DATOS PERSONALES

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* Escritor y periodista especializado en los aspectos políticos de la globalización. * Presidente del Consejo del World Federalist Movement. * Director de la Cátedra de Integración Regional Altiero Spinelli del Consorzio Universitario Italiano per l’Argentina. * Profesor de Teoría de la Globalización y Bloques regionales de la UCES y de Gobernabilidad Internacional de la Universidad de Belgrano. * Miembro fundador de Democracia Global - Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. * Diputado de la Nación MC por la C.A. de Buenos Aires

jueves, 17 de enero de 2008


CRISTINA K ENTRE REHENES Y ACONDICIONADORES
(publicado en DIARIO PERFIL del 13/01/08)

Dos intervenciones han caracterizado la primera semana de trabajo de Cristina Kirchner luego de sus vacaciones en Calafate. La primera ha querido justificar los cortes de luz en la Capital atribuyéndolos a los éxitos económicos obtenidos por el Gobierno K. La segunda ha sido para lavarle la cara después del fracaso inicial de la Operación Emmanuel, para lo cual la Presidenta enfatizó la importancia de la participación de Néstor Kirchner en el rescate de las prisioneras de las FARC. Ambas constituyen una perfecta ejemplificación del grado de tendenciosa parcialidad que es parte del discurso K desde sus orígenes.

En primer lugar, basta recurrir a los archivos del INDEC antes-de-Moreno para comprobar que el PBI nacional alcanzó los 301.208 millones de dólares anuales en el segundo trimestre de 1998, momento en el cual, por supuesto, el país contaba con la energía suficiente para alcanzar ese nivel de producción. Y bien, a pesar del más del 8% de aumento anual del PBI verificado desde mediados de 2002, el anterior récord productivo sólo fue superado (con 338.244 millones de dólares en el segundo trimestre de 2006) ocho años después, cuando habían ya transcurrido tres años desde la asunción de Néstor Kirchner. Un margen suficientemente amplio, incluso para el kirchnerismo, para detectar el problema y preparar la ampliación del potencial de la red energética. También aquí se ve cómo los hábitos kirchneristas de esconder la realidad y trabajar para el cortisimo plazo terminan siendo incompatibles con el desempeño racional de las funciones de gobierno.

El argumento del éxito extraordinario e inesperado es, en cambio, significativo, ya que demuestra que el Gobierno no confiaba en que las cosas le fueran tan bien como le fueron, lo que es perfectamente explicable ya que buena parte del crecimiento económico ha dependido de factores externos inesperados: el viento de cola generado por la duplicación del precio de las commodities desde el momento de la crisis y el rápido aumento del ritmo de crecimiento mundial, que también se ha duplicado en el mismo período. En cuanto a la otra posibilidad sugerida por Cristina Kirchner, la de que el aumento del número de acondicionadores de aire esté en el origen del estropicio, la hipótesis no haría más que confirmar las peores críticas acerca de la ausencia de una verdadera redistribución de la riqueza. En efecto, a menos que nuestros compatriotas ayer desocupados e indigentes estén ya en condiciones de comprar acondicionadores de aire split, el aumento de su número demuestra una mejora de la situación de la clase media pudiente al mismo tiempo que el índice de indigencia sigue fluctuando alrededor del 8%, esto es: muy a pesar del fenomenal trabajo de Moreno en el INDEC, por encima de las cifras de la vituperada década del Noventa. No otra cosa sugieren las estadísticas oficiales, que muestran una situación estable de la relación de riqueza entre los más ricos y los más pobres y una mejora simultánea del GINI.

Por último, las afirmaciones de Cristina sobre el papel de su Gobierno y su marido en el rescate van directamente a contrapelo de los hechos. Repasémoslos: cuando Kirchner formó parte del circo chavista de Villavicencio el resultado fue nulo. La liberación de las rehenes aconteció con él cómodamente instalado en Calafate. Que Cristina Kirchner considere estos hechos una demostración de la capacidad gobernante del matrimonio presidencial repite el error que comete respecto al crecimiento de la economía: la autoatribución de méritos respecto de sucesos que no los han visto como protagonistas sino más bien como testigos.

