DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

miércoles, 23 de abril de 2008

FERNANDO A. IGLESIAS FIRMARA SU LIBRO Y DARA UNA CONFERENCIA

El jueves 1º de mayo Fernando A. Iglesias firmara su libro "Kirchner y yo" en el stand de la Editorial Sudamericana a las 18 hs. en la 34ºFeria Internacional del Libro de Buenos Aires. Luego dará una Conferencia de "Democracia Global" junto a Santiago Kovadloff y José Ignacio Garcia Hamilton sobre "25 Años de Democracia en Argentina y 60 Años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos"



domingo, 13 de abril de 2008


MENTIME QUE ME GUSTA

(Publicado en DIARIO PERFIL 12 de abril de 2008)

Aventajado alumno de la escuela pejotista, la más formidable academia en el arte de mezclar política con negocios corporativos que ha creado la Argentina, el gobierno en crisis de credibilidad de Cristina Kirchner es capaz aún de la increíble proeza de ser, al mismo tiempo, una monarquía de ambiciones hegemónicas, una corresponsalía de prensa y un distinguido miembro de la oposición. Ayer la Presidenta se escandalizaba de que en el campo hubiera 70% de mano de obra en negro y de que los desocupados pagaran 21% de IVA al comprar la leche para sus hijos, como si la responsabilidad de controlar las condiciones de trabajo en el país le correspondiese al Parlamento de Bostwana y la reforma fiscal fuera una promesa incumplida de Mirtha Legrand. Hoy, el kirchnerismo sale a quejarse de la concentración mediática en la Argentina como si ésta fuera producto de las políticas de la Asociación Armenia de Tiro al Colibrí.

Es cierto: en pocos países es posible reunir en pocas manos tantos medios de comunicación como en la Argentina. Pero la clave explicativa del súbito arranque de amor por la pluralidad informativa de los Kirchner es, en realidad, fruto del espectacular cambio de humor en la sociedad argentina de las últimas semanas; cambio que ningún productor informativo puede subestimar sin arriesgarse a seguir el melancólico destino de Página-K. Por eso, la campaña anti-Clarín del Gobierno debe ser enmarcada en la continuidad de una serie de atentados a la libertad de expresión: el ataque a Jorge Fontevecchia, el cambio de jurisdicción del COMFER, la acusación de “cuasi-mafiosa” a una caricatura del impagable Hermenegildo Sabat y la invención de un lobo con piel de cordero: el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión que pondrá el trabajo de los periodistas de todo el país bajo la lupa kirchnerista, como si los abusos con la pauta publicitaria fueran insuficientes ya para modelar, manipular y desvirtuar.

Miente. Miente, que algo queda; aconseja el ítem goebbeliano sobre la información. Pero el totalitarismo se equivoca aquí, como en todo. La reciente experiencia política argentina sugiere que el verdadero refrán debería ser “Miente, miente, y terminarás por perder la noción de la realidad”. Impotente para influir sobre los acontecimientos a fuerza de falsificarlos, el kirchnerismo se acontenta hoy con demoler termómetros. Ayer el INDEC, piensa. Ahora la prensa, concluye. Y todo ello reduciendo el trágico apotegma goebbeliano a su variante comédica argentina: Mentime, mentime que me gusta.

Fernando A. Iglesias

Diputado por la Coalición Cívica y autor de Kirchner y yo

sábado, 5 de abril de 2008

COMUNICADO DE PRENSA

Ante la insistencia del profesor Luis D’Elía en continuar la campaña de difamación por la que me acusa de haber golpeado a los integrantes de su grupo, con el que el pasado 25 de marzo desalojó violentamente la Plaza de Mayo, me veo obligado a contestar:

1) Mi actitud, y la de todos los diputados de la Coalición Cívica que concurrimos a la Plaza, fue la de invitar a los ciudadanos que espontáneamente concurrían al lugar a continuar manifestándose en forma pacífica y no violenta, y a no responder a las provocaciones. Los reportajes que concedimos a radios y televisiones presentes en el lugar son un testimonio irrefutable de nuestra irrenunciable posición a favor de la concordia y la paz.

2) Dado que había allí un enorme número de camarógrafos y fotógrafos existen suficientes imágenes que me muestran en esa actitud, intentando calmar a la gente que estaba justificadamente indignada por el intento de la patota del profesor D’Elía de “recuperar la plaza para el pueblo” (sic). Por eso, existen innumerables imágenes que muestran al profesor golpeando a uno de los manifestantes y ninguna que me muestre haciendo nada parecido. Si D’Elía las tiene, le ruego que las presente en un tribunal. Si no las tiene, le pido que por favor deje de difamar a quien ha hecho de la defensa de la paz y los derechos humanos una conducta permanente desde los años de apogeo de la violencia del país.

