DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

martes, 31 de agosto de 2010

NOTA DE LA SEMANA

¿INDUSTRIALISMO O SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN?



Pasó desapercibido en Argentina, pero fue primera plana en muchos diarios del mundo: en lo que va de 2010 se suicidaron doce de los trabajadores de la fábrica china que produce los componentes del iPad. Los informes periodísticos dicen el resto: en esa y otras fábricas del complejo proveedor de insumos para las industrias más avanzadas del mundo, los obreros “deben trabajar en espacios reducidos y calurosos… hablar lo mínimo indispensable” y la jornada “llega a las quince horas… con descansos de no más de diez minutos, los cuales se aprovechan para dormir”. Sería fácil echar una parrafada sobre la explotación capitalista si no fuera porque la empresa, Foxconn, se encuentra en el territorio de un país socialista cuyas condiciones de vida eran mucho peores antes de su apertura a la economía global.
Si los salarios en esas ensambladoras rondan el medio dólar por hora y los doscientos dólares por mes, es porque Foxconn recibe once dólares por la terminación de cada iPad, es decir: 2% de su precio de venta (u$s499). Es inútil argumentar contra la avaricia de Apple: los precios que pagan otros compradores -como Nokia, Sony, Nintendo, Dell y Hewlett Packard- son similares; para no mencionar que la avaricia de los dueños de Foxconn les impediría regalar su producción si pudieran evitarlo. Lo que nos lleva al punto decisivo: el trabajo manual repetitivo sólo es capaz de añadir un 2% del valor de un producto industrial de avanzada. El resto es valor intangible derivado del trabajo intelectual, y más específicamente, del trabajo intelectual no repetitivo aportado por los ingenieros que diseñaron el producto y las líneas de ensamblaje, por las agencias de publicidad que hicieron de su logo un emblema de modernidad y las de marketing que detectaron el nicho de mercado, por los diseñadores de su estética, las empresas de transportes que lo distribuyen por el planeta, la red comercial, etc..
La historia de la evolución productiva no miente: el propio modelo industrialista se impuso cuando la maquinaria industrial devaluó el valor del trabajo manual en el sector agrario y finalmente lo reemplazó, obligando a los campesinos a transformarse en obreros y creando las condiciones para el pasaje hacia un nuevo modo de producción que, entre conflictos y crisis, trajo más riqueza, democracia y prosperidad. De manera que quienes en Argentina defienden el obsoleto modelo industrialista -entendido como generación de riqueza a partir del trabajo físico de baja cualidad- proponen salarios de hambre o que otras actividades con mayor productividad se encarguen de subsidiar a las desfallecientes hasta que un cambio en las condiciones internacionales o la propia dinámica de la situación se encarguen de provocar un nuevo estallido de la economía nacional. Antes tendrían que convencer a los obreros de la CGT de cobrar 800$ por mes por quince horas de trabajo por día; controlar que todos los sectores empresariales pagasen salarios en blanco e impuestos y, finalmente, hacer que quienes siguen con sus declamaciones a favor del “país industrial” dejen de hacer dinero con la especulación, los hoteles de cinco estrellas y la compra de terrenos fiscales y divisas extranjeras. Tampoco estaría mal que sacaran a sus hijos de esas universidades en las que se preparan a vivir de su trabajo intelectual y los pusieran a entrenarse en un gimnasio donde pudieran transformarse en proveedores eficientes de trabajo manual.
La idea de que industrializar es modernizar se ha hecho ridícula, especialmente en un país cuya participación de la industria en el PBI es mayor que en Europa y los Estados Unidos. En el siglo XXI, el valor agregado es principalmente inteligencia agregada en forma de diversidad cultural, información, conocimiento, innovación, comunicación y subjetividad. Un poroto de soja puede -o no- contener más inteligencia agregada que una tuerca. Por eso lo esencial no es si el producto final es un alimento (primario), un objeto industrial (secundario), un servicio (terciario) o un programa de software (cuaternario), que usa información para manejar más información. Así, las distinciones entre formas de producción se desvanecen, y la industria mantiene -o no- su carácter de principal proveedora de trabajo de alta calidad si –y solo si- es capaz de incorporar inteligencia al producto final.
El modo de producción industrial fue progresista en el siglo XIX, se hizo conservador en el siglo XX y es reaccionario en el siglo XXI, el de la sociedad global del conocimiento y la información. La generación de bienestar y sentido en nuestras vidas se ha desmaterializado, por eso el nivel de desarrollo de un país es fácil de medir mediante el cociente entre el valor y el peso de su producción y sus exportaciones. La cuenta es infalible: a menos peso, menos materia y menos trabajo físico repetitivo, más desarrollo, democracia y equidad social.
Son excelentes noticias para un país que pocas veces tuvo grandes maratonistas y siempre descolló por la inteligencia, fantasía y capacidad de comunicación de sus jugadores de fútbol, tenis, básquet, hockey, rugby y voleibol. El desarrollo de una economía de alta competitividad, que incluya al sector industrial pero no haga de él un fetiche, sería la mejor noticia para los trabajadores manuales del país, que tendrían una excelente oportunidad si los impuestos que paga el sector de alta productividad de la economía se usaran no sólo en salud y educación de calidad para ellos y sus familias, sino en reconstruir la destrozada infraestructura del país. Trenes, subtes, puertos, ductos y carreteras requieren, en efecto, el único tipo de trabajo manual que no se puede importar y cuyo nivel de remuneración no depende de su productividad intrínseca sino de la del total de la economía. Por eso un albañil estadounidense gana diez veces lo que un albañil chino a pesar de que haga un trabajo similar. Resta por verse si el salario de los trabajadores manuales nacionales se aproximará a los menos de diez mil dólares per capita de la Argentina de hoy o al más del triple al que han llegado los países que han dejado atrás su pasado jurásico-industrial.