Los hechos de Colombia demuestran, en primer lugar, la aleatoriedad de cualquier mediador ante las FARC que no se llame Chávez y, en segundo lugar, la manifiesta alianza entre éste y los narcoterroristas de Tirofijo. Para no mencionar, ineducadamente, que la verdadera noticia no es que las FARC liberen a dos rehenes sino que aún mantienen a cientos en cautiverio. Ya que de de igualdad y acciones humanitarias se trata, no estaría mal que liberaran también a algunos de los que no tienen la suerte de poseer apellidos célebres y primera página disponible en todos los diarios del mundo.

domingo, 6 de enero de 2008

(publicado en Revista NOTICIAS)

Un papelón protagónico

(publicado en DIARIO PERFIL del 06/01/08)
... nuestro bolivariano coronel partió al rescate humanitario de rehenes que estaban (y están) en poder de sus propios aliados. La primera pregunta es: ¿no es ésta, la del coronel rescatador de sus propias víctimas, otra maravillosa originalidad sudamericana? La segunda es: ¿se trata de un libro de García Márquez o de una telenovela caribeña? Y la tercera es: ¿qué tenía que hacer allí el (¿ex?) presidente?

Si quiere saberlo, lea la nota completa haciendo click
aquí

lunes, 31 de diciembre de 2007

Patria, sí; colonia, no; valijazos, tampoco
(publicado en LA NACIÓN del 31/12/07)

La presidenta de la Nación, el ex presidente de la Nación y el jefe de Gabinete han hecho declaraciones de extraordinaria gravedad, hablando de "operación basura internacional", "fraude procesal" y "conspiración contra la Argentina". Peor aún, Cristina Kirchner ha repetido estas afirmaciones en su carácter de presidenta pro témpore del Mercosur, que también estaría amenazado.
Ante esta situación, existen dos posibilidades: hay pruebas fehacientes y hechos concretos que pueden ser demostrados, que fundamentan estas denuncias, o se trata de una formidable cortina de humo destinada a desviar la atención de la opinión pública del "valijazo" de Aeroparque.

Si quieren leer la nota completa, hagan click aquí.

lunes, 24 de diciembre de 2007


ANTONINA, LA TORTUGA ESCURRIDIZA

En mi primer discurso en la Honorable Cámara de Diputados, sostuve que “Al Estado argentino se le ha escapado la tortuga. La tortuga viajaba en el avión de Enarsa acompañada de funcionarios argentinos. La tortuga se bajó en Aeroparque con una carga de 800 mil dólares, pero caratularon como infracción lo que evidentemente era contrabando y presunto lavado de dinero. La tortuga se fue del país dos días después, porque era muy lenta, por otra puerta, sin que nadie la detuviera. Ahora el Estado argentino que dejó escapar a la tortuga se queja de que la tortuga está en Miami y de que no la extraditan para poder seguir el proceso”.

Manos anónimas, de las que nunca faltan, me han hecho llegar ahora por Internet esta pequeña joya del cancionero popular que revisita la obra de María Elena Walsh y le da un raro tinte de actualidad. Se las envío a mis lectores para que la canten, en estas fiestas, junto con sus hijos, con la música de la pieza original.

Felicidades

ANTONINA, LA TORTUGA ESCURRIDIZA

Antonina por Aeroparque entró
y tres días después se marchó.
Nadie sabe cómo fue
que a Miami ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.

Antonina, Antonina,
Antonina a dónde vas
con tu linda valijita
¿a quién vas a financiar?

Antonina una vez se enamoró
de un coronel que pasó.
Dijo: ¿qué podré yo hacer?
pobre no me va a querer.
Con valijas y paciencia
me podré enriquecer.

