DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

jueves, 4 de febrero de 2010

NOTA DE LA SEMANA


¿Volumen o escala?: el triunfo de David sobre Goliat

El control y organización a nivel de las escalas ampliadas, y en particular: de la escala global, y ya no la magnitud, determinan el poder o su carencia en la era de la globalización. Esta inversión de la importancia entre magnitud y escala, cuya importancia en la época industrial era exactamente inversa, constituye un punto de inflexión entre una era y la otra. Entidades, instituciones y organizaciones pequeñas y medianas, pero globales y des-territorializadas, ganan hoy predominio sobre otras mayores atadas a una lógica territorial, generalmente de tipo nacional. El volumen, la cantidad y la masa total, paradigmas de poder durante los tiempos industriales, se vuelven principios anticuados y obsoletos, en tanto la escala de una organización se transforma en el factor de éxito por excelencia. De allí el apogeo de las involumétricas pero poderosas redes globales.
Cuando el mundo se hace mundial, las instituciones veloces, líquidas, ultramodernas e inmateriales que logran estructurarse como tales obtienen predominio sobre las masivas, sólidas, tradicionales y materiales organizaciones de la era nacional-industrial, es decir: atadas a una lógica territorial y a una estructura de poder de tipo piramidal. Este proceso ha alcanzado un gran desarrollo en el campo económico, en el que la existencia de una estructura computarizada global y a-territorial que trabaja on-line-everywhere-worldwide-all time ha llevado a la financiarización, consagrando y consolidando un rol crucial y creciente de las finanzas respecto al resto de la economía.
Corporaciones pequeñas y medianas logran también ejercer un fuerte control sobre las políticas aplicadas por estados nacionales cuyas dimensiones suelen ser cuantitativamente superiores, ya sea en términos de recursos materiales como humanos. En todos los terrenos y frente a cualquier tipo de competidores, pequeñas empresas globales (y ya no inter-nacionales o multinacionales) logran obtener ventajas sobre competidores mucho mayores gracias a su característica de ser minúsculas y globales al mismo tiempo, lo que sólo es posible gracias al empleo de tecnologías digitales que permiten la organización en redes inmateriales y des-territorializadas.
En la Modernidad-mundial, la afirmación esteticista de que “lo pequeño es hermoso”, que algunas décadas atrás evidenció la primitiva obsolescencia de las magnitudes industriales, debe ser hoy complementado por la afirmación de que “lo global es poderoso”, que expresa con claridad el poder emergente de las escalas ampliadas. Un orden basado en que lo pequeño es hermoso y lo global poderoso implica que el poder no es ya función de la cantidad y la masividad sino de la calidad de recursos y de la escala alcanzada por una red. Por eso, el modelo que invoca la Era Global no es ya el gigantesco pero estático y lento Goliat sino el pequeño pero veloz y dinámico David. Significativamente, el arma de David era una honda que le permitía dominar a su rival mediante la velocidad, la agilidad y aquello que en términos sociológicos Giddens ha denominado “acción a distancia”.
Aquí, allá y en todas partes, pequeños y ágiles Davids globales derrotan a pesados Goliats territoriales gracias a un mayor control del espacio-tiempo social aplicado en escenarios extendidos, en los cuales la escala del poder está determinada por el poder de las escalas. Ya no es el pez grande el que se come al chico, sino el veloz el que se come al lento.
En tanto la ubicación de las unidades productivas es decidida por un mercado global, los hábitos locales son condicionados por los mass-media globales y el crecimiento y la estabilidad de los países se transforma en una mera función de la demanda global, la mayoría de quienes describen la globalización como un simple mito están curiosamente escandalizados por todos estos hechos. En efecto, todos ellos son incomprensibles a través de la aplicación de las categorías territoriales y nacionales a una realidad global y desterritorializada que las ha superado ampliamente.
El antiguo status-quo entre democracia y capitalismo, entre estados y mercados, y entre política y economía, alcanzado durante las Modernidades Nacionales, ha sido quebrado por la globalización, entendida ésta como globalización de la escala en que actúa la economía capitalista de mercado. La condición básica en la que los estados nacionales operaban y en la cual estaba basado el consenso socialdemócrata, es decir: la escala igualmente nacional de la economía y la política fijada durante el período de las Modernidades Nacionales, se ha roto definitivamente. De allí que los procesos económico-financieros sobredeterminen hoy los fenómenos políticos y sociales.
Dado el estrecho margen que las fuerzas económicas globales han dejado a los gobiernos nacionales, las diferencias entre Derecha e Izquierda tienden a desvanecerse, al menos: a escala nacional. Por eso, a lo largo y ancho del mundo, los politólogos necesitan desarrollar y utilizar nuevos conceptos como “retraso de la política”, “pérdida de autonomía de la política”, “déficit democrático”, y conceptualizan la globalización como “desinstitucionalización” y “des-democratización”, en tanto miles de manifestantes protestan en las calles contra la corrupción de las clases políticas y la pérdida de representatividad del sistema democrático.
Se evidencia así que la globalización no es cuestión de magnitud sino de escala, de manera que las instituciones territorialmente focalizadas tienden a quedar fuera de juego. Es por eso que análisis como el del PNUD, que afirma que “el mundo se está haciendo más democrático” porque durante los últimos quince años ciento cuarenta países han “adoptado reglas democráticas como el pluri-partidismo y las elecciones libres” en tanto que “treinta y tres regímenes militares fueron reemplazados por gobiernos civiles, se convierten en simples expresiones de deseo desde que nada ni nadie logra imponer una lógica democrática y humana sobre los decisivos procesos globales.
En un escenario globalmente determinado por el poder de las escalas ampliadas la afirmación de que “las naciones están siendo más democráticas” no lleva ya a la conclusión de que el mundo se esté tornando más democrático, como las Naciones Unidas parecen querer creer. Puntos de vistas exageradamente optimistas acerca de la difusión de la democracia, como el de la “tercera ola de democratización” señalada en su momento por Samuel Huntington, ignoran que la enorme mayoría de los seres humanos no tiene voz ni voto acerca de asuntos centrales como el recalentamiento global, la proliferación nuclear y la volatilidad financiera mundial, que afectan fuertemente su calidad de vida y amenazan su supervivencia. Es precisamente del desencanto producido por esta incomprensión del modus operandi del mundo global en que vivimos que nacen luego las visiones exageradamente pesimistas que conforman una suerte de nuevo apogeo de la desesperación cultural de preguerra, como el caso del mismo Huntington de los últimos años, el del “choque de civilizaciones”, demuestra.