3) D’Elía sostiene que la tapa del día 26 de marzo de un “diario de circulación nacional” me muestra “dándole un trompazo” a uno de los suyos. Y bien, la única tapa que se ajusta a esa descripción es la de Diario Popular, en la que una persona con un lejano parecido a mí está peleando con otro manifestante. Al respecto, declaro: que esa persona no soy yo, que sus rasgos son bien diferentes de los míos, que viste de remera, pantalón buzo y zapatillas en tanto todas las imágenes de ese día me muestran con zapatos, saco y camisa, y que, más importante, el sujeto carece de barba, que yo llevo ininterrumpidamente desde hace 30 años, como las cámaras que filman las sesiones de la HCD pudieron registrar tanto en la sesión del día de la marcha como en la del día posterior.

4) Finalmente, no quiero dejar de mencionar que muchísimos integrantes del grupo que asaltó la Plaza con la metodología habitual de los grupos de choque fascistas me amenazaron reiteradamente de muerte, identificándome perfectamente como “Iglesias” e insultándome como “f…. de Carrió”. Otras formas de amedrentamiento serían formuladas por la acompañante habitual del diputado nacional Juan Carlos Gullo, que durante el programa televisivo de Mauro Viale me dijo: “Cuidate Iglesias y decile que se cuide a Carrió”.

Abusando de un sentido común populista por la cual los políticos trabajan muy poco, el profesor D’Elía me ha acusado también de haber ido a la Plaza en lugar de estar en el Congreso, y se ha declarado luego “víctima de la Triple A”. Ante ello quisiera manifestar que, como los dispositivos de seguridad de la Cámara deben haber registrado, el citado martes llegué a mi despacho alrededor de las 9.30 y terminé mis actividades respondiendo a un reportaje televisivo de Canal 26 pasadas las 23.30 hs. Hablo de 14 horas de actividad política ininterrumpida que a los deberes legislativos habituales agregó una conferencia de prensa conjunta con el senador canadiense David Kilgour a favor de la vigencia de los derechos humanos en China durante los Juegos Olímpicos, mi participación en la sesión especial en la que el bloque de la Coalición Cívica presentó una ley por la cual se declaran imprescriptibles los crímenes de lesa humanidad cometidos por la Triple A (sesión que fracasó por la ausencia unánime de los diputados del oficialismo), y –finalmente- mi concurrencia a la Plaza y los reportajes sucesivos; todos ellos actos en los cuales me pronuncié en defensa de la paz, la no-violencia y los derechos humanos en todo tiempo y lugar.

Sé bien que el profesor D’Elía y sus aplicados alumnos trabajan mucho más que 14 horas diarias por el bien de la Argentina, pero le pido encarecidamente que respete mi tarea y la de otros diputados que en condiciones difíciles hacemos lo posible para que la violencia, el autoritarismo y la injusticia dejen de ser la regla de funcionamiento no escrita de la sociedad nacional. En cuanto a la Triple A, le ruego que aproveche su cercanía con la Presidenta de la República para solicitarle que cuando insistamos con el proyecto que permite juzgar sus crímenes estén presentes también los diputados del Partido Justicialista y el Frente para la Victoria de manera que no haya impunidad para nadie, como el doctor Néstor Kirchner prometió al asumir la Presidencia de la Nación.

Como diputado de la Coalición Cívica me honro en continuar la tradición por la cual evitamos iniciar cualquier acción judicial que pueda ser interpretada como intento de coartar la libertad de expresión de otros ciudadanos. Lo hago además en la convicción de que la gente sabe muy bien quién soy y quién es Luis D’Elía. Por eso, no lo llevaré a un Tribunal como su conducta merece. Por eso también le ruego que presente las pruebas de las que dice disponer en una Corte y me dé la oportunidad de defenderme o, en el caso contrario, deje de difamarme. Como las cámaras registraron debidamente, el 25 de marzo estuve en la Diagonal Norte dándole la espalda a los D’Elía y los Pérsico. Visto el resultado, no lo volveré a hacer.