Antonina, Antonina,
Antonina a dónde vas
Los mismos que ahora te extrañan
te dejaron escapar.

En la “Tintorería del bidón”
esperaban el valijón.
Albertito se enteró
y la cosa se pudrió.
Y ahora le echan la culpa del traspié
al Agente 86.

Antonina, Antonina,
Antonina a dónde vas
con tu linda valijita
¿a quién vas a financiar?

Antonina, Antonina,
Antonina a dónde vas
Los mismos que ahora te extrañan
te dejaron escapar.

miércoles, 19 de diciembre de 2007


CRISTINA, LAS PALABRAS Y LAS COSAS
(publicado en REVISTA NOTICIAS)

La primera cosa que me golpeó de la asunción de Cristina Kirchner es la confusión entre la liturgia partidaria y la estatal. Los únicos cantos que atronaron en la Cámara fueron la Marcha Peronista y la de la Gloriosa Jotapé, como si la distinción entre estado y gobierno no fuera parte de la mejora de la calidad institucional que prometía el enroque entre Néstor y Cristina. ¿No tiene ya este país un Himno? ¿No estaba primero la Patria y luego el Movimiento? Y lo segundo que me golpeó fueron unos lindos bloquecitos con la leyenda “Fuerza Cristina”, que arrojados sobre los diputados de la oposición enviaban un claro mensaje de lo que la barra del oficialismo nos prepara para los próximos cuatro años. Uno impactó con fuerza en mi cabeza en el exacto momento en que la Presidenta mencionaba la palabra “pluralismo”, si es que el impacto no ha alterado mi memoria…

Dos gaffes memorables. La frase “Tal vez Eva se lo hubiera merecido más que yo”, que revela una extraordinaria soberbia, y su “Él es presidente y yo soy Presidenta”, dirigido a Kirchner. Bello regalo para los que hablan ya de co-gobierno. Peor aún fue la escena que le montó a Tabaré. Una mínima noción de civilidad impide criticar a quien asiste como invitado a una fiesta en nuestra casa y está imposibilitado de responder por el protocolo. Si estos son los modales diferentes y la apertura al mundo prometida…

Desde luego, el discurso también tuvo puntos positivos. Varios. Saldos favorables de la gestión de Néstor y la inclusión de la capacitación docente en el problema educativo o la denuncia del carácter complementario entre el terrorismo global y el unilateralismo militarista de Bush, entre otros. En todo caso, el principal problema con Cristina es, precisamente, la discordancia que en el kirchnerismo separa siempre las palabras y las cosas, la distancia insalvable entre el discurso K y las realidades que promueve.

