DATOS PERSONALES

Mi foto
* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

domingo, 9 de noviembre de 2008


DISCURSO EN LA CAMARA DE DIPUTADOS

PROYECTO DE REFORMA DE JUBILACION PRIVADA

Taquigrafico 6 de noviembre de 2008

Señora. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Iglesias.- Señora presidenta: me causa cierta perplejidad que en una sesión definida como histórica por el diputado que habló por la mayoría, una sesión que va a cambiar la historia del país, en el momento en que hablan los representantes de los bloques opositores los integrantes del bloque de la mayoría presentes en el recinto no llegan a diez.
Voy a empezar por la palabra ideología, porque muchos despistados creen que pertenece a la tradición conservadora. Me refiero a la crítica de la ideología como un fantasma destinado no a descubrir la realidad sino a ocultarla. Esta idea de ideología no como un conjunto de ideas sino como un velo que cubre la realidad pertenece a la tradición de la izquierda. Fue Karl Marx, en “La ideología alemana”, quien afirmó que las ideas dominantes son las de la clase dominante. ¿Y qué clase dominante tiene hoy la Argentina si no la que está organizada alrededor del pejotismo, cuyo centro y matriz es el saqueo, un día con la privatización y otro día con la estatización? Esta es la verdadera oligarquía que se ha llevado puesto el presente del país y con esta ley inicua quiere hoy llevarse puesto también el futuro.
El punto a discutir no es el sistema estatal o el privado, no es sobre un régimen previsional sino sobre si vamos a habilitar el acceso a treinta mil millones de dólares que pertenecen a los jubilados argentinos, y no a las AFJP, a un gobierno basado en la corrupción estructural. No hablo en vano; hablo de Skanska, de los fondos de Santa Cruz, del baño de Felisa Micheli, de las tierras de El Calafate compradas sin licitación a precio vil y vendidas por una fortuna, de una campaña electoral pagada por traficantes de efedrina, por donantes que no habían donado nada, por valijazos en aviones estatales que nadie pudo ni puede explicar. Hablo de un gobierno irresponsable que hace un mes hablabla del desacople y se burlaba de las desgracias ajenas mencionando el efecto “jazz” y que hoy dice que tiene las cuentas en orden pero quiere pegar un tremendo manotazo fiscal.
Señora presidenta, la discusión entre estatal y privado no tiene sentido cuando la regla en el país es que el privado roba en complicidad con el Estado y el gobierno se quiere llevar todo después.

Daré algunas cifras para que tengamos idea de la magnitud de esta operación. Estamos hablando de treinta mil millones de dólares, el 9 por ciento del PBI argentino. La famosa maniobra con la que el gobierno de Bush pretendía rescatar la economía mundial era el 4 por ciento del PBI de los Estados Unidos. Acá estamos hablando comparativamente de más del doble, en una sesión histórica en la que los diputados de la bancada oficialista brillan por su ausencia. Se trata de una suma enorme, escandalosa, que pertenece a los jubilados argentinos no sólo por las leyes de la década del ‘90 sino porque el año pasado el Parlamento argentino les dio la libertad de optar.
Señora presidenta: No se gobierna un país con la mentira ni tampoco con un ojo en las encuestas y el otro en los titulares de los diarios. Los problemas que se patean hacia delante tarde o temprano llegan. Y ya que estamos en tiempo de discursos religiosos –como los que hicieron algunos diputados preopinantes‑ quisiera que en el momento de votar todos pensáramos en esa frase bíblica que dice: “Cosecharás tu siembra”, porque vamos a cosechar lo que hoy sembremos.

Tiene razón la señora presidenta, Cristina Kirchner, cuando dice que no quieren estatizar. Es cierto, no quieren estatizar; quieren kirchnerizar. Conciben al Estado como propiedad del gobierno y al gobierno como un bien ganancial del matrimonio K. Por lo tanto, el problema no es si el sistema estatal o si el privado sino el iceberg corporativo del cual el Pejota es simplemente la parte emergente. Es un iceberg que se está llevando puesta a la Argentina y que tiene clientelismo para arriba y para abajo. Para arriba, el clientelismo es capitalismo de amigos y subsidios. Para abajo, es dependencia de los punteros para sobrevivir, los que condicionan el voto y hacen lo que hicieron en la última elección.
Este iceberg se hizo presente en las plazas, en esas plazas que todos los peronistas que se acuerdan con nostalgia del 17 de octubre de 1.945 habrán mirado con vergüenza: las plazas de los intendentes del conurbano, las plazas de las patotas, las plazas de las burocracias sindicales. Ese es el Pejota hoy, el pejotismo del que hablaba hasta ayer Néstor Kirchner; ese es el Pejota que ayer era privatizador y hoy es estatizador. Es el Pejota que ha gobernado diecisiete de los últimos diecinueve años en la Argentina con consecuencias que no hace falta mencionar.

