamentos? ¿Qué sentido tiene crear una Asamblea Parlamentaria en las Naciones Unidas?
La idea de crear una Asamblea Parlamentaria en las Naciones Unidas intenta dar una voz a todos los ciudadanos del mundo, una voz dentro de las Naciones Unidas que se oiga en muchas otras organizaciones internacionales relevantes. Hasta hoy, ninguna de las organizaciones internacionales importantes incluye un cuerpo parlamentario que permita que los representantes elegidos por los pueblos del planeta participen en la toma de decisiones.
En el contexto de la globalización, más y más cuestiones políticas significativas han ido migrando hacia instituciones más extendidas. Pero los problemas del mundo global sólo son tratados por cuerpos gubernamentales, que representan a los países y no a los ciudadanos. Por eso creemos que es tiempo de que los ciudadanos comunes sean incluidos en el proceso de toma de decisiones, y no solo los poderes ejecutivos y los gobiernos.
¿Pero no generará esto más burocracia y más impuestos?
La UNPA será un nuevo organismo, seguramente, pero no necesariamente va a generar más burocracia. Aunque tendrá solamente derechos de consulta su significado simbólico será muy importante porque de crearse sería el primer organismo en la historia de la humanidad que represente a todos los ciudadanos del mundo directamente a nivel global. Y el costo de crearlo sería muy bajo, sobre todo, comparado con los grandes beneficios que traería y con los costos incomparablemente mayores que traen las crisis económicas, ecológicas y militares que se desenvuelven hoy sin controles apropiados.
¿En qué nivel se encuentra hoy el proyecto de la UNPA?
Estamos en el principio de algo muy importante, aunque de un parlamento mundial se habla desde el siglo diecinueve. Sin embargo, la idea sólo cobró fuerza con el final de la Guerra Fría, en 1990, cuando la idea tomó relevancia porque parecía haber una oportunidad abierta para renovar las instituciones mundiales.
Pero usted me ha preguntado ¿dónde estamos ahora? Construyendo el apoyo político necesario, diría. Por ejemplo, tanto el Parlamento Latinoamericano como el Parlamento argentino, en su Cámara Baja y su Cámara Alta, aprobaron por unanimidad una moción de apoyo a la campaña. También en otras regiones del mundo hemos obtenido apoyos, por ejemplo del Parlamento Pan-Africano y el Europeo. Pero el objetivo final es convencer a los gobiernos de que en realidad se beneficiarían haciendo a las instituciones internacionales más efectivas, transparentes y democráticas. Estamos por eso intentando atraer a los gobiernos para iniciar un proceso preparatorio de creación del organismo a través de una decisión soberana de la Asamblea General de la ONU.
Usted está participó de los 10 Días de la Democracia Global en Argentina. ¿Qué relación tiene esto con su proyecto?
Nuestro proyecto está profundamente arraigado al desarrollo de una democracia de escala mundial. Una democracia global implica darle voz y voto en los temas globales a cada ciudadano en el mundo, y el Parlamento Mundial, que es el objetivo final de nuestro proyecto, llevaría exactamente a eso, a través de representantes directamente elegidos por los ciudadanos.
¿Y cuáles han sido los resultados de estos Diez Días de Democracia Global en Argentina?
Han sido un hito para el desarrollo de la campaña. Fue extraordinario reunirnos en el recinto del Senado argentino, con parlamentarios de más de treinta países latinoamericanos que debatieron cómo continuar con el proyecto. Y dimos otro paso adelante identificando las estrategias necesarias para que los gobiernos afines tomen parte en el proyecto. Nuestra esperanza, por supuesto, es que la República Argentina sea partícipe de este grupo, de lo cual hemos hablado con su Embajador en la ONU, Jorge Argüello.
¿Cuál es su rol en la campaña?
He estado trabajando en la cuestión del Parlamento Mundial por casi diez años, si no más, y en este momento soy secretario general del Secretariado de la Campaña por la UNPA, en la cual mi rol es coordinar globalmente los esfuerzos de parlamentarios, ciudadanos y organizaciones no gubernamentales de todo el mundo.
¿No considera que este proyecto sea una utopía, o cree que está cerca de convertirse en un hecho?
En este momento estamos experimentando un cambio enorme en el poder mundial, cada vez más lejos del Oeste y del Norte y más cerca del Este y del Sur. En este proceso, y en el contexto de la crisis financiera mundial, se ha hecho evidente la necesidad de fortalecer las instituciones globales. Pero no es posible avanzar en esta dirección sin hacer al mismo tiempo que esas instituciones sean más democráticas.
Así que este es el momento de retomar el proceso de reforma de las Naciones Unidas, que no ha sido resuelto durante décadas a pesar de los compromisos asumidos por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra. El establecimiento de una Asamblea Parlamentaria de la ONU, primero, y de un parlamento mundial, después, podría ser una herramienta fundamental para reequilibrar el poder de los pequeños estados y los grandes, porque los grandes estados -lo vemos en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y en las negociaciones sobre cambio climático- están hoy intentando resolver estas cuestiones por fuera de la ONU, mediante el G20. Pero el G20 es sólo un foro que no siempre puede poner en práctica soluciones. Por otra parte, ¿por qué los estados más pequeños y débiles deberían aceptar esas soluciones si no han sido escuchados durante el proceso de la toma de decisiones? La Asamblea Parlamentaria de las Naciones Unidas podría ser la clave de solución de ese problema, que no se puede resolver en la Asamblea General de la ONU en la que cada país vale un voto, porque no es democrático que un país como Tuvalu, con 12 mil habitantes, tenga el mismo peso político que China, donde habitan 1.300 millones de personas. Por eso es necesario combinar la representación por naciones, en la Asamblea General, con la representación ciudadana en una asamblea parlamentaria, y es en eso que estamos trabajando.