CRISTINA KIRCHNER: EL PROGRESISMO REACCIONARIO

El discurso de asunción de Cristina Kirchner ha dejado en claro no sólo su extraordinaria capacidad oratoria sino los límites de su pensamiento político. Tres momentos han marcado su horizonte. El momento económico, en el que Cristina ensayó una nueva síntesis productivista que sumaba el campo a la industria y abogó por un país en el que la industria aporte la mayor cuota del PBI. El momento educativo, en el que propuso un retorno a la escuela sarmientina en la que se educó y en la que “todos los días había clase, los maestros sabían más que los alumnos y había que estudiar diariamente para pasar de año”. Finalmente, el momento filosófico, en el que se autocalificó de “presidenta de la Modernidad en tiempos postmodernos” y declaró que las categorías pueblo y estado-nacional estaban más vigentes que nunca. Ahora bien: ¿qué une a los tres momentos de Cristina Kirchner si no el programa del progresismo reaccionario: la aspiración de brindar una respuesta a los problemas del futuro apelando a las recetas del pasado? Desde hace muchos años los servicios ocupan un lugar central en la producción de los países más ricos e igualitarios, en los que han desplazado a la industria como centro dinámico de la economía. En ellos, la mayor parte de la producción manufacturera ha sido relocalizada hacia países emergentes como China. Contrariamente a la tesis industrialista de Cristina, Argentina es un país más industrial que la Unión Europea y los Estados Unidos ya que el porcentaje que aporta su industria al PBI es 5 y 10 puntos mayor que en las dos mayores economías del planeta. De manera que el esquema racional para su futuro no puede basarse ya en la reindustrialización sino en el pasaje a la sociedad de la información, en la que el valor agregado no es ya trabajo manual agregado sino conocimientos, innovación, diversidad, comunicación y emociones agregados a la producción agraria, industrial y de servicios, sin distinciones. Segundo punto, por enormes que hayan sido los méritos de la escuela sarmientina de la crisis educativa nacional se sale abandonando visiones educativas atadas al esquema nacional/industrial al que nuestra Presidenta adhiere. Necesitamos escuelas que formen a los alumnos para la sociedad postindustrial y global en la que vivirán y no para el fenecido mundo nacional/industrial en que se educaron sus maestros. Y precisamos abandonar ciertos corsets ideológicos para hacer del inglés y la computación materias centrales en un contexto en el que estar conectados con el planeta resulta imprescindible. Evidentemente, a ninguna de estas cuestiones se responde apelando a los viejos buenos tiempos de las escuelas normales de provincia. Por último, seguir entendiendo el devenir del mundo como una batalla entre la Modernidad nacional/industrial y su adversaria postmoderna que sólo ve la disolución de estos grandes relatos es condenarse a la incomprensión y la impotencia. Por supuesto, la posibilidad de que haya una opción superadora de la versión industrial/nac&pop de la Modernidad (tesis) y de sus disolutorios adversarios postmodernos (antítesis), y la comprensión de que para defender la justicia social y la igualdad sea necesario hoy actuar en relación a un mundo postindustrial y globalizado no forma parte de las concepciones de nuestra hegeliana Presidenta, a pesar de que es esto lo que sucede en los treinta países del mundo que funcionan razonablemente bien, incluida la Alemania que ha tomado por modelo.

martes, 27 de noviembre de 2007


¡¡¡¡ ESTÁN TODOS INVITADOS DESPEDIR EL AÑO CON DEMOCRACIA GLOBAL!!!!
(por si no lo ven: es en el MUSEO ROCA, Vicente López 2220, atrás del Cementerio de la Recoleta, este jueves 29 a las 18.30 hs.)

Va a haber un lunch y tocará el grupo de tango Musa Mistonga. No falten.

lunes, 12 de noviembre de 2007


DOS EXCLUSIVAS PARA EL BLOG

Estas dos notas fueron escritas antes y después del 28 de octubre. La de "antes", nadie la quiso publicar por la veda. La de "después", porque la veda había terminado ;o)
Se las propongo tal cual, en exclusiva. Me parece interesante leer la de "antes" y ver en qué acerté y en qué le erré. Y también la de después, que intenta encuadrar el panorama político de los próximos años (¿decenios?).

(ANTES) EL SIGNIFICADO DEL 28 DE OCTUBRE

El más inesperado éxito de la campaña oficial ha sido el de haber hecho desaparecer del horizonte un hecho sorprendente: en los últimos meses, los candidatos kirchneristas han perdido las elecciones en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, las tres ciudades más grandes del país, verdaderos enclaves de la sociedad de la información y el conocimiento en la Argentina de hoy. No es causal. Lo que se intenta ocultar desconociendo el fracaso en los pocos distritos electorales del país en los que la pobreza material y simbólica sigue siendo la excepción, es el verdadero significado del 28 de octubre, en el que la naciente Argentina del siglo XXI, abierta, pluralista y orientada al mundo y al futuro enfrentará a la Argentina ombliguista, paranoica y autoritaria nacida en 1930 y fracasada espantosamente en la segunda mitad del siglo XX.