Finalmente, ante la gravedad de lo sucedido y el aval público recibido por todos ellos por parte de la Presidenta de la República y sus ministros Alberto Fernández, Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, los hago personalmente responsables de mi seguridad personal y la de todos los periodistas independientes, líderes sociales, legisladores y líderes políticos de la oposición. En la Argentina ya ha habido demasiada violencia y corrido demasiada sangre. Ojalá que la racionalidad, la sinceridad, la sensibilidad y la responsabilidad de las que habla la doctora Cristina Kirchner la ayuden a retomar el camino y ser la Presidenta del diálogo que prometió ser en la campaña presidencial.

Fernando A. Iglesias
Diputado de la Coalición Cívica
Periodista independiente
Secretario ejecutivo de Democracia Global, Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial
Miembro del Consejo Directivo del World Federalist Movement

miércoles, 2 de abril de 2008

BIENVENIDOS A LA ARGENTINA BOLIVARIANA

(Publicado en DIARIO PERFIL 1 de abril de 2008)

Resulta curiosa la forma en que a veces cierto periodismo presenta las noticias. Según parece, en su discurso del Parque Norte la Presidenta de la Argentina llamó humildemente a dialogar a quienes encabezaban un lock-out patronal para extorsionar a la población, privar de alimentos al pueblo y pedir el retorno de Videla; a quienes andan fanfarroneando en 4x4 por las autopistas que el gobierno K construyó en el campo argentino, en tanto la pobre gente apenas si tiene para comprarle un Morris Mini Cooper a sus hijas para que den vueltas en la quinta de Olivos; a quienes habitan el oligarca Barrio Norte en vez de vivir en la proletaria Recoleta, veranear en la menesterosa Calafate y trabajar en los degradados suburbios industriales de Puerto Madero; a quienes apenas si pagaban 35% de retenciones en vez de colaborar patrióticamente con el país recibiendo subsidios millonarios en dólares por instruir civilmente en las leyes del tránsito a sus camioneros, transportar a sus ciudadanos en cómodos trenes bala, apoderarse de su petróleo o extraer uno a uno los peces del mar; a quienes gozan de una rentabilidad extraordinaria mientras que las heroicas sociedades matrimoniales argentinas apenas si pudieron cuadruplicar su millonario patrimonio en dólares en estos últimos cuatro años a pesar de que tuvieron que ocuparse, en el ínterin, de desempeñar la Presidencia de la Nación; a los chacareros oligarcas que disfrutan ociosos de sus rentas en el campo y no saben de la pesada tarea de extraer dinero de las máquinas tragamonedas del Hipódromo de Palermo, prorrogadas hasta 2032; a los salvajes universitarios que golpearon a los chicos de la salita verde de Luis D’Elía y hasta a cierto periodista patovica que le dio un violento pechazo en el zapato a uno de los gentiles promotores de la pacificación del país, la armonía entre los argentinos y la unidad nacional.

EL CAMBIO DENTRO DEL CAMBIO

A ciento diez días de la asunción presidencial, el cambio dentro del cambio ha mostrado su rostro verdadero. La Presidenta de todos los argentinos era de todos los argentinos menos de aquellos que no quieren entender ni comprender porque piensan distinto, el retorno al mundo era el valijazo de Antonini Wilson y el apoyo a las locuras bélicas de Chávez, la inclusión social era un índice de pobreza creciente gracias a la inflación y uno de indigencia mayor que en cualquier momento de la década del Noventa, el desendeudamiento era una deuda pública de 144.729 millones de dólares, mayor que en el fatal diciembre de 2001, la lucha contra la corrupción era la continuidad de Julio de Vido, el diálogo con una pistola en la cabeza no era el del cordial Guillermo Moreno sino el de los ensoberbecidos productores rurales; la prometida policía autónoma de la Ciudad de Buenos Aires era la habitual Policía Federal declaradora de zonas liberadas y escolta de los liberadores grupos de choque; la impunidad para nadie era la ausencia absoluta de diputados del oficialismo en la sesión del 25 de marzo en que la oposición intentó declarar imprescriptibles los crímenes de la Triple A; el único gobierno capaz de gobernar la Argentina era el que en su primera crisis se dedica a acusar a los opositores de desestabilizadores y golpistas; la calidad institucional era el retorno de las patotas en su versión recargada; el país en serio era el festejo de los 20 años de secretariado camionero de Hugo Moyano, la nueva política era el resurgimiento del Pejota en Parque Norte y el federalismo y la redistribución del ingreso eran un nuevo manotazo al campo y las provincias para agrandar la insaciable caja K. Y el que no la entienda irá preso, como prometió Aníbal Fernández amenazando aplicar la ley de desabastecimiento pergeñada por el Gobierno de Perón-Isabel Perón. He aquí la racionalidad, la sinceridad, la sensibilidad y la responsabilidad que invocó la Presidenta. Sean todos bienvenidos a la República Bolivariana de Argentina. Después no digan que nadie les avisó.