10 comentarios:

J. Schmukler dijo...

Me sorprendió que acá no se haya hablado casi nada del caso Foxconn. Al pasar, además de fabricar el iPad, Foxconn también produce la Playstation 3 (Sony), la Xbox 360 (Microsoft) y la Wii (Nintendo); por lo que la noticia hizo un poco de ruido en el mundillo gamer.

Ahora, hay ciertos conflictos en el paradigma acctual que la verdad no termino de entender: Las materias primas para la fabricación de productos de alta tecnología (por ejemplo, computadoras o consolas de video juegos) son minerales controlados por líderes tribales en África, y motivo de disputas y guerras. Esos minerales son convertidos, por medio del trabajo industrial, a sueldos miserables y condiciones de infrahumanas, en un objetod e consumo casi premium, que no baja de los 300-400 dólares.

¿Cómo hacer extensivo el paradigma de la sociedad mundial del conocimiento (cooperación interregional, competencia, valoración subjetiva, post-escasez) con las condiciones actuales muy reales, que afectan a buena parte del mundo, de lo que vos llamás modelo jurásico industrial (escasez, guerras territoriales, etc.)?

Anónimo dijo...

la verdad que nunca vi, mirá que yo estuve siendo legisladora desde el año 1995, pero nunca vi que se defendieran intereses particulares de empresas. Se defendían en todo caso ideas de los gobiernos que estaban en ese momento, proyectos de los gobiernos que estaban en ese momento y que uno podía compartir o no, pero esta defensa casi descarada de intereses absolutamente privados de una empresa, yo no lo recuerdo ni siquiera de la época de la Década Infame. Mirá que he leído mucho a Jauretche, a Scalabrini Ortiz, pero la verdad que en aquella época los que defendían esos intereses por lo menos lo disimulaban un poco más, lo ocultaban un poco más. Ahora no, es a la luz del día, será porque al ser intereses en los cuales tienen que ver mucho los componentes mediáticos necesitan hacer eso como una suerte de que los escuchen sus patrones, les digan mirá qué bien y les den espacios en un programa de televisión o en un medio. Pero la verdad que vender la representación popular por aparecer en un programa de televisión o que te saquen una foto en el diario, como premio me parece bastante poco y bastante pobre.


geniallll

THX1474 dijo...

Schmukler:
Para comenzar, Yo Me pregunto Por qué nadie hace campaña para ajusticiar a esos cabrones que gobiernan el África.
Con lo de oriente: a joderse. si querían comunismo, tendrán que pagar con varios añitos su capricho.

Anonimo:
Valiente anónimo, Supongo que usted es un admirador de los kirchner, yo tambien, Me encanta la capacidad de ahorro y de hacer negocios ultra rentables que tienen, tambien sus amigos gozan de esas aptitudes, ¿usted no recibe una tajada?

THX1474 dijo...

Ah, por cierto:
Fernando: Excelente, la nota. La comparto, pero la gente políticamente correcta, se enamoró de la izquierda demagoga vieja. Por lo tanto Vos Vendrías a ser un cipayo vendepatria.

Tal vez en un par de décadas se den cuenta, pero, ya será tarde.

J. Schmukler dijo...

THX:

Una cosilla; los problemas laborales en China no creo que pasen por el comunismo (de hecho, hace varios años que lo único que queda del viejo comunismo en China es el totalitarismo). La amplísima mayoría de las empresas (Foxconn entre ellas) son privadas. Lo que pasa es que hay una suerte de "desregulación laboral" severa, y una cultura medio extraña en cuanto al trabajo (compartida por Japón y Corea, entre otros).

Además, no comparto lo de "pagar varios años su capricho"; el comunismo en China viene matando gente desde hace bastantes años (Tian 'an Men!) y me parece que nadie merece vivir bajo un sistema así.

Eduardo dijo...

El gran problema, Iglesias, es que el valor agregado por la "inteligencia" que hay en el poroto de soja no queda en el país. Se lo llevan Monsanto y compañía.
Lo que sí no hay ninguna duda es que con su modelo los grandes terratenientes de la Sociedad Rural se quedarían con una tajada aún más grande que la actual.
Tal vez después con un buen "clima de negocios", y con medidas de "flexibilidad laboral" se pueda generar algún derrame.
Pero en definitiva el objetivo está cumplido de todos modos, ya que el agro ni siquiera necesita de una buena relación con los gremios ni nada por el estilo.
Hay que reconocerle, Iglesias, su claridad para exponer las propuestas: Martínez de Hoz, Mariano Grondona o Joaquín Morales Solá son más cuidadosos por las formas, pero no tan directos como usted.