Desde luego, no se trata ya de liquidar al más horrendo de sus representantes, aquel Partido Militar que abandonó el poder en 1983, sino de superar la hegemonía de las cúpulas corporativo-populistas que en un cuarto de siglo de mandato ininterrumpido han logrado la difícil hazaña de hacer que el país sea hoy aún más pobre y socialmente injusto que el que la mismísima dictadura nos dejó.

El 28 de octubre el país se juega no sólo el desguace de sus viejos y cansados partidos del siglo XX sino la ruptura o la continuidad de la fracasada Argentina que ayer nomás decía “Este país no está maduro para la democracia” y hoy dice “A este país, sólo los corruptos y los rosqueros lo pueden gobernar”.

Pero mucho más importante que repasar los síntomas del fracaso argentino en el siglo XX y sus postrimerías es identificar sus orígenes y fundamentos. Primero: su concepción política –un nacionalismo paranoico entendido como ombliguismo y rechazo del mundo- que no sólo es hipócrita cuando se observa a sus líderes haciendo compras en la Quinta Avenida o tocando la campanita en Wall Street, sino que ignora la más elemental de las reglas del Siglo XXI, que dice: en un mundo global, los objetivos e intereses nacionales no pueden perseguirse por métodos nacionalistas, sino que precisan de la cooperación, la solidaridad y la integración regional, internacional y mundial.

Segundo: su concepción económica, un industrialismo jurásico que guió al fracaso a un país concebido como paraíso industrial y que hoy sigue clamando por la reindustrialización e ignorando que la participación de la industria en el PBI argentino es mucho más alta que en Estados Unidos y Europa. Su paradigma de creación de valor, según el cual la riqueza se produce por medio del trabajo manual repetitivo en una cadena fordista gobernada por estructuras verticalistas y autoritarias, vaya casualidad, ha sido abandonado por todos los países que funcionan razonablemente bien. En todos ellos se ha comprendido desde hace tiempo que el valor agregado ha dejado de ser trabajo manual agregado para convertirse en información, conocimiento, diversidad cultural, comunicación, emociones e innovación agregados; es decir: en trabajo intelectual de alta calidad agregado al producto a través de su diseño, su proceso de producción y su cadena de marketing, publicidad y comercialización.

Es de esto, y no de los recursos naturales ni del trabajo manual de baja capacitación, que viven no sólo Suecia sino las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Es de esto, y no de los recursos naturales, que vive no sólo el Japón sino el distrito industrial más avanzado del país, la Tierra del Fuego, productora de electrónicos y sede del turismo internacional. Es de las riquezas intangibles escondidas en las neuronas de sus ciudadanos -y no del petróleo, el gas y el carbón escondido en su territorio- que viven los países más ricos del planeta, que son también, sin excepción, los más igualitarios y democráticos. ¿Acaso es raro que en ninguno de ellos haya formaciones políticas siquiera remotamente parecidas a las que se están licuando en la Argentina hoy? ¿Quién puede creer que sea casual que éstas, en todas sus variantes, hayan sido derrotadas en Buenos Aires, Córdoba, Rosario y la Tierra del Fuego? ¿Cómo no ver la gran línea divisoria que hoy cruza transversalmente el país?

Repasemos ahora los distritos en las encuestas anuncian el triunfo de la candidata oficial: 1) las provincias estancadas y arrasadas por décadas de feudalismo, cuyos ciudadanos sobreviven sometidos a las dádivas clientelistas; 2) las provincias petropolíticas que ciertos gobernadores han intentado convertir en sultanatos latinoamericanos y en las que el gremio emblemático de la sociedad del conocimiento –los docentes- configura una primera línea de resistencia a la devastación; 3) ese conurbano bonaerense que constituye hoy el gran conglomerado jurásico-manufacturero del país, y que es el reino de la pobreza y la marginalidad, de los planes sociales sin capacitación laboral, y el imperio del paco, la policía brava y la inseguridad. En todos ellos, los grandes partidos del fracasado siglo XX argentino, que han gobernado ininterrumpidamente el país desde 1983, han ubicado su fábrica de pobres; una máquina político-social encargada de perpetuarse en el poder expropiándoles a los ciudadanos más vulnerables hasta la dignidad.