Cuando hay robo y saqueo no hay Estado ni hay privado, Señora Presidenta. El gobierno dice que las AFJP roban y timbean con la plata de los jubilados. Me pregunto: si es así, ¿quién los ha dejado robar y timbear en los últimos cinco años? También me pregunto, como en el caso de Aerolíneas, cómo es que un gobierno que no supo siquiera controlar y fue cómplice del saqueo se propone hoy como garantía de gestión. Y me pregunto dónde van a poner la plata. ¿En el Banco Nación, que tiene su propia AFJP y cuyos fondos están afectados por los DNU? ¿En el Banco Central, que no puede siquiera defender las reservas del país? ¿En la ANSES, que compra Letras al Tesoro al 9 por ciento en pesos –para ser más precisos: siete mil millones de pesos‑ mientras el gobierno le pide prestado a Chávez al 15 por ciento en dólares? Imagínese el agradecimiento de tantos compañeros bolivarianos y los aviones que vuelan entre Caracas y Aeroparque llenos de agradecimiento.
Señora Presidenta, si pagar 9 por ciento en pesos a los jubilados argentinos y 15 por ciento en dólares a Chávez no es la timba financiera, ¿la timba financiera dónde está?

Al gobierno le gusta hablar de la memoria, y por eso yo voy a hacer algo de historia, historia de la estafa y del saqueo. El saqueo arranca con un combo legislativo del que formaban parte tres aspectos: la privatización de YPF, las regalías a las provincias petroleras y la creación de las AFJP. El artículo 163 de la ley de privatización de una compañía petrolera –caso único en el mundo‑ habla de jubilaciones. Y el artículo 163 de la ley de creación de las AFJP –caso único en el mundo‑ habla casualmente de la privatización de YPF. Y están los discursos que no me dejan mentir. Está el discurso de Cristina Kirchner en la Legislatura de Santa Cruz, instando a los legisladores a aprobar rápidamente la privatización de YPF porque así llegaban los fondos frescos de las regalías supuestamente mal pagadas a las provincias. Seiscientos millones de dólares, por nombrar una provincia cualquiera, a Santa Cruz. Y ahí está Parrilli, hoy Secretario General de la Presidencia y entonces miembro informante en esta misma Cámara a favor de la creación de las AFJP. Y ahí estaba Kirchner también haciendo lobby por las provincias petroleras, porque le venían seiscientos millones de dólares de supuestas regalías mal pagadas. Y de ahí salen los famosos fondos de Santa Cruz que como Troilo siempre están volviendo, pero que nunca se sabe dónde están.
Sigue la historia del saqueo cuando se obliga a las AFJP a invertir el 55 por ciento de los fondos de los jubilados privados argentinos en bonos de la deuda del Estado, para financiarlo. Fue una maniobra iniciada por Cavallo y convalidada por Duhalde y por Kirchner. Y fueron esos bonos en poder de los jubilados los que el gobierno de Kirchner y Lavagna defaultearon en el año 2005. Fueron esos bonos en poder de los jubilados los que cambiaron por papelitos de colores ajustables por CER. Y fueron esos bonos los que volvieron a defaultear con el INDEC de Moreno, cuando en vez de pagarles a los jubilados la verdadera inflación, superior al 25 por ciento, les pagaron el 8 por ciento que decía el INDEC de Moreno y el valor de los bonos se pulverizó.
Esa es la historia del saqueo. Lavagna lo hizo. Kirchner lo hizo. Y lo hicieron hablando de antiimperialismo y de un progresismo muy curioso que consiste en defaultear los bonos y pagarles con 60 por ciento de quita a los jubilados argentinos, y pagarle por adelantado, sin quita y en dólares, al FMI.

Señora Presidenta, con la excusa de la intervención del Estado el Gobierno dinamita las bases de legitimidad del Estado, porque el Estado es Estado de Derecho o no es nada, o es una amenaza, o es Alí Babá…
¿Cuáles son las bases jurídicas y legales de un régimen jubilatorio que queremos sancionar hoy y que borra con el codo lo que escribió esta misma Cámara hace un año con la mano? ¿Sobre qué bases legales se va a asentar esta ley? ¿Qué va a impedir nuevamente que el próximo gobierno, sea del color político que sea, vuelva a cambiar la ley jubilatoria como se le antoje? ¿Estas son las famosas políticas de Estado de las que habla el Gobierno? ¿Vamos a tener un régimen jubilatorio cada cuatro años según sea quien gobierne? Una ley para treinta años discutida y sancionada en 30 días, y los fondos ahorrados durante catorce años dilapidados en una sola campaña electoral. ¿Estas son las políticas de Estado?
Señora presidenta: los argentinos ya tuvimos demasiado Estado sin Estado de Derecho y sabemos a dónde lleva eso. Los argentinos ya tuvimos suficientes presidentes de facto militares como para que hoy tengamos que soportar un presidente de facto civil.

- Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. Iglesias.- Las leyes no se sancionan en abstracto sino en un marco jurídico y legal. ¿Cuál es ese marco jurídico y legal…

- Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. Iglesias.- ¿Cuál es el marco jurídico y legal desde donde se pretende sancionar hoy esta norma? Ese marco es el de los decretos de necesidad y urgencia de una presidenta que antes los criticaba y decía que nunca los iba a firmar. Ese marco es el de una ley de emergencia económica que todavía está vigente. Ese marco es el de los superpoderes que la Constitución argentina sanciona como infame traición a la Patria.
¿Quieren hablar de reforma previsional en serio, en un país en serio? Entonces, eliminen los superpoderes, deroguen la ley de emergencia económica y supriman los decretos de necesidad y urgencia, y a partir de ahí empecemos a hablar en serio.
Hablan modificar algunos artículos del proyecto. ¿Qué artículo le va a impedir mañana a la presidenta de la Nación pararse en sus famosos atriles y decir que llegó el efecto jazz, que ya tiene preparado el plan “B”, y gastarse el dinero de los jubilados argentinos para lo que se le ocurra? ¿Qué artículo de una ley puede impedir algo en el marco de los decretos de necesidad y urgencia, de la ley de emergencia económica y de los superpoderes? ¿Qué garantías puede dar una ANSES que hace las cuentas de lo que perdieron las AFJP y no presenta nunca las propias cuentas para que los jubilados estatales puedan ver dónde está su dinero y cuánto perdió la ANSES también? ¿Qué garantías puede dar una ANSES que hoy dice ser superavitaria y le paga al 70 por ciento de los jubilados estatales argentinos la vergüenza de 690 pesos? ¿Qué garantías hay de control de estos fondos cuando la Comisión de Seguimiento del Fondo de Garantía de Sustentabilidad que fue creada hace más de un año nunca se reunió y no hay noticias de que se vaya a reunir?
¿Hablan en serio los que dicen que van a votar esto por las reformas que se introdujeron? ¿Qué seguridad puede dar una presidenta que hoy dice que el Estado nunca abandona cuando en el año 2001, cuando se venía la crisis, esa presidenta y su marido tomaron sus fondos personales que estaban en la Argentina y los depositaron en una cuenta en dólares en el Deustche Bank, como figura en la declaración jurada de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner? El mayor crecimiento patrimonial de la pareja se produjo entre el 2001 y el 2002, poniendo los ahorros en dólares y trayéndolos después de la devaluación.
¿Qué garantías puede dar un gobierno cuyo verdadero presidente fue el que se encargó de poner los fondos de la provincia de Santa Cruz en Suiza, de que los fondos de los jubilados argentinos no terminen –como dijo alguien- en las Islas Caimán?

Señora presidenta: dicen que la Coalición Cívica hace una oposición cerril. El año pasado los diputados que hoy forman parte de la Coalición Cívica votaron en este mismo recinto una ley que reconocía a los jubilados el derecho a optar. ¿Con qué cara le van a decir ahora al que eligió quedarse donde estaba que esa ley no rige más y que se ha decidido una cosa diferente? ¿Dónde están los derechos adquiridos? ¿Y qué derechos adquiridos se crean para los próximos jubilados cuando con esta nueva norma estamos violando los derechos adquiridos creados por la anterior?
Hace un año, más del 80 por ciento de los consultados prefirieron quedarse en las AFJP, y no porque les tengan cariño. Seguramente desconfían de ellas, y con muy buenas razones, pero creen que es todavía peor ir de las AFJP a la AFJK. Señora Presidenta: Cuando el gobierno habla del Estado lo hace como si hablara de Robin Hood pero los ciudadanos argentinos, que tienen una larga experiencia, saben muy bien que no es Robin Hood sino que ha actuado, sobre todo con estos gobiernos, como Alí Babá, el jefe de los cuarenta ladrones.
Si estaban preocupados por la crisis internacional y por el futuro de los jubilados privados lo razonable hubiese sido discutir la reapertura, para que quien quisiera pasarse de las AFJP al Estado lo pudiese hacer. Eso era razonable, pero no daba caja. Era razonable bajar las comisiones para que las AFJP cobraran menos, pero no daba caja. Era razonable que las AFJP cobraran comisiones sólo si los fondos daban ganancia, pero no daba caja. Todo esto estábamos dispuestos a discutirlo, pero no daba caja. Por eso nada se hizo y en cambio se elaboró esta ley vergonzosa. Lo que se busca con ella y con este apuro no es hacer cosas razonables en beneficio de los jubilados sino permitir un manotazo a la caja. Esto es lo que estamos discutiendo hoy.

Señora Presidenta, dado que he escrito algunos libros sobre el significado de la palabra “izquierda”, me voy a permitir reproducir lo que ha dicho el fundador del Partido Socialista de la Argentina, presidente de ese partido hasta su muerte, fundador del periódico “La Vanguardia” y de la Cooperativa “El Hogar Obrero”. Dijo este hombre: “Negamos que las empresas deba hacerlas el Estado; ya vendrán ellas si el Estado sabe cumplir sus funciones esenciales que consisten simplemente en la aplicación del Código Civil y del Código Penal, para establecer el respeto por la propiedad y por las personas.” Quien dijo esto se llamaba Juan B. Justo y hubo en Buenos Aires una avenida de veredas rojas en su honor. Espero que cuando voten todos los señores diputados también le rindan honor.