GANADO MARCADO

Por lo que a mí respecta me siento hoy, para decirlo en términos agropecuarios, como ganado marcado y con destino al matadero a través del habitual procedimiento: primero se marca a la futura víctima y se le atribuyen acciones criminales, no importa cuán disparatadas sean, después se repite en todos lados la infamia, finalmente se le da su merecido y se dice que fue un intento de robo o se argumenta que fue la violenta víctima la que empezó. El martes en la Plaza, mientras intentaba convencer a los manifestantes de mantener la calma y evitar las provocaciones, los pacifistas amigos de D’Elía me gritaban “A vos Iglesias, forro de Lilita, te vamos a matar”. Un día después el cordial Luis me señalaba en todos los diarios como dirigente del ARI (sic) a cargo de su patota de universitarios y decía que había volteado de una trompada a uno de sus compañeros, declaración que amplió el día siguiente emanando proclamas sobre su odio visceral a los oligarcas y el porvenir que le espera en la República Bolivariana de Argentina a los indeseables conchetos patoteros, ricos y blancos como yo. Un día después la acusación me sería repetida personalmente en el programa de Mauro Viale por Emilio Pérsico y el diputado oficialista Dante Gullo, mientras la señorita que siempre lo acompaña me gritaba, fuera de sí y fuera de cámara: “Cuidate Iglesias, y decile que se cuide a Carrió”. Cuánto gusto me dio escuchar las igualaciones de los ministros Fernández diciendo que estuvo mal D’Elía y también los diputados de la Coalición Cívica, quienes golpearon a su gente. Qué enorme tranquilidad me da el sentirme protegido por una Presidenta que recibió a D´Elía en la Casa de Gobierno el día anterior a que saliera a liberar la Plaza y que después lo convocó al palco de Parque Norte, la Presidenta de la racionalidad, la sinceridad, la sensibilidad y la responsabilidad. Y qué decir de sus ministros que afirmaron que D’Elía se había ganado ese lugar en el palco ilustre, por si alguno tenía dudas, y pidieron que no se lo demonizara sin razón.
Tiene razón la Presidenta: el conflicto no es ya económico sino eminentemente político. El conflicto es acerca de si todos los argentinos tienen derecho a expresarse, manifestarse y peticionar ante las autoridades o sólo los que cuentan con la bendición del gobierno K. El conflicto es sobre si la Plaza de Mayo, la plaza de la Democracia y los Derechos Humanos, es de todos los argentinos o de las patotas que estos días la han privatizado. El conflicto es, brevemente, acerca de la vigencia de la Constitución Nacional. ¿De qué lado van a estar la Línea Fundadora de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, con quienes compartí esa Plaza en los tempranos Ochenta y de cuyo heroísmo en los Setenta no me olvido? ¿Qué va a decir Horacio Verbitsky, a quien creo aún sinceramente preocupado por la vigencia de la libertad de expresión y los derechos humanos? ¿Están hoy con D’Elía mis pocos amigos que son aún funcionarios kirchneristas, los diputados oficialistas que hace pocos días me felicitaron por mis intentos conciliatorios en la última sesión de la Cámara, los miembros de mi familia que aún apoyan al gobierno K?
Después de todo, tiene razón el obediente cortejo ministerial de los patitos en fila. No hay que demonizar a D’Elía. Delirantes violentos hay en todos lados, aunque no en todos lados se los hace funcionarios. Tampoco es cierto, como dijo D’Elía, que se le soltó la cadena: la cadena se la soltaron desde el Gobierno. La culpa no la tienen D’Elía y Pérsico, sino los que les dieron y les siguen dando de comer.

Fernando A. Iglesias

Diputado de la Coalición Cívica y autor de “Kirchner y yo”

jueves, 20 de marzo de 2008

La maldición del petróleo

¿CONFLICTO PETROPOLITICO O UNIÓN SUDAMERICANA?

