DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

miércoles, 19 de diciembre de 2007


CRISTINA KIRCHNER: EL PROGRESISMO REACCIONARIO

El discurso de asunción de Cristina Kirchner ha dejado en claro no sólo su extraordinaria capacidad oratoria sino los límites de su pensamiento político. Tres momentos han marcado su horizonte. El momento económico, en el que Cristina ensayó una nueva síntesis productivista que sumaba el campo a la industria y abogó por un país en el que la industria aporte la mayor cuota del PBI. El momento educativo, en el que propuso un retorno a la escuela sarmientina en la que se educó y en la que “todos los días había clase, los maestros sabían más que los alumnos y había que estudiar diariamente para pasar de año”. Finalmente, el momento filosófico, en el que se autocalificó de “presidenta de la Modernidad en tiempos postmodernos” y declaró que las categorías pueblo y estado-nacional estaban más vigentes que nunca. Ahora bien: ¿qué une a los tres momentos de Cristina Kirchner si no el programa del progresismo reaccionario: la aspiración de brindar una respuesta a los problemas del futuro apelando a las recetas del pasado? Desde hace muchos años los servicios ocupan un lugar central en la producción de los países más ricos e igualitarios, en los que han desplazado a la industria como centro dinámico de la economía. En ellos, la mayor parte de la producción manufacturera ha sido relocalizada hacia países emergentes como China. Contrariamente a la tesis industrialista de Cristina, Argentina es un país más industrial que la Unión Europea y los Estados Unidos ya que el porcentaje que aporta su industria al PBI es 5 y 10 puntos mayor que en las dos mayores economías del planeta. De manera que el esquema racional para su futuro no puede basarse ya en la reindustrialización sino en el pasaje a la sociedad de la información, en la que el valor agregado no es ya trabajo manual agregado sino conocimientos, innovación, diversidad, comunicación y emociones agregados a la producción agraria, industrial y de servicios, sin distinciones. Segundo punto, por enormes que hayan sido los méritos de la escuela sarmientina de la crisis educativa nacional se sale abandonando visiones educativas atadas al esquema nacional/industrial al que nuestra Presidenta adhiere. Necesitamos escuelas que formen a los alumnos para la sociedad postindustrial y global en la que vivirán y no para el fenecido mundo nacional/industrial en que se educaron sus maestros. Y precisamos abandonar ciertos corsets ideológicos para hacer del inglés y la computación materias centrales en un contexto en el que estar conectados con el planeta resulta imprescindible. Evidentemente, a ninguna de estas cuestiones se responde apelando a los viejos buenos tiempos de las escuelas normales de provincia. Por último, seguir entendiendo el devenir del mundo como una batalla entre la Modernidad nacional/industrial y su adversaria postmoderna que sólo ve la disolución de estos grandes relatos es condenarse a la incomprensión y la impotencia. Por supuesto, la posibilidad de que haya una opción superadora de la versión industrial/nac&pop de la Modernidad (tesis) y de sus disolutorios adversarios postmodernos (antítesis), y la comprensión de que para defender la justicia social y la igualdad sea necesario hoy actuar en relación a un mundo postindustrial y globalizado no forma parte de las concepciones de nuestra hegeliana Presidenta, a pesar de que es esto lo que sucede en los treinta países del mundo que funcionan razonablemente bien, incluida la Alemania que ha tomado por modelo.

3 comentarios:

Lucas dijo...

Parece mentira, estimado Fernando, que esta mujer, su marido y el resto de su patoteril troupe, no quieran ver como su modelo atrasa treinta años en lo politico, y mas de ciencuenta en lo economico. Pero claro ... por un lado, como buenos peronistas, son conservadores, y por otro, el atraso de la Argentina (por ellos mismos generado y perpetuado) hace que los grandes negocios sigan pasando por apoyar / subsidiar mas que a nadie al corrupto, ineficiente, y oligopolico sector industrial.
Un fuerte abrazo, duro con ellos en el Congreso, y feliz 2008 !
Lucas

Fernando A. Iglesias dijo...

Gracias Lucas.

Anónimo dijo...

SEGURO Q EL MODELO DE ALIANZA NO ATRASO..Y DE LAS COIMAS EN EL SENADO TAMPOCO