Señora Presidenta, la subejecución de la obra pública es alarmante. Lo digo porque el ministro Tomada y muchos diputados oficialistas hablan desvergonzadamente de usar los ahorros de los jubilados para pagar obra pública. Lo que desde siempre ha sido saquear la plata de los jubilados para financiar al Estado ahora parece que se trata de una hazaña progresista. La mayor parte de los sectores de la obra pública tienen una subejecución monstruosa. Por ejemplo, la ejecución tiene un nivel del 15 o 20 por ciento en la vivienda popular desde el año 2005. Y los sobreprecios de la obra pública son todavía más alarmantes: más del ciento por ciento en el caso Skanska. El presupuesto para la obra pública de la que se habla sigue creciendo verticalmente desde 2003. ¿Dónde están las autopistas, los puentes, los puertos, los ferrocarriles y los subtes, Señora Presidenta? Ya sabemos lo que significa todo esto: caja para De Vido, cuyo ministerio tiene un plan de obras públicas cuyo principal objetivo es el tren bala.
¿Le vamos a dar a De Vido el ahorro de los jubilados? ¿Los señores diputados le prestarían a De Vido un mes de su propio sueldo? ¿Por qué le vamos a dar entonces el control de lo que pertenece a los jubilados argentinos? ¿Qué progresismo es este que le saca a los jubilados para pagar deuda, para el tren bala y para financiar campaña electoral?
Cuando en 1.993 el señor diputado Parrilli, hoy secretario general de la Presidencia, habló en este recinto, se refirió a una bomba de tiempo. Hoy estamos creando una nueva bomba de tiempo; la misma que crea un presupuesto que tiene cincuenta ítems en los que más del 70 por ciento del gasto se va a producir después de 2011. Por eso, no solamente hablamos en defensa de los jubilados privados sino también de los jubilados estatales, que cobran de una ANSES que va a estallar. Hoy se le paga 690 pesos a seis millones de personas que dependen de ella. Estamos hablando del 80 por ciento de los jubilados estatales. Y la ANSES que hoy los hambrea va a tener que incorporar alrededor de nueve millones más de personas, y repartir.
No solamente se está robando a los jubilados que están en el régimen privado sino que también se pone una bomba de tiempo en el régimen estatal, que nosotros queremos defender. Y lo tiene que defender toda esta Cámara. Y el futuro del próximo gobierno, cualquiera sea, lo tiene que defender también toda esta Cámara, tanto el oficialismo como la oposición.
¿Con qué van a pagar? ¿Quién va a pagar los juicios que van a hacer las AFJP y los propios jubilados? ¿Quién se va a hacer responsable del estallido de la caja de la ANSES cuando ocurra? ¿Van nuevamente a decir, como hoy, que diez o quince años atrás se equivocaron y que hay que hacer las cosas de nuevo?
Ya hemos visto esta película. La película de la bomba de tiempo argentina la vimos en 1998. La armó Menem con el endeudamiento. Ahora la arma Kirchner con el régimen de jubilación.

El saqueo comenzó en 1993, cuando el Pejota de Menem creó las AFJP y les dio el 30 por ciento en concepto de comisiones. El saqueo siguió cuando el Pejota de Duhalde y Kirchner consolidó que más de la mitad de la deuda fuera destinada a bonos del Estado que después Kirchner y Lavagna defaultearon. Saquean el presente todos los días cuando hablan de Estado y le pagan una miseria a los jubilados. Y saquean el futuro cuando preparan el estallido de la ANSES con esta ley.
El peronismo, que empezó su trayectoria creando las cajas jubilatorias, hoy quiere cerrar su parábola descendente votando una ley que va a provocar su explosión. El pejotismo del que hablaba despectivamente el doctor Kirchner hasta hace poco es hoy el gran partido conservador de la República Argentina. Es el partido del poder. Es el partido del statu quo. Y el kirchnerismo, que llegó prometiendo un país en serio, una nueva política y distribución de la riqueza, hoy quiere sancionar un mamarracho jurídico que es la expresión perfecta de una manera vieja y corrupta de hacer política, cuya distribución de la riqueza es siempre la misma: a favor de la caja K.

Señora Presidenta, durante este año se abrió una gran expectativa en la sociedad argentina: la de que el Parlamento ‑y en particular esta Cámara- dejaran de ser una escribanía, la de que se acabe la obediencia debida.
En esta sesión histórica –como dijo un diputado preopinante- quiero decirles a todos los legisladores que pensemos en lo que votamos para que no nos hagamos merecedores a un nuevo “¡Que se vayan todos!”
(Aplausos.)

viernes, 7 de noviembre de 2008


Maestro Ciruela

En la sesión de ayer, en que se apobó la vergonzosa apropiación de los ahorros de los jubilados, cité a uno de los pioneros de la socialdemocracia en el país y el mundo, Juan B. Justo. Este es el párrafo:

“Dado que he escrito algunos libros sobre el significado de la palabra “izquierda”, me voy a permitir reproducir lo que ha dicho el fundador del Partido Socialista de la Argentina, presidente de ese partido hasta su muerte, fundador del periódico “La Vanguardia” y de la Cooperativa “El Hogar Obrero”. Dijo este hombre: “Negamos que las empresas deba hacerlas el Estado; ya vendrán ellas si el Estado sabe cumplir sus funciones esenciales que consisten simplemente en la aplicación del Código Civil y del Código Penal, para establecer el respeto por la propiedad y por las personas". Quien dijo esto se llamaba Juan B. Justo y hubo en Buenos Aires una avenida de veredas rojas en su honor. Espero que cuando voten, todos los señores diputados también le rindan honor”

Me respondió el diputado socialista por la Capital Federal, Roy Cortina, diciendo:

“Por estas razones, sosteniendo nuestro dictamen de minoría, pero también como socialista, apoyo en general con absoluta convicción esta iniciativa, porque más allá de lo que me quieran explicar algunos maestros ciruela sobre la historia del socialismo, yo no sé lo que decía Juan B. Justo hace dos siglos, pero sí estoy seguro de lo que decían en estas bancas, casi en soledad, Guillermo Estévez Boero y Alfredo Bravo: que no entren los mercaderes en el templo de la seguridad social”.