(publicada en Revista Noticias)
Polución ambiental, agotamiento de los recursos no renovables, recalentamiento global, dependencia energética de personajes esquizoides, militarismo y unilateralismo, permanentes conflictos destructivos por el control territorial: la lista de los costos de una matriz energética obsoleta y atada a los combustibles fósiles incluye los principales problemas que hoy se le plantean a la naciente sociedad global. Para no hablar de los principales países productores de petróleo y sus líderes: la Arabia Saudita dominada por una casta de cuya periferia salió Osama Bin Laden, la Rusia de Vladimir Putin, el Irán de Mahmoud Ahmadinejad, la Venezuela del coronel Chávez, que son sólo parte de un elenco cuyos denominadores comunes son la miseria de muchos y el auroitarismo de unos pocos y que incluye a los Emiratos Árabes, Nigeria, Algeria, el Iraq que fue de Saddam Hussein y la Libia que es aún de Muahamar Kadaffi.
Siguiendo el ritmo del aumento del precio del petróleo, la petropolítica ha puesto al frente de los estados a líderes ligados a sus poderes corporativos. Cotéjese la lista anterior con la de los mayores conflictos bélicos de las últimas décadas y con la de los peores regímenes autoritarios y se comprenderán las verdaderas dimensiones que asume hoy la petropolítica, política de la edad de piedra en el mundo global. Y no se trata sólo del Tercer Mundo, ya que en el tercer lugar de la producción petrolera mundial se encuentran los Estados Unidos de George W. Bush, principal responsable de la invasión de Iraq.

Es este también el eje que define las polaridades sudamericanas, con el petropolítico Coronel Chávez intentando sumar a su alianza petropolítica a todos los países de la región cuya economía depende fundamentalmente de los combustibles: la gasífera Bolivia y el petrolífero Ecuador. Lamentablemente, es esta también la principal alianza internacional del actual gobierno argentino, cuyo matrimonio presidencial se ha desarrollado nada casualmente en la región que provee el 84% del petróleo nacional, de donde proviene su metodo petropolítico: el manejo autoritario y clientelar de una caja que se llena con el dinero fácil que proviene de los recursos naturales.
Dependencia financiera (sin Chávez no hay quien compre los bonos argentinos aunque se paguen hoy de intereses el doble de lo que se le pagaba al FMI), dependencia energética (sin Chávez no hay manera de pasar el invierno), negocios turbios (de los que el valijazo de Antonini Wilson ha sido sólo la punta del iceberg) son el precio que pagamos todos los argentinos para pasar de las relaciones carnales con los Estados Unidos a las relaciones carnales con la Venezuela del Coronel Chávez. Y en este sentido, el rol de discreto pero indudable apoyo a Chávez jugado por el gobierno argentino en el reciente amago de guerra anticipa un futuro de muy peligrosas implicancias.

Los ejercicios de racionalidad de Cristina
Repasemos: el sábado primero de marzo, la doctora Kirchner a cargo de la Presidencia Argentina y de la del Mercosur abrió las sesiones del Parlamento nacional declarando: “Es clave la incorporación de la República Bolivariana de Venezuela al Mercosur, para cerrar finalmente la ecuación energética… Y no es una cuestión de simpatías personales o amiguismos políticos. Es simplemente un ejercicio de racionalidad para integrar y cerrar definitivamente la ecuación energética en América Latina”. En otras palabras: miremos para otro lado respecto de la inexistencia de un verdadero parlamento en Venezuela, ignoremos la falta de libertad de prensa, supongamos que Chávez no apoya a las FARC y hagamos como si la cláusula democrática del Mercosur no existiese. Todo sea por el petróleo y el gas bolivarianos. Ese mismo día; repito: ese mismo día, el ejército colombiano acabó con la vida del jefe de las FARC, (a) Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano, y el siempre juicioso Coronel Chávez no perdió un minuto en meterse donde nadie lo llamaba, en poner en riesgo la paz en la región y en manejar al ejército venezolano como si fuera una extensión de las FARC; cerrando fronteras, expulsando embajadores y movilizando tropas cuando nada hacía temer un ataque de Colombia a Venezuela. Y allí siguió el “ejercicio de racionalidad” del gobierno kirchnerista: condenando con buenas razones la violación de la soberanía ecuatoriana por el ejército colombiano pero olvidando que el primer grupo armado colombiano que penetró en tierras ecuatorianas era el de las FARC y criticando el militarismo colombiano pero callando el apoyo de Chávez a las FARC. Y allí fue la Presidenta de la Nación y del Mercosur, a reunirse premurosa con Chávez y Correa para “cerrar la ecuación energética” en el mismo momento en que las tropas venezolanas marchaban a la frontera y Correa se veía obligado a imitar a Chávez para no quedar como figura de cartón piedra en una violación de la legalidad internacional que sólo concernía a su país, Ecuador.