Es este el meollo de estas elecciones y de las que vendrán. El 28 de octubre todos los argentinos, comenzando por quienes sufren el final agónico de la Argentina del siglo XX en sus propias provincias y ciudades, y en su propia piel, elegiremos si queremos convertir al país en un gran conurbano bonaerense aliado con los barones del feudalismo provincial más o menos ilustrado o votaremos porque la Argentina, toda la Argentina, acceda a los niveles de productividad, desarrollo y bienestar que han alcanzado ya sus ciudades avanzadas; esos nacientes embriones de la sociedad del conocimiento y la información en un siglo que se anuncia postindustrial y global.

Se trata de la disputa por el modelo de país. Uno que mira al mundo y al futuro frente a otro que hace de la discusión eterna del pasado y la nación, y del fracaso convertido en victimismo, su razón esencial de ser y padecer. He aquí el significado profundo de las elecciones del domingo, en que la Argentina ética, republicana y pluralista que está naciendo con el siglo XXI luchará por no ser aplastada por los ominosos fantasmas de su ayer fracasado y brutal.

(DESPUÉS) LA OBLIGACIÓN DE SER KIRCHNERISTA Y EL VOTO DE KING-KONG

Volvía a mi casa en la madrugada del lunes, apenas abandonado el palco en el que Elisa Carrió había reconocido el triunfo de Cristina Kirchner y embargado por sentimientos contrapuestos, cuando en una esquina me encontré con una aparición amenazante. El gigantesco rostro de King-Kong me miraba desde el afiche de la Revista Debate bajo un titular que anunciaba “El regreso del voto gorila”. Lo primero que pensé fue en el justificado escándalo que se produciría si la oposición calificara al voto por Cristina Kirchner de “voto-chimpancé” o algo semejante, en tanto que la costumbre de (des)calificar al adversario político adjudicándole un carácter animal tiene vía libre, legitimada por el discurso intolerante que el Gobierno transforma en sentido-común nacional.

La mañana siguiente traería nuevas sorpresas, con el notable jefe de un Gabinete de Ministros jamás reunido declarando “Les pido a los porteños que dejen de pensar y votar como una isla”. Dejemos de lado el curioso mundo del doctor Fernández, en el que las islas no sólo piensan sino que votan, pero no hay por qué dejar pasar el carácter autoritario de enunciar desde el propio Gobierno la obligación de ser kirchnerista, patético llamado a la unanimidad con el que estrenaron su triunfo electoral quienes hicieron campaña hablando de pluralismo y calidad institucional.

No fue suficiente que el oficialismo haya utilizado los dineros públicos y la estructura del Estado para su campaña, ni el saqueo de boletas en el conurbano, ni que Cristina Kirchner se haya autoproclamado Presidenta de la República con poco más del 10% de las mesas escrutadas, ni que haya llegado al cargo gracias al ballotage trucho que el Pacto de Olivos nos legó. Había que insultar a los distritos díscolos e incapaces de comprender que el proyecto kirchnerista es el indiscutible proyecto nacional, de manera que a todos los que no lo comparten les corresponde el mote de soberbios y king-kones.

Más paradojal aún ha sido la acusación indirecta a las clases ilustradas. Lejanos quedaron los días del mes de junio en los que un derrotado Filmus sostenía que los científicos, los intelectuales y los que piensan (sic) lo habían votado. Ahora, en cambio, el hecho de que la mayoría de los argentinos que tuvieron acceso a los mejores niveles educativos se hubieran expresado en todo el país contra el proyecto K formaba parte de la acusación. Lo que no es causal si se piensa en las contradicciones irresueltas del pensamiento kirchneristamente-correcto, que un día sostiene que la educación es fundamental para generar ciudadanos libres y cinco minutos después se despacha igualando un alto estándar educativo con el egoísmo electoral y la alienación.