Agradezo por este medio a Roy que me haya integrado al gremio al que perteneció el recordado y querido Alfredo Bravo, pero -a efectos de la cultura y la memoria histórica, de las que tanto se habla- quiero avisarle que hace dos siglos (1.808), Juan B. Justo (1.865-1.928) no había nacido aún.

lunes, 27 de octubre de 2008

SONDEO DE CLARIN EN LA CAMARA BAJA


1) Estoy de acuerdo con que en todo país en serio la reestructuración del sistema previsional es una cuestión de estado que merece una profunda discusión y una búsqueda de consenso entre el oficialismo y la oposición, y no una medida inconsulta y unilateral que está destruyendo la poca confianza que quedaba en la economía K.

2) Así como fue enviado, el proyecto es un manotazo de ahogado sobre las jubilaciones que pertenecen a millones de argentinos y no a las AFJP por parte de un gobierno que ya los obligó a invertir en bonos del estado, se los defaulteó con Lavagna, se los pulverizó con la inflación según el INDEC de Moreno y se los confisca ahora para pagar deuda externa y financiar su campaña electoral.

3) El cambio que introduciría es el de un gobierno que piense en el país a largo plazo en lugar de provocar incendios e intentar apagarlos después con nafta. Saquearon cuando privatizaron en los ´90 y saquean cuando estatizan hoy: Parrilli, el PJ, Néstor Kirchner y muchos diputados oficialistas que votaron la creación de las AFJP en 1993 y se hacen los distraídos hoy.

¿NACIONALIZAR LA ECONOMÍA O GLOBALIZAR LA DEMOCRACIA?

Habrán todos notado que se atribuye hoy la crisis al neoliberalismo noventista sin que nadie mencione la palabra crucial que lo regía: ajuste. Y es que la administración Bush no ha aplicado ningún ajuste (una burbuja es, por definición, lo contrario de un ajuste) y sí se ha hartado de usar políticas expansivas en una fase expansiva, lo que recuerda las hazañas de los Kirchner de estos últimos años. Para no hablar de las disparatadas igualaciones entre la crisis argentina del 2001, causada principalmente por la sobrevaluación cambiaria de la Convertibilidad, y la mundial del 2008, iniciada en esos Estados Unidos cuya moneda toca hoy mínimos históricos.

Es cierto que la falta de regulación del mercado financiero es una de las recetas clásicas del neoliberalismo y la responsable principal de la crisis. Pero también es cierto que la ortodoxia implica también una moneda fuerte y estable, tasas altas y positivas, superávit fiscal y comercial. Ahora bien, durante la presidencia de Bush el dólar perdió frente al euro la mitad de su valor, las tasas bajaron del 5-6 % de la era Clinton al 1-2% de la era Bush, y los formidables superávits gemelos se transformaron en un impresionante déficit fiscal y comercial. ¿Ortodoxia bushiana? Ninguna (dicho sea esto sin ninguna admiración por la ortodoxia).

Al menos en cuatro aspectos fundamentales, la administración de Bush ha aplicado recetas heterodoxas, en una versión de populismo de derecha mal disfrazado de keynesianimo que mantuvo funcionando la economía estadounidense (y la mundial) en altos niveles de crecimiento por cinco años. Ahora bien, aplicar políticas expansivas en plena fase expansiva no es ser ortodoxo, ni heterodoxo, ni keynesiano; es ser irresponsable; y los seres humanos, argentinos y no argentinos, deberemos aprender las dolorosas lecciones que en este sentido nos depara el futuro.

El segundo punto que ha desnudado la crisis financiera es la incomprensión de las razones del apogeo neoliberal. Según el relato nacionalista-populista disfrazado de izquierda un día el señor Reagan y la señora Thatcher se levantaron de mal humor, decretaron que todo debía cambiar en el mundo y comenzó una era de pálidas y desventuras. Consecuentemente, quienes se oponen al pensamiento único neoliberal creen que se lo combate ideológicamente, elaborando y difundiendo un pensamiento único tan ciego a la realidad como el anterior pero de signo contrario. Lo que se les escapa es que el fenómeno que ha permitido el auge neoliberal ha sido la globalización de las finanzas y la economía sin una globalización simultánea de los sistemas políticos democráticos ni de sus instrumentos de control. Es el formidable desequilibrio de fuerzas entre un mercado unificado y cientos de estados fragmentados el que obliga a competir a todos los países por los capitales globales mediante la desregulación del mercado financiero y políticas de dumping laboral y ecológico. Sin resolver esta cuestión, la de globalizar la democracia para restablecer el equilibrio perdido entre política y economía, no habrá salida a la presente situación ni fin del neoliberalismo, sino alternancia entre él y un populismo irresponsable del que los derechosos del Norte y los izquierdosos del Sur son partes complementarias. A menos que se crea que la solución es volver al proteccionismo e insistir en la teoría del desacople y de la Argentina blindada que esgrimía el Gobierno CFK hasta hace dos semanas, y que ya ha enviado prudentemente al desván para poder pasar a justificar todos los problemas económicos del país en la crisis mundial, lo que también es falso.