Una radiografía impiadosa de la región
Si es cierto que las verdaderas relaciones de amistad y de fuerza se observan mejor en tiempos de crisis, la que el continente acaba de superar gracias a los santos oficios del secretario general de la OEA, el chileno José Insulza, y de la diplomacia de Itamaraty, ha ofrecido una impiadosa radiografía de la situación regional: el petropolítico Coronel Chávez apostando al conflicto e intentando arrastrar a él a Correa y a Cristina Kirchner, y los gobiernos de Brasil y Chile intentando evitar lo peor a través de la verdadera racionalidad, que no es nunca cinismo, y del recurso a las siempre menospreciadas instituciones.
Abramos ahora un paréntesis contrafáctico e imaginemos aquí qué hubiera sucedido si un error, un nuevo imprevisto (digamos: el asesinato de Ingrid Betancourt por las FARC) o un instante de mayor locura que la acostumbrada por parte de Chávez hubieran traído la guerra. Supongamos que quienes confunden el antiimperialsomo con el antiamericanismo tienen razón y los Estados Unidos no esperan otra cosa que un conflicto para entrar con la US Army en Sudamérica. Después de todo: ¿qué mayor favor le han hecho al militarismo unilateralista de George W. Bush que el crimen del 11 de Septiembre? ¿Quiénes han provisto las excusas perfectas para entrar en Afganistán e Iraq si no las acciones criminales de Osama Bin Laden y Saddam Hussein? ¿No podría ser éste, precisamente, el rol de las narcoterroristas FARC y del delirante Chávez del “Mándeme allí diez batallones, General”? Y si -continuando con las suposiciones contrafácticas- la guerra estallase y terminase con una intervención directa de los Estados Unidos o en un apoyo militar decisivo al ejército colombiano, ¿no dirían los Luis D’Elía del futuro que a Chávez lo financiaba Bush con 25.000 millones de dólares en compras de petróleo por año, como hoy sostienen que Osama Bin Laden y Saddam Hussein han sido un mero invento del poder imperial?

Final del juego
Más allá de las libres y legítimas especulaciones, una cosa parece fácilmente comprobable repasando la hisotira reciente: los líderes petropolíticos del planeta y su poder-duro, hecho de ejércitos y batallones aéreos, son, más allá del odio real o aparente que se profesen, perfectamente compatibles. Mejor dicho, complementarios. Cada uno de ellos necesita del nacionalismo militarista, unilateral y autista de los otros para subsistir y prosperar. Frente a ellos se alza el poder-blando de las instituciones: las presidencias nacionales republicanas y sus líderes –como Lula-, las instituciones internacionales -como la OEA de Insulza- capaces de no ser cómplices y de hacerse responsables del respeto de la legalidad internacional.

He aquí también la opción para el futuro de Sudamérica: una alianza petropolítica que si incorporase definitivamente a la Argentina podría romper definitivamente el equilibrio regional y el proyecto, aún incipiente y fragmentado, de una Unión Sudamericana en la que barbaridades como las que hemos presenciado esta semana no sean siquiera imaginables. Una Unión Sudamericana que no se reduzca al Mercosur sino que incorpore a todos los países de la región. Una Unión Sudamericana que no sea sólo retórica y discursiva (la Patria Grande bolivariana) sino concreta y real. Una Unión Sudamericana no sólo económica (el Mercado del Sur o Mercosur) sino política e institucional, con su parlamento compuesto por diputados elegidos democráticamente y plenos poderes en las cuestiones regionales que superen el marco nacional. Una Unión Sudamericana con una Corte de Justicia que proteja a los ciudadanos sudamericanos de los frecuentes abusos que cometen sus propios gobiernos y estados nacionales, como bien se vio en la década del Setenta. Una Unión Sudamericana que no sea un muro que aisle a sus países del mundo sino un puente que los una inteligentemente a él.