Fernando A. Iglesias dijo...

El gran problema, Iglesias, es que el valor agregado por la "inteligencia" que hay en el poroto de soja no queda en el país. Se lo llevan Monsanto y compañía

Es cierto. No del todo, pero cierto en gran parte. Y en eefcto, ESE es el problema y no la industrialización de un país que es más industrial que los EEUU.
Lo de Martínez de Hoz y etc ni vale la pena que se lo responda.

Gustavo Gómez dijo...

Muy bueno tu articulo Fernando,

Me gustaría comentarte mi opinión con respecto a la actividad minera y petrolera, las cuales conozco en forma personal.

Básicamente estas dos industrias han ido migrando en los últimos años de ser actividades generadoras de mucha mano de obra no calificada, a generadoras de trabajos que requieren menos personal con mejores sueldos y capacitación. En ambos casos el gran beneficio económico que provocan es en el área de servicios. Con una importante excepción que se da justamente en las etapas de construcción (infraestructura) de grandes emprendimientos mineros, como por ejemplo Veladero o Gualcamayo, en San Juan

Minería
Provincias como San Juan tienen escasas chances de desarrollarse económica y socialmente por ser territorios mayormente montañosos y desérticos, sin embargo la minería, tal cual lo soñara Sarmiento, está provocando un cambio revolucionario en este sentido.

Como geólogo y cuyano, me duele ver como se ataca (no es tu caso) esta noble actividad con intereses espurios, políticos o sectoriales, incluso comparándola con el juego (casinos, etc). Digo me duele porque se perjudican a personas de gran capacidad y capacitación, que trabajan a mas de 2000 msnm, con climas extremos, lejos de sus familias con la esperanza de dar un mejor pasar a sus familias, y desarrollarse como personas y profesionales, mediante trabajo duro y honrado. Estoy hablando de los geólogos, ingenieros y técnicos que son los que le dan ese valor agregado, tal cual mencionas en tu artículo, a “simples rocas” que si no fueran modeladas primero en la mente, luego en la computadora y finalmente en el terreno, estarían dormidas para siempre, en vez de convertirse en fuente de riqueza y progreso (no progresismo sin progreso).

Por otra parte los frutos de la minería que hoy despiertan la codicia de políticos hipócritas que viven en Bs As gozando de todos los beneficios y comodidades de la vida moderna (auto, celular, aire acondicionado, tv, mp3, ropa de telas sintéticas, medicinas, etc) y proponen volver al mundo feliz de la era pre-industrial o al paraíso perdido de la era industrial, son el resultado de dos factores que lamentablemente no se dan en otros sectores en la Argentina:

1- Inversión externa gracias a la estabilidad fiscal y promoción de la actividad minera, fruto de leyes que fueron promulgadas en la “maldita” década de los noventa. Son inversiones muy altas y de altísimo riesgo por cuanto no es sencillo descubrir un yacimiento mineral.

2- Capacidad intelectual, científica y tecnológica, debido a la sinergia de exploradores tanto locales como extranjeros que convirtieron en pocos años a la Argentina en un país minero en serio.

Los que buscan “sacarles beneficios” para subvencionar otras actividades más “argentinas nacionales y populares” con la escusa de que al fin y al cabo solo se trata de multinacionales extranjeras que quieren llevarse “lo nuestro” y dejarnos la contaminación ambiental (a propósito Lozano y Solanas estarán a esta hora limpiando el riachuelo?), son las nuevas cigarras que quieren vivir a costa de las hormigas, las cuales, para colmo de males, se aprovechan del natural temor a lo desconocido que tiene la opinión pública en estos temas.

Atte, GG

Gustavo Gómez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Emiliano dijo...

Evidentemente hay sustento en lo que dice, sin embargo, desde mi óptica viene viciado de origen.

Entiendo la dificultad que plantea lo dinámico de la economía mundial para imponer un producto nacional "tipo" que pueda contener el valor agregado necesario. Valor agregado que genere las riquezas para abastecer a cientos de miles de trabajadores con sueldos dignos.
También entiendo que el "trabajo intelectual" lejos está de ser un recurso válido para el "todo" de una población.
La cantidad de obreros chinos que comen gracias a sueldos de miseria es obsenamente mayor a la de ejecutivos, ingenieros y diseñadores que forman parte de la etapa "intelectual" del proceso.

El vicio al que me refería radica en la obstinada recurrencia a buscar en modelos existentes el camino que debe seguir nuestra sociedad. Muchos de esos modelos que se intentan copiar han fracasado y otros, que tal vez funcionen, cuentan con intérpretes de una concepción cultural totalmente distinta.

Un país necesita que sus ciudadanos piensen un modelo propio. Basándose en experiencias conocidas? Siempre. Es imposible no hacerlo. Pero sobre todo entendiendo las propias posibilidades, el contexto y la cultura de su sociedad.