Esta debacle financiera es una formidable oportunidad para globalizar la democracia. Sólo una respuesta política globalmente unificada pudo imponerle un parate provisorio. Se trata ahora de reformar la arquitectura financiera mundial para estabilizar los mercados y enfrentar la recesión que la seguirá protegiendo a todo el mundo y no sólo a la población de los países centrales. Si existiera un Parlamento Mundial sabríamos dónde discutirlo y cómo hacerlo. Comenzar la batalla por crearlo es un desafío para una izquierda del siglo XXI que mire al mundo y al futuro en lugar de seguir encandilada por la nación y su pasado. No se trata pues de renacionalizar la economía sino de ajustar los instrumentos democráticos a la emergente sociedad global de la información y el conocimiento, restructurando la arquitectura financiera mundial e iniciando una reforma democrática de la ONU a fin de que pueda cumplir las funciones para las que fue creada.

lunes, 20 de octubre de 2008

Suspendemos por el momento la Conferencia : "25 años de democracia: una perspectiva latinoamericana"

Lamentamos comunicarles la postergación de la actividad prevista para este miércoles 22 en la Facultad de Derecho de la UBA.

El embajador de Chile, Dr. Luís Maira, ha debido viajar a su país por problemas familiares, y el Dr. Francisco Bustillo Bonasso, embajador de Uruguay, acaba de comunicarnos que ha debido agendar un viaje en la misma fecha.

Por estos motivos hemos decidido postergar la actividad de celebración de los "25 años de Democracia, una perspectiva sudamericana", que esperamos poder realizar antes de fin de año.

viernes, 17 de octubre de 2008


El capitalismo necesita más democracia global

La mayor crisis sistémica de los últimos setenta años exige encarar la reforma de la ONU y de las instituciones financieras internacionales.

Publicada en el Diario "Clarin" el 16 de octubre de 2008

Si la década del 80 había presenciado la crisis de la deuda de los países africanos y sudamericanos más pobres y los 90 mostraron que la línea de fractura se había movido hacia los países de desarrollo medio, lo sucedido en estas semanas demuestra un ulterior desplazamiento de la crisis desde la periferia al centro del sistema.
Se equivocaban quienes pensaban que un nuevo 1929 era imposible porque las naciones habían desarrollado un sistema de intervención ante la crisis: la arquitectura institucional del mundo es hoy tan deficiente como lo era la de los Estados Unidos entonces. Las reiteradas caídas de las Bolsas mundiales y la generalizada negativa de los bancos a prestarse dinero demuestran así la incapacidad del sistema financiero nacional/internacional para dar respuesta a cuestiones globales.
Pero olvidemos la catástrofe reciente y supongamos que la sangría aplicada por Mr. Bush termina siendo exitosa; que los mercados se recuperan y que se produce, milagrosamente, un aterrizaje suave de la economía mundial. Las preguntas son obligadas: 'Es democrático el hecho de que una decisión que involucra el destino económico del entero planeta sea responsabilidad del presidente de un solo país? 'No se viola la cláusula esencial de la democracia cuando un gobierno elegido para defender intereses nacionales toma medidas que afectan a miles de millones de personas incapaces de hacerse oír y representar en el proceso de toma de decisiones? Y no se trata solamente de la economía. Las mismas cuestiones se plantean en todos los principales problemas sobre los que se juega el destino de la humanidad: el cambio climático, la proliferación nuclear, el manejo de tecnologías de alto riesgo y el control de la violencia global.
'No es claro que, aun suponiendo que todos los Estados nacionales fuesen democráticos, el sistema de las democracias nacionales y las instituciones internacionales tal como las conocemos es insuficiente para gobernar eficaz y democráticamente un universo tecno-económicamente globalizado? Ante la consolidación de un mercado mundial es necesario recrear en el ámbito global los instrumentos desarrollados ayer a nivel nacional: un sistema monetario coordinado que reduzca las especulaciones cambiarias y permita llegar paulatinamente a una moneda única, un prestamista global de última instancia que inyecte liquidez en situaciones de crisis y, sobre todo, un poder democrático que regule el proceso actuando en representación de los intereses de todos los ciudadanos del mundo y no sólo de unos pocos. Quien conozca la historia de la creación del FMI y el Banco Mundial en Bretton Woods (1944) reconocerá en estas propuestas la actualización de las iniciativas presentadas entonces por John Maynard Keynes. El fundamentalismo de mercado no es una epidemia ideológica sino la consecuencia inevitable del desequilibrio de poder entre una economía global y una política aún centrada en Estados nacionales. La crisis actual no puede ser resuelta nacionalmente ni sus consecuencias evitadas por las ilusiones autárquicas creadas por el proteccionismo nacionalista. La mayor crisis sistémica de las últimas décadas ha hecho evidente que la reforma democrática de la ONU y las instituciones financieras internacionales ha dejado de ser un sueño utópico para transformarse en una necesidad urgente. Para ahuyentar definitivamente el fantasma de una Gran Depresión mundial es necesario restaurar el equilibrio entre democracia y capitalismo que se perdió con la globalización del sistema económico sin una simultánea globalización de la democracia. Una reunión inmediata de la Asamblea de la ONU y la formación de una agencia mundial con poderes directos de intervención en la emergencia financiera podrían ser hoy un primer paso en este sentido.