Pero lo que Alberto Fernández intenta esconder proponiéndose como líder porteño del antiporteñismo es que el Gobierno no sólo ha perdido en la Capital sino en todos los distritos económicamente avanzados, incluidos la segunda y la tercera ciudades del país, Rosario y Córdoba, y hasta en muchos centros pequeños y medianos ligados a una agricultura altamente tecnologizada, competitiva como pocos sectores del país. Sus habitantes, y no sólo los porteños, no han elegido opciones electorales distintas a la propuesta por el Gobierno porque quieran ser una isla, sino todo lo contrario. Han votado así porque no desean seguir siendo islas de prosperidad y bienestar en un país devastado por veinticuatro años de populismos corporativos que lo han hecho aún más pobre y socialmente injusto que el que la mismísima dictadura dejó. Y han votado también para que su modo de producción, el de la globalizada sociedad del conocimiento y la información, basado en el trabajo mental de calidad, esté al alcance de todos sus compatriotas y se transforme en el paradigma productivo argentino, en lugar de seguir siendo la excepción.

Como diputado electo por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quisiera agregar: los porteños no hemos votado por King-Kong sino para que haya un verdadero federalismo en el que las provincias ganen en bienestar y autonomía, en vez de seguir dependiendo de la gran caja armada por el gobierno nacional. Y hemos votado también para que el modelo industrial-jurásico que predomina en el conurbano, basado en un trabajo de escaso valor agregado cuyas consecuencias inevitables son la baja productividad, el trabajo en negro, los salarios de hambre, la inexistencia de derechos sociales, el clientelismo, la inseguridad y el paco, no se extienda al resto del país, condenando a nuestros conciudadanos pobres a sobrevivir eternamente en la miserable jaula que el clientelismo político y el capitalismo de amigos económico les han construido. Más importante aún, contra todo esto ha votado también buena parte de la Provincia de Buenos Aires, en donde la Coalición Cívica ha obtenido su resultado electoral más brillante: 26% de los votos (que serían más del 30% en elecciones normales), victoria de la fórmula Carrió-Giustiniani en todas sus grandes ciudades (La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca) y varios intendentes electos en el resto de la Provincia contra los aparatos, las colectoras y la ley de lemas encubierta. Todo ello, a pesar de las condiciones en que se desarrollaron los comicios, inaceptables en cualquiera de los países que la candidata oficialista visitó en sus giras por el exterior.

Sostener que el voto no-K es el voto de King-Kong implica suponer que el pejotismo anteayer menemista, ayer duhaldista, hoy kirchnerista y mañana quién-sabe es un liberador de los pobres del país. ¿Lo es? Cualquier respuesta honesta a esta pregunta no puede soslayar que diferentes variantes del pejotismo gobiernan desde hace veinte años los distritos del conurbano en el que Cristina Kirchner ha fundado su éxito electoral y que el Pejota ha gobernado el país dieciséis de los últimos dieciocho años y sus provincias más pobres ininterrumpidamente desde hace décadas. En todo caso, la barrera que este domingo 28 ha dividido el voto a favor y en contra del proyecto kirchnerista no separa a cultos de incultos, a peronistas de gorilas, a porteños de provincianos, a ricos de pobres, a las alpargatas de los libros ni a la civilización de la barbarie. Separa un proyecto de Argentina ombliguista, jurásico-industrialista, hegemónica y patriotera, que fracasó dramáticamente en el siglo XX, de la Argentina moderna, pluralista, cosmopolita, postindustrial, republicana e inteligentemente abierta al mundo que está naciendo en los albores del nuevo milenio, y que ha votado casi unánimemente por candidatos de la oposición. No estaría mal que en lugar de menospreciar a quienes siguen sin votar los candidatos que propone el doctor Fernández tomara nota de que el siglo XXI ya empezó.