Unión Sudamericana o conflictualidad petropolítica permanente: es esta la cuestión decisiva para el futuro de Sudamérica. El gobierno argentino: ¿de qué lado pretende jugar?

jueves, 13 de marzo de 2008

PEJOTA RELOADED
(publicado DIARIO PERFIL 9 de marzo de 2008)

A la sociedad argentina le acaba de acontecer lo que al personaje del célebre cuento de Augusto Monterroso, el más breve –dicen- de la historia: cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. En efecto, parecía que había fenecido definitivamente debido al aterrizaje del meteorito kirchnerista en el espacio claustrofóbico de la política argentina, pero allí estaba, vivito y coleando, con su piel de lona camionera y su vientre omnívoro e insaciable, resurgiendo desde los intersticios que sucesivamente le dejaron la transversalidad, la batalla entre pingüinos y capitalinos, las pretensiones hegelianas de la Presidenta y la lucha entre nestoristas y cristinistas por el control del doble comando y del espacio vital en el lecho presidencial. Parecía que su muerte sería el producto natural del fin del Siglo XX devónico-nacionalista y de la era industrial-jurásica en los que había nacido y fructificado hasta convertirse en el predador por excelencia, o acaso la consecuencia inevitable del calamitoso estado en que dejaron al país sus dieciséis años de gobierno entre los últimos dieciocho, pero no. Una y mil veces no. Un Pejota demasiadas veces desahuciado ha resurgido de las entrañas del Parque Norte como un gliptodonte bonaerense sediento de la más dulce de las venganzas: la claudicación final y definitiva a su lógica de quien había prometido liquidarlo en aras de la promesa de inaugurar una nueva política y un nuevo país.
Por supuesto, la rendición fue convenientemente disfrazada por ambos bandos, pejotistas y kirchneristas, de retorno a casa del hijo pródigo. De manera que en el festejo estaban, victoriosos, refulgentes, los empeñosos intendentes del conurbano, los esforzados caciques sindicales, los redimidos dirigentes piqueteros, los camaleónticos lavagnistas, los arrepentidos ex–macristas, ex-socialistas y ex-aristas, los perplejos sciolistas, todos ellos votando con la unanimidad característica de las grandes gestas democráticas, invitando a profesar el credo (sic) justicialista, lamentando ausencias de último momento y enarbolando una promesa de amnistía para los prófugos duhaldistas, menemistas y rodriguesaistas, ya que nunca se sabe, para demostrar que –a pesar de tanto agravio- la familia justicialista sigue en pie y sigue siendo, antes que nada, una familia.
Allí estaban, pletóricos, los representantes de la nueva política, del país en serio y de la redistribución del ingreso, juntando en pocas cuadras lo verdaderamente último de la historia universal: el feudalismo monárquico del siglo XVII, el feudalismo ilustrado del siglo XVIII, el industrialismo mesozoico del siglo XIX y la petropolítica del siglo XX. No faltó siquiera el saludo del coronel Chávez, quien entre un “Mándeme ahí unos batallones, general” y un “Ya te envío el gas-oil, Cristina” hizo llegar su adhesión a un acto tan evidentemente socialista y del Siglo XXI proclamando su condición de pejotista de la primera hora.
Desde octubre de 2007, en que el kirchnerismo perdió en todos los distritos avanzados del país, el desenlace era inevitable. En efecto, el naciente Pejota reloaded promete el milagro sin precedentes de redistribuir el ingreso concentrando el poder político. Y nuevas y mejores maravillas se avecinan. Primera de ellas, la transformación del más formidable aparato de producción de consenso a-cualquier-precio-y-en-cualquier-circunstancia-y-lugar que ha forjado la historia argentina en un partido socialdemócrata de corte europeo, según el exitoso modelo liderado en los Ochenta por Antonio Cafiero y bendecido ahora por su presencia senatorial. Ya se avizora la escena propiciatoria en que Néstor Kirchner tomará té con masitas con Brown, grapa con Veltroni y gazpacho con Rodríguez Zapatero; ya se adivina a Hugo Moyano invitando gentilmente con un mate a Tony Blair, a Hugo Curto intercambiando banderines y abrazos con Felipe González y al Pepe Nun discutiendo sobre la tercera vía del tren bala con Anthony Giddens. Una delicia. Y lo mejor de todo, se comprende muy bien el radioso porvenir que le espera a la Argentina del postindustrial y globalizado siglo XXI si continúa en manos de la alianza entre la petropolitiKa de control de la matriz energética y el pejotismo recargado de Parque Norte, emblemático lugar de la fracasada alianza entre populistas-nacionalistas y socialdemócratas si los hay.

lunes, 10 de marzo de 2008


IDENTIDAD, SÍ. PERO: ¿CUÁL IDENTIDAD?