Horacio González y la Estetización de la Política

Publicado en Revista "Contraeditorial" octubre de 2008

Entre las muchas acusaciones esgrimidas contra los populistas latinoamericanos por Juan José Sebreli, Horacio González ha escogido responder la de barroquismo. Nada eligió decir, en cambio, del argumento sebreliano de que los intelectuales populistas que se pretenden la vanguardia liberadora de sus pueblos son en realidad un aliado fundamental del sistema que los oprime. Ni nada ha querido responder a las observaciones sebrelianas que, lejos de concederles el progresista lugar que se autoadjudican, los ubica como bastión de las fuerzas reaccionarias. Nada de ello le preocupa ni le ofende, pero el empleo de la palabra “barroco” en uno de los muchos párrafos de la extensa nota ha logrado sacarlo de las casillas. La conclusión no puede ser más simple: o González discute algo marginal porque carece de argumentos para enfrentar lo principal o la estética ocupa el lugar más alto en su escala de valores, lo que relega a la tan reivindicada política al humilde rol de actriz de reparto.

Basta ver la lista de autores a los que González acude en su socorro (Sarduy, Viñas, Borges, Lezama Lima) para constatar que es la literatura su preocupación central, acaso, la del entero populismo latinoamericano. Después de todo, ¿de qué se acusa a Sebreli? De haber concurrido a discutir filosofía a la mesa de Mirtha Legrand. Vulgaridad mediática, soluciones pegadizas, estética de los medios de comunicación, son los anatemas escogidos para el linchamiento intelectual de Sebreli. Y bien, he visto algunos programas de la señora Legrand y he compartido con Horacio decenas de desayunos filosóficos en los cafetines de Buenos Aires, y si debiera abrir un juicio sobre la calidad filosófica de ambos foros no sabría a favor de cuál pronunciarme. Lo digo con respeto: ni uno ni otro parecen ser lugares apropiados para ahondar en las profundidades de la filosofía y ambos lo son para un primer acercamiento a sus problemas. ¿Por qué condenar a éste y salvar al otro? ¿O acaso la estética del café, tan cara a las personalidades emocionalmente heideggerianas, opera como garantía salvífica de la metafísica populista, en tanto las abominables mesas televisivas –a las que, sin embargo, concurren con entusiasmo apenas tienen la oportunidad varios ilustres cartabiertistas- merecen la abominación que ayer se reservaba al cine de teléfonos blancos?

Quizás se les haya ido la mano a los entusiastas de la separación entre forma y contenido. Pero, ¿es esta una buena justificación para caer en el exceso opuesto, es decir: en el concepto simplista de que la estética del continente garantiza la calidad del contenido? ¿No se parece esta idea, curiosamente, al elemento psicológico manipulado por los marketineros adoradores del packaging? ¿Están seguros, Horacio y sus muchachos populistas, de que la reificación estetizante de toda acción popular, el ensalzamiento permanente de las barricadas y la defensa acrítica de todo intento de reeditar la epopeya de la Revolución Francesa lleve a mejorar las condiciones de vida de un país, o de un continente? Lo digo sin pretender desconocer el rol que las luchas sociales han jugado en la mejora de la situación de los vulnerables. Lo digo porque creo que la lucha social no lo es todo y porque conjuro que a nuestros populistas latinoamericanos se les ha escapado alguna parte importante del asunto, la que explica el raro misterio de que no haya lugar en el mundo con un repertorio de héroes -desde Sandino al Che Guevara- tan reconocido como Latinoamérica, continente que sin embargo sigue siendo el de las mayores desigualdades sociales del planeta. Para no recordar que este país ha sido gobernado diecisiete de los últimos diecinueve años por el Partido Justicialista sin mejora de la cuestión social digna de mencionarse. Lo digo porque creo notar, en el fondo, cierta indiferencia de los intelectuales populistas por los resultados concretos de sus acciones, muy similar a la que sospecho entre héroes como Guevara. Como si el retroceso desde la ética de la responsabilidad hacia la ética principista no fuese suficiente y hubiera que refugiarse además en la ética de la estética, esto es: en esa estetización de la política que criticó un cierto Walter Benjamin, citado por González. Y lo digo también porque cada vez que se reactiva la discusión política, como recientemente, creo percibir cierto entusiasmo setentista en el que importa más el disfrute de la “fiesta” que su impacto en las condiciones de vida de los más pobres y desprotegidos. De allí la celebración de estos tristes meses en los que el Gobierno logró acabar, con eficacia no desprovista de pasión nihilista, con las perspectivas de crecimiento de uno de los sectores más dinámicos de la economía nacional y con sus propios sueños hegemónicos.