¿Cómo cree que impactan las políticas del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio en el desarrollo latinoamericano?
Estas instituciones han seguido, sin dudas, la agenda del Consenso de Washington. Quisieron llevar a los países a reducir su gasto público. Pero la creación del Banco del Sur demostró que Latinoamérica necesita y es capaz de otro tipo de soluciones. La región necesita crear herramientas e instituciones que la ayuden a resolver sus propios problemas. El FMI, el BM y la OMC son hoy instituciones obsoletas y promueven políticas decididas fuera de Latinoamérica. Hoy, en el contexto de la crisis económica mundial, es sorprendente que el FMI siga desempeñando un rol importante a pesar de sus errores. Por eso estoy en desacuerdo con este tipo de estructuras no democráticas y meramente gubernamentales, y creo –precisamente- que un parlamento mundial podría constituirse en un foro significativo para discutir la reforma de estas instituciones y del sistema financiero mundial.
¿De qué manera cree que la participación ciudadana ayudaría a desarrollar una democracia global?
Pienso que la participación ciudadana es clave para lograr una democracia global. Participación ciudadana significa que muchas otras voces van a ser escuchadas, y no sólo las tradicionales voces de los gobiernos. Participación ciudadana global implica que las personas sean capaces de influir, a través de sus representantes, sobre las decisiones globales que se toman y que afectan directamente sus vidas.
Parece bastante difícil…
Difícil sí, pero no imposible. Depende de cómo se desarrolle el escenario mundial, ya que los muchos y rápidos cambios en curso podrían abrir una ventana de oportunidad que nos permita hacer realidad la propuesta de la UNPA. Mientras tanto, como campaña trabajamos para construir una coordinación capaz de desarrollar conceptos, ideas y relaciones políticas relacionadas con la temática, para que si esa oportunidad se presenta estemos listos para dar un paso adelante sin improvisar. Acaso fue esto lo que faltó cuando acabó la Guerra Fría y se empezó a hablar de un nuevo orden mundial: nadie había trabajado concretamente en este tipo de soluciones y la ventana de oportunidad para democratizar el sistema internacional se cerró. Luego, todo empeoró con la guerra de Irak, cuando los Estados Unidos comenzaron a dar muestras de que querían ser el poder supremo. Pero todo el escenario está cambiando nuevamente. ¿Qué pasaría si China, dentro de cinco, diez o quince años, desarrollara una democracia multipartidaria, como es muy posible que se vea obligada a hacer? ¿Cómo impactaría en el orden mundial una China democrática? Un solo hecho como este cambiaría todos los cálculos, e impactaría en toda la arquitectura del mundo, y China, uno de los países de mayor población, debería entonces estar interesada en ejercer presión a favor de una democracia global.
¿Crees que los Estados Unidos apoyarían este tipo de proceso? ¿Y qué sucedería si no lo hacen?
El Parlamento de los Estados Unidos parece creer ya que es algún tipo de parlamento mundial de todas formas (ríe), y esto ya es un gran problema en sí mismo. De todas maneras, sería problemático que, a mediano plazo, los Estados Unidos no apoyaran un proyecto como este, porque es un país que se considera promotor de la democracia en el mundo. Por lo menos es lo que sus gobernantes proclaman. Por supuesto, hay una gran diferencia entre esta supuesta promoción de la democracia y la decisión y acción de respaldar ese mismo principio en las organizaciones internacionales. Por eso es que Estados Unidos es hoy tan poco creíble. Pero también es posible que en algún punto, ante el crecimiento de las cuestiones globales, la gente se cuestionará y pensará: “Ok, estamos democratizando nuestras naciones, estamos tratando de fortalecer la democracia, pero al mismo tiempo, las decisiones principales están siendo tomadas lejos de nuestra influencia, en otro lugar, y ese otro lugar’ no es democrático”.
Así que los Estados Unidos perderán toda credibilidad como promotores de la democracia si sus gobiernos no cambian su manera de pensar y actuar. De hecho, ya la están perdiendo, y en los próximos años perderán aún más de su supremacía como potencia mundial, lo que los hará más permeables a un orden internacional más pacífico y democrático.
¿Todos los países deberían ocupar un lugar dentro de esta Asamblea?
Aún no es el momento de establecer esos detalles, sobre todo porque dependerá de negociaciones entre los países dentro de las mismas Naciones Unidas. Sin embargo, va a ser importante tener en cuenta la población de cada país. Como primer punto proponemos que haya equilibrio entre países pequeños y grandes, lo que significa que debe haber al menos un representante o dos por país, como mínimo. En mi opinión deberían ser dos o tres, para hacer que no sólo las mayorías estén representadas, para que las oposiciones puedan participar y así todos se sientan incluidos. Así se ha hecho en el Parlamento Europeo, donde Alemania, que tiene 80 millones de habitantes, dispone de 99 bancas y Malta, que tiene 10 mil habitantes, tiene siete. En todo caso, lo fundamental en un mundo en que todo cambia tan rápidamente es trabajar mirando al futuro, sabiendo que lo que hoy parece lejano puede suceder en pocos años. Así ha sido después de la Segunda Guerra con el proceso de unificación europea, y así fue también con la caída del Muro de Berlín y con la creación de la Corte Penal Internacional. Países como Argentina, hoy excluidos de la toma de decisiones globales por un sistema arcaico e injusto, deberían considerar las posibilidades de redistribución del poder en el escenario mundial que abriría una asamblea como esta, que a su vez podría convertirse en la carta ganadora para una reforma democrática de las Naciones Unidas, el FMI y otras instituciones globales.