El hoy agotadoramente difundido discurso de las diversidades culturales y las identidades nacionales repara muy raramente en que “diversidad” e “identidad” son términos contradictorios que indican “diferencia”, en el primer caso, y ausencia de ella, en el segundo. Tampoco la idea de nación parece demasiado idónea para batallar por la diversidad cultural en un mundo global, ya que en un planeta poblado por 6.000 millones de seres humanos las diferencias aportadas por las alrededor de 200 naciones parecen ser una fuente de diferencia insuficiente por sí misma, para decir lo menos. Por otra parte, la insistencia en identidades nacionales monolíticas en un universo signado por las migraciones masivas es cualquier cosa menos una receta para la paz social, para no mencionar sus previsibles efectos sobre la paz internacional en un mundo amenazado por la proliferación del terrorismo y las armas de destrucción masiva.

También en la República Argentina se ha cometido el error de confundir unidad con uniformidad y de utilizar la escuela pública como medio de homogeneización aún largo tiempo después de que los emigrantes se hubieran asimilado al contexto social local, con el resultado de la desaparición, más profunda que en casi cualquier otro país inmigratorio, de las tradiciones culturales tanto de los pueblos precolombinos como de las colectividades inmigrantes. A pesar de sus muchos laureles, la escuela sarmientina carga con la culpa de la homogeneización cultural, de la confusión entre integración y asimilación y de la promoción de la uniformidad en nombre de la igualdad. No es posible tampoco desligar este trágico error del auge de los nacionalismos autoritarios, tanto populistas como elitistas, que han permeado el panorama político argentino en el siglo XX y brindado una inmejorable demostración histórica de las afinidades del trío nacionalismo-autoritarismo-militarismo.

Durante largos milenios, la diferencia entre las diversas “razas humanas” fue considerada altamente relevante. Largos tratados se escribieron acerca de las determinaciones genéticas sobre el comportamiento humano, los cuales fueron usados para justificar la opresión -cuando no la simple liquidación- de las “razas inferiores”. Aún los más prudentes entre los profetas de las diversidades raciales insistieron en recomendar la persecución social de la concupiscencia entre las razas, e insistieron en mantenerlas separadas por barreras geográficas “para evitar la pérdida de la diversidad biológica de la humanidad”.

Hoy sabemos que aquellas teorías no sólo eran opresivas y criminales sino científicamente erradas: la humanidad constituye, desde el punto de vista genético, una única especie en la que las diferencias entre sus componentes individuales son enormemente más relevantes que las que existen entre un “grupo racial” y otro. Por ello, en términos del paradigma de la preservación de las diversidades, la diversidad étnica no depende de factores racial-territoriales sino individuales, de manera que una política de mixtura e hibridación es la mejor de las recomendaciones posibles para evitar la consanguinidad y mantener un alto grado de diversidad. Por si hubiera alguna duda sobre esto, los hijos deformes y hemofílicos de muchas casas aristocráticas europeas se han encargado de demostrar en la Historia los efectos deletéreos de la reproducción endógena.

Lejos del fantasma de las “contaminaciones”, también en el campo cultural se trata hoy de evitar la generación de culturas consanguíneas, es decir: enfermas, decadentes y decrépitas. Construir barreras y aislar cada grupo humano de sus vecinos y de los demás habitantes del mundo no garantiza la diversidad, sino que la amenaza. Un pluralismo cultural cosmopolita en línea con las mejores tradiciones argentinas se define por el rechazo a hacer del país un gueto voluntario, con sus promesas siempre incumplidas de crear una comunidad segura y sus muy reales perjuicios: la pérdida de libertades, diversidad y pluralidad causados por la limitación espacial y el llamado a cruzada por la unanimidad identitaria.

Las tesis de las identidades nacionales fuertes y prescriptivas, del aislamiento como política de preservación y de oposición a la hibridación generada por los procesos globales son hoy una variante políticamente-correcta del racismo decimonónico. Sus efectos sobre los principios que pretenden defender son nefastos. Ante ellos, es necesaria la reivindicación de una diversidad universalista y basada en la identidad individual que el particularismo no puede sino combatir y menospreciar.

La primera condición de adscripción a una identidad auténtica es que sea voluntaria y no prescriptiva. Desde luego, este principio vale especialmente para toda forma de identidad territorial y nacional. Diversidad e identidad sólo pueden dejar de ser contradictorias y transformarse en complementarias en un contexto regido por el pluralismo, el cosmopolitismo, las libertades de opción y la democracia. Sobre todo, habrá de tenerse en cuenta que identidad no es uniformidad. Una alianza entre la izquierda democrática y el liberalismo progresista debe denunciar el identitarismo uniformizante como una violación del derecho a la diferencia individual y grupal y sostener la unidad política, nacional y global, y la igualdad de derechos de lo culturalmente diverso.

Fernando A. Iglesias
Autor de “Kirchner y yo”