Es que no hay nada más antiestético que las aburridas democracias escandinavas, con sus carteros puntuales y sus sistemas de asistencia a las abuelas en desgracia, tan lejanas al clima social que permite la proliferación de los Raskolnikovs y los Dostoievskis; ni nada más divertido que una revolución tropical capitaneada por barbudos, o una manifestación argentina que pide el despido en masa de la clase política ante la mirada atenta de las Naomi-Kleins de turno. Es sobre estos patrones de índole estética que intenta forjar el populismo el futuro del país. Pero cuando se trata de emigrar o de exiliarse… cuando se trata de emigrar o de exiliarse se pasa rápidamente de la romántica estupidez pública a la pragmática astucia privada, razón que explica que el número de exiliados latinoamericanos haya sido ayer tan alto en Suecia y tan bajo en Cuba, y el de emigrantes sea tan alto hoy en los demoníacos USA y la consumista Unión Europea y tan bajo en Venezuela.

Lo que nos lleva de nuevo a González y Sebreli, y al origen de su disputa: una nota crítica sobre Ernesto Laclau, heroico exiliado en las liberales universidades de la Rubia Albión, desde cuyas antipopulistas cátedras ha logrado establecer un bastión de la liberación de nuestros pueblos. Lo digo con cierto encono, lo admito, porque no me parece justa la sospecha que siembra González acerca de las motivaciones de Sebreli, autor con quien se puede o no coincidir pero que ha vivido siempre de los ingresos que le han procurado sus libros y artículos, sin acceder jamás un puesto en la universidad, ni en la academia, ni en la política, ni en el funcionariado público, lo que no puede afirmarse de ciertos detractores siempre dispuestos a endilgar a los demás la calificación de intelectuales orgánicos y jamás capaces de aplicar la misma vara a sí mismos y a sus amigotes. A decir verdad, conociendo personalmente a ambos personajes, si tuviera que elegir para mí mismo el futuro económico de uno de ellos elegiría el de Horacio y no el de Juan José; para no hablar de los suculentos salarios de Laclau, que de ser percibidos por Sebreli ya estarían hablando algunos de sobornos colonialistas. Que se haga cargo pues el amigo González antes de calificar a Sebreli de infante injurioso y a su obra de tarea diaria de opresión: es González el oficialista, y no Sebreli. Son González y sus amigos de Carta Abierta los que trabajan incansablemente a favor de los sentidos comunes instalados por el revisionismo populista y los que integran hoy el formidable bloque de poder pejotista del que el kirchnerismo es sólo el actual mascarón de proa. Que Horacio esté al frente de la Biblioteca Nacional y sus amigos vivan de mil actividades relacionadas con uno de los gobiernos más corruptos de la historia argentina no hace a sus ideas mejores ni peores, pero –por favor- no estaría mal que se sacudieran de encima esa pose de almas bellas anarquistas que se lleva tan mal con la luz de neón de los despachos.

La argumentación gonzaliana no es mejor en lo que respecta a la estética. Hay en los verdaderos barrocos una disposición a explorar las dificultades del lenguaje perfectamente opuesta a la enfermedad del barroquismo manierista, cuyas víctimas están más bien interesadas en aprovechar esas dificultades para hacer pasar lo enmarañado por complejo. El barroco, qué duda cabe, tiene su magnificencia y su dignidad literaria; y detenerse morosamente en las minuciosidades del lenguaje -alla Proust- y hasta usarlas como tema central de una novela -alla Joyce- es perfectamente legítimo. Más difícil es defender la utilidad del barroquismo en el terreno político, donde cierta dosis de claridad resulta imprescindible si se quiere escribir para todos, es decir: para ese pueblo que tanto adoran los populistas pero que para su desgracia suele preferir los almuerzos de la señora Legrand a las disertaciones de los cartabiertistas; acaso por estar las mismas empedradas, como señala Sebreli, de indefinidos plurales, de prácticas articulatorias, de especificidades del vínculo hegemónico, de materialidades de la estructura discursiva y otras delicias destinadas a esconder la banalidad de los malos pensamientos. “Estética de mercado”, dice González de Sebreli en la cúspide de su prejuicio anatemizador, sin darse cuenta de que los detestados mercados, con sus hombres de carne y hueso tomando decisiones concretas de aceptación y rechazo, suelen ser más democráticos que las jergosas universidades, y no está mal que así sea.

Hay que dar vuelta la tesis de González: si la forma es inescindible del contenido, entonces la verbosidad barroquista de Laclau es inseparable de un pensamiento antipopular, muy a pesar (¿a pesar?) de su prédica populista. Lo dice bien Sebreli en la frase clave de su artículo: “Algunos se dedicaron a hacer filosofía de la literatura y ahora quieren hacer literatura de la política”. Estrategia nada original, por otra parte, en un mundillo intelectual, el argentino, que se caracteriza por el intento de aplicar a la política, nuevamente, infaustamente, las ideas nietzscheanas, acaso no tan malas para el mundo del arte. Al fin y al cabo, la tragedia de González es la de haber nacido para la literatura y no haberse atrevido a enfrentar su destino, lo que lo ha llevado a meterse en política sin cambiar de punto de observación ni de estilo, con la gracia de un rugbier que jugara al ajedrez y la eficacia de su viceversa. Como si la belleza pudiera ser el paradigma central de la política, en cuyo caso la genialidad de Eisenstein garantizaría las bondades del estalinismo y el nazismo sería un modelo político insuperable, como sugirió la Leni Riefenstahl de sus años de gloria.