6 comentarios:

Carina dijo...

Muy bueno el ensayo.

Fernando, siendo este el panorama socioeconomico global, y teniendo en cuenta la sobredeterminacion que se impone a las naciones, te pregunto entonces que grados de libertad queda, segun tu vision, a cada sujeto y en todo caso a cada nacion? Cuales son los desafios que les espera a ambos para no caer en un determinismo fatalista?
Gracias.

Fernando A. Iglesias dijo...

Hola Carina. Bueno, una pregunta para un libro entero y yo ya publiqué tres sobre la cuestión...
En dos renglones: la única salida para salvar las democracias nacionales en un escenario global es la construcción de una democracia global, con instancias democrático representativas a nivel regional, inter-nacional y mundial.
Trabajamos en eso desde Democracia Global, precisamente. tenés los links en este mismo blog.
saludos

Anónimo dijo...

Lo entiendo desde lo abstracto ... pero me podrian poner un ejemplo concreto de esta dicotomia escenario global- realidad nacional?

Anónimo dijo...

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Martin-chx dijo...

Excelente Artículo, comparto tu visión, Fernando.

Hay una cosa con la que me han evadido de responder últimamente:
¿Que opinás sobre la mentira del calentamiento global?
http://video.google.com/videoplay?docid=4019121651572948602#docid=-424859622073138055

Es interesante cuando explican por ejemplo que los militantes anticapitalistas, se transformaron en activistas de los movimientos verdes.. Es todo un tema muy loco.

Fernando A. Iglesias dijo...

Opino que no parece ser una mentira sino un escenario real sobre el que aceurdan la amplia mayoría de los científicos